© ®

Todos los textos son propiedad de sus autores, quienes tienen todos los derechos sobre ellos (¿o será al revés?) y han decidido libremente publicarlos aquí para la difusión pública sin fines de lucro. *Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones



miércoles, 7 de julio de 2021

SEGUNDA PARTE DEL ANÁLISIS DEL ESPECIALISTA GARCÍA MOTA (C-O-N-T-I-N-U-A-R-Á)

EL RÉGIMEN PORFIRISTA

 

El Presidente Porfirio Díaz ejerció el poder presidencial durante más de 30 años de 1876 a 1911 teniendo el monopolio del poder y el monopolio de las fuerzas productivas, y lo hizo como un dictador sobre una sociedad brutalmente desigual, con millones de peones acasillados en condición de esclavos, sociedad cerrada dominada por una elite y una oligarquía que suprimió la libertad y la democracia. Mantuvo un régimen dependiente del capitalismo con una profunda desigualdad, una inmensa pobreza, con represión, con un autoritarismo y con profunda protección a la aristocracia la que sea asumía como una clase ilustrada de alta alcurnia soñándose ser francesa.

 

A lo largo de todo el periodo porfirista por más de tres décadas, se consolidó el capitalismo a la sombra del naciente imperialismo norteamericano que desplazo a los viejos colonialismos. El régimen porfirista se asentó con el monopolio de las fuerzas productivas, esencial y fundamentalmente la tierra, y sobre este monopolio, monto su modelo económico agrario-exportador, en alianza con el capital exterior, su principal inversor, los norteamericanos. Estos factores fueron los pilares del crecimiento y el desarrollo dependiente del Porfiriato.

 

La agricultura fue el motor de la acumulación capitalista; pilar del crecimiento y desarrollo de la economía nacional; y fue la agricultura la que hizo posible la majestuosa modernización del Porfirismo; porque fue la principal fuente de empleo para los millones de mexicanos en condición de “peón acasillado”; y fue, la agricultura, el principal sector productivo generador de riqueza, por las altas divisas, que dejaba las exportaciones. El Porfirismo montó su “modelo económico agro-exportador” sobre la herencia colonial desde el siglo XVI y a lo largo de 300 años, el monopolio de la tierra, como encomiendas, latifundios y haciendas. El porfirismo facilitó y propicio la acumulación de tierras en las manos de unos cuantos.  En 1876 había 5700 Haciendas, en poder de  unos cuantos hacendados que mantuvieron el monopolio de estas fuerzas productivas, la tierra; miles de pueblos viviendo en las haciendas, conjuntamente con los millones de peones acasillados, en condición de esclavos, generando riqueza. En 1910 el Estado Porfirista concentró todo el poder monopólico de estas fuerzas productivas en alianza con unos poderosos hacendados y sus aliados los inversionistas extranjeros norteamericanos. La sociedad porfirista se empeñó en consolidar el capitalismo profundamente polarizado, y una brutal desigualdad y pobreza.

 

En 1910 las Haciendas abarcaban el 81% de todas las comunidades habitadas de México. Especialmente en el norte y en el extremo sur, las haciendas absorbían del 85% al 95% de los pueblos. En los estados del centro de la República, en cambio, había una preponderancia mucho más marcada de los pueblos indios: en Hidalgo, el 20.7% vivía en hacienda; en Morelos, el 23.7%; en México, el 16.8%; en Oaxaca, el 14.5%; en Puebla, el 20.1%; en Tlaxcala, el 32.2%; en Veracruz 34.2%.

 

El modelo económico agro-exportador, no liberó la mano de obra de los millones de campesinos atados al peonaje; precipitando el fracaso en la producción de alimentos para el mercado interno frente al crecimiento de la población; ese modelo económico con su rigidez, se quedó atrasado frente a los cambios tecnológicos y los cambios en las agriculturas; mantuvo la misma producción de trigo, cebada, frijol y chile a lo largo de tres décadas, una crítica realidad económica que condujo al encarecimiento y  productos como el maíz, y se tuvo que importar, el Porfirismo quedó como un régimen capitalista dependiente del capital exterior y de la importación de alimentos y dependiente de Norteamérica.  

 

La Modernidad Porfirista llego con la fuerte entrada del capitalismo y el progreso se reflejó en una industria incipiente, a la que los inversionistas norteamericanos empujaron hacia el sector exportador: algodón, azúcar, café, tabaco, henequén y ganado bovino. Porfirio Díaz ofreció todas las facilidades, concesiones a los inversionistas, tanto en la agricultura, como en la creación de infraestructura, comunicaciones, transportes, ferrocarriles, carreteras, comercio, puertos y servicio de comercio. No había ninguna duda, el capital extranjero dominaba, de manera absoluta, la minería, la explotación petrolera, la banca y los ferrocarriles.

 

La fuerza del capitalismo entró al país para Modernizar al Porfirismo, una modernidad excluyente para millones de mexicanos, los pobres del campo, los peones acasillados y los miles de trabajadores mineros explotados. El 80 por ciento de la población total de 13 millones vivía en la miseria. El modelo económico porfirista entró al sistema capitalista y todas las ramas de producción se sujetaron a las necesidades del mercado exterior. La dependencia de México al capital extranjero fue total. México se presentaba como una sociedad excelente, porque con Porfirio Díaz el país creció, se desarrolló la industria, la minería, la agricultura y se impulsó la construcción de vías férreas; este crecimiento y modernización no fue sinónimo de desarrollo social. El régimen porfirista se amparó bajo los lemas “orden y progreso y poca política y mucha administración”. El Régimen Porfirista fue un capitalismo dependiente y sometido al capitalismo mundial del periodo Imperialista.

 

En 1910 estalló la Revolución, destruyo al Régimen Porfirista; sin pretender acabar con el capitalismo y colocó en el centro del escenario nacional la trascendencia de la pobreza y la desigualdad social para el presente y el futuro de México.

 

EL RÉGIMEN QUE SURGIÓ CON

LA REVOLUCIÓN MEXICANA

 

LOS RASGOS GENERALES DEL PANORAMA DE MÉXICO DE 1910-1990

El capitalismo mexicano se recompone y se fortalecen sus bases materiales dando nacimiento a una sociedad moderna, la que tardara en dar la batalla por la democracia y el surgimiento de actores sociales que no existían, el ejidatario, con la liberación de los millones de “peones acasillados” y  la liberación de campesinos hacia las nacientes ciudades y la formación de las clases medias y la lucha de clases de ferrocarrileros a mediados del siglo XXI en los 50 y el surgimiento de las luchas feministas de los 60 y que darán cuerpo a la batalla de género en el siglo XXI.

 

El México de la posrevolución mexicana desató una estela de procesos, factores y tendencias que hicieron posible el transitó de gobiernos militares a gobiernos civiles. El Estado Mexicano se moderniza como un Estado Corporativo, en donde la masa de cambios fortalece la recomposición del poder, las bases de su sustento y las fuentes de legitimidad. En conjunto, los cambios dan cuerpo a la génesis de la formación del nuevo poder oligárquico conformado por la burguesía, los banqueros, los grandes agricultores y ganaderos, los grandes comerciantes, financieros, la mafia de los modernizadores urbanistas y la elite política, sobresale los aliados de Miguel Alemán Valdez (1946-1952) un líder de derecha que prolongó su poder por varias décadas. Todos los procesos propician el nacimiento de los poderes fácticos que adquieren autonomía, acotan y asedian a la democracia imponiendo el rumbo y el tipo de desarrollo. Los poderes fácticos serán el piso del capitalismo monopolista de estado hasta la llegada del Modelo Neoliberal (1980-2018), y esta elite política y empresarial encarna la poderosa mafia de la corrupción dando curso al paraíso de la impunidad y la prepotencia en una gobernabilidad democrática a modo, que los hace intocables, con la persistencia de la simulación democrática. 

 

A lo largo de este periodo la recomposición del poder se legitima y se legaliza con la estela de cambios que configuran a la Modernidad y a la Modernización como el paradigma emblemático de estos sexenios: México transita del Modelo económico primario exportador (1850 a 1930) al Modelo de la sustitución de exportaciones (1930-1980). La transición se da del Capitalismo de Estado al Capitalismo Monopolista de Estado y de este al arribo del Modelo Neoliberal (1980-2018).

 

La Revolución Mexicana destruyo al Régimen Político del dictador Porfirio Díaz que durante más de 30 años ejerció el poder presidencial absoluto.

 

El Régimen paradigmático que broto con la Revolución Mexicana liquido las bases materiales que sostuvieron al régimen porfirista; y fue el GRAL. LÁZARO CÁRDENAS DEL RIO (1934-1940) el que dio paso a la gran transformación nacional con el horizonte de la soberanía nacional y con la nueva arquitectura institucional del México moderno con una firme estabilidad social y política asentada en el crecimiento y desarrollo que generaron las nacionalizaciones al propiciar enormes recursos financieros. Una Modernización incluyente al colocar en el centro del escenario nacional la pobreza y la desigualdad social.

 

La Revolución levantó al Nuevo Régimen con el Nuevo Orden Jurídico sustentado en la Constitución de 1917 y fue el Presidente Gral. Lázaro Cárdenas del Rio (1934-1940) quien destruyó las bases materiales que sostuvieron al viejo régimen de Porfirio Díaz, con la revolución agraria y con esta acción radical la Revolución Mexicana alcanzó su verdadera presencia y dimensión histórica al transformar la estructura económica de la gran propiedad territorial el asiento del poder oligárquico asociado a los poderes facticos: de la poderosa Iglesia y del ejército y a la insipiente burguesía nacional aliada al neocolonialismo.

 

La transformación de la gran propiedad dio paso a la liberación de las fuerzas productivas y la liberación de millones de campesinos en la condición de esclavos como “peones encasillados”, con la Reforma Agraria que repartió más de 20 millones de hectáreas a más de un millón de campesinos, con el propósito central de poder superar la pobreza y lograr el bienestar en la población rural; un hecho que propicio el crecimiento y el desarrollo interno del país. Así el Presidente Cárdenas dio un paso fundamental a favor de la Soberanía Nacional con la nacionalización de las fuerzas productivas: la poderosa transformación de la reforma agraria, la energía, la electricidad, los ferrocarriles, las comunicaciones y nacionalización del petróleo. En el campo mexicano surgió la propiedad social, la “nueva realidad del campo mexicano fue el sujeto social, el ejidatario”  superando condición de sometimiento y dependencia  a los señores de la tierra en la condición de “peón acasillado” viviendo en las grandes haciendas y los latifundios de los españoles, una realidad del “mundo rural” que se prolongó por 300 años del S.XVI hasta principios del S.XX, que la Revolución Mexicana liquidó; y hoy en el S.XXI, del año 2021, hay 105.9 millones de hectáreas donde existen 32 mil ejidos, un espacio que conforma al “campo mexicano” y lo habitan 28 millones de mexicanos.

 

El proyecto Cardenista fue la vía nacional al socialismo desde el poder, con la estrategia de grandes transformaciones nacionalistas, privatizaciones y estatizaciones, las que hicieron posible el monopolio del poder y el monopolio de las fuerzas productivas y sobre este monopolio, el auge del capitalismo de estado en manos del Estado. Las nacionalizaciones lograron con amplio apoyo social: el movimiento campesino y el movimiento obrero, que pronto se transformó en el corporativismo que jugo su mejor carta, las causas sociales y nacionales y que los siguientes sexenios corrompieron y utilizaron a sus líderes para beneficio de la elite política y de la pujante oligarquía financiera, industrial y comercial.

 

El cardenismo con la liberación de las fuerzas productivas, tierra, petróleo, ferrocarriles, entre otros sectores económicos, altamente productivos, generaron una inmensa masa de recursos financieros con los que se financio el crecimiento y el desarrollo del país a lo largo de todos los subsiguientes sexenios que hizo posible la modernización de México.

 

Entre 1900 y 2010 se disparó la demografía, la población urbana del país se multiplicó 55 veces al pasar de 1.4 a 79 millones de habitantes; y el proceso de industrialización aceleró su paso, favoreciendo la migración del campo a la ciudad, la urbanización se abrió paso, lo que conllevó al crecimiento de las urbes, particularmente, el de la ciudad de México. En las décadas de 1940 y 1950, la modernidad se experimentó como un cambio, generalmente identificado con una mejoría material. La situación en el campo distaba considerablemente del ideal citadino, debido a la carencia de servicios básicos como electricidad, agua potable y centros de salud. En 1950, el 57% de los mexicanos vivía en zonas rurales; y el 61,8% del total de la población padecía de desnutrición. Las reformas de Cárdenas generaron mayor movilidad social  fueron el piso del crecimiento económico y del desarrollo del estado benefactor. El México moderno se vinculó con los espacios urbanos y una cultura de clase media que reprodujo sus valores e ideales a través de los medios de comunicación masiva y del desarrollo de una cultura del consumo.

 

El campo mexicano que el cardenismo creo,  financio el desarrollo urbano con la abundancia de alimentos baratos, una transferencia de plusvalía y los pueblos indígenas y campesinos pudieron encontrar mejores opciones alimenticias para abandonar la desnutrición; y con estas bases materiales del cardenismo, la clase política, la ascendente burguesía nacional y la pujante oligarquía se dieron a la corrupción y a la tarea de amasar riquezas.

 

El intervencionismo estatal cardenista se consagro en este periodo como el principal actor de los ejes del crecimiento y del desarrollo nacional sentando las bases materiales de la Modernidad incluyente en México. Los Presidentes subsiguientes contaron con la enorme riqueza petrolera para los Presupuestos sexenales, se disparó el crecimiento de las empresas paraestatales y descentralizadas que en 1980 habían llegado a más de 1500 y la naciente elite política y la oligarquía vieron en la masa de recursos financieros su futuro, la mafia de la corrupción había nacido no sexenal sino estructural (1940-1970). La entrada del modelo neoliberal (1980-2018) desmanteló todo el aparato productivo y arrojó a la calle a más de dos millones de trabajadores en su inicio.

 

 El Presidente Gral. Lázaro Cárdenas del Rio (1934-1940) concluyó el sexenio, dejando un legado perdurable hasta el presente. Los profundos cambios en Política Internacional y Política Interna realizados por Cárdenas propiciaron, como reacción hacia el fin de su sexenio y ya en la disputa de la sucesión presidencial de 1940,  el viraje a la derecha impulsado por el poderoso Grupo Monterrey y la burguesía en general, que aterrados por las nacionalizaciones y la reforma agraria, conformaron una poderosa fuerza política para llevar a la presidencia a Manuel Ávila Camacho (1940-46) representando el quiebre histórico frente al legado de la Revolución Mexicana. Manuel Ávila Camacho y todos los sexenios que prosiguieron acentuaron la contrarreforma encabezada por la derecha, usaron todas las fuerzas productivas nacionalizadas, como una poderosa palanca de acumulación capitalista aprovecharon el monopolio de las fuerzas productivas, que configuraron el Capitalismo de Estado para dar paso al Capitalismo Monopolista de Estado que disparo al Sector Publico con las empresas estatales y descentralizadas sobre la economía nacional. Ávila Camacho, ya encarrilado en la contrarreforma, instauró un paquete de reformas que Washington “sugirió” en el contexto de la declaración de guerra contra el eje Alemania, Italia y Japón, y decretó la suspensión de las garantías individuales, promovió reformas legislativas que dotaron al Estado de poder para reorientar el rumbo económico y contener la protesta social. Dio un severo golpe a millones de ejidatarios beneficiados con la Reforma Agraria Cardenista, al privilegiar a los pequeños, medianos y grandes propietarios agrícolas en los distritos de riego. A los obreros, les impuso límites al derecho de huelga, incluyéndose la calificación de “existente” e “inexistente” (uso que todavía en el 2010 se aplicó al SME, entre otros conflictos laborales).

 

Washington vio con simpatías este viraje a la derecha y apoyó los cambios. Este movimiento es trascendente ya que gestó una mayor concentración del poder y sentó las bases de un monopolio de la ascendente oligarquía a lo largo de más de dos décadas, de 1945 a 1970.

 

En este largo periodo de treinta años 1940-1970 México entró de lleno al progreso de la Modernidad y de las modernizaciones que se abrieron paso al costo que fuera. México transita de un país premoderno a un país moderno; de un país rural a un país urbano; de un país agrícola hacia un país industrial. De una sociedad tradicional a una sociedad moderna. La masa de cambios que desata la Modernidad capitalista crea el piso socioeconómico de las nuevas tendencias sociales y demográficas, la población crece y se expande. México se reconoce formalmente como un país con democracia liberal; este hecho dio sustento a la hegemonía del poderoso partido de Estado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y durante 8 décadas gobernará como un Estado Autoritario, simulando un Estado de Derecho y con plena democracia.

 

Las tendencias demográficas hicieron evidente esta masa de cambios. México paso de 16.6 millones en 1930 a 25.8 millones en 1950, y de 34.9 millones en 1960 a 48.2 millones en 1970. Los registros más específicos son elocuentes. Entre 1940 y 1970 la población pasó de 20 millones a 48; y entre 1940 y 1960, México pasó de una población total de 19.6 millones a 35 millones y el 50 por ciento se ubicó en los centros urbanos (México, Guadalajara, Monterrey y León, principalmente). Las clases medias se duplicaron en este periodo y su auge es impactante por el progreso social, el empleo, la urbanización y por el impulso a la educación que fortaleció su crecimiento hacia las nuevas profesiones; estos hechos disparan las demandas educativas, presupuesto educativo, becas, mantenimiento de los internados; la industrialización fortaleció el ascenso y formación de la clase obrera la que amplía su base social y su capacidad organizativa.

 

El capitalismo de la posguerra configuró su gran ola expansiva entre 1945 y 1970. Durante veinticinco años estas tendencias crearon el nuevo capitalismo mundial con  “los milagros económicos” que fueron el sustento material de la Revolución planetaria del 68 con sus revueltas que se dieron en todo el mundo; en México se le llamó desarrollo estabilizador al “milagro mexicano” tuvo vigencia durante 15 años, de la devaluación de 1954 a su estallamiento en 1968 y su ciclo concluyo en 1970, con un crecimiento promedio de 6.8% y con una industria que alcanzó un crecimiento de 8%, con una inflación de 2.5 por ciento.

 

De 1940 y hasta 1970 el Estado Autoritario hace gala del capitalismo y de su modernidad con el crecimiento y desarrollo que mostraba el milagro mexicano: una profunda desigualdad social, una polarización social, una sociedad cerrada, sin libertad y sin democracia. La revolución planetaria del 68 hizo trizas todos los milagros económicos; y el mexicano estallo en las manos del genocida Gustavo Díaz Ordaz, revelando la simulación democrática y la profunda criminalización de toda disidencia social. El 68 fue el principal detonante de la Democracia en México.

 

Imposible ocultar o minimizar la sensibilidad e inteligencia política del Gral. Lázaro Cárdenas del Río como un gran estadista al dar pasó a la democrática con la sucesión presidencial; mostrando con esta decisión su visión estratégica para evitar caer en una dictadura, como la de Porfirio Díaz y la de Victoriano Huerta, contra las que él había combatido, bajo el supuesto de preservar y continuar los enormes logros de su sexenio. Su decisión fortaleció la democracia incipiente, que los siguientes sexenios destruyeron sistemáticamente.

 

EL GRAL. LÁZARO CÁRDENAS DEL RÍO mostró en los hechos al mundo y a México, que no habría una vía al socialismo si ésta no era democrática.

 

Las puras acciones estatizadoras desde el poder solo prefigurarían el arribo a la dictadura y la consolidación del capitalismo de Estado. La elite política, la oligarquía financiera, industrial y comercial con esas bases materiales del capitalismo de estado hizo posible el Capitalismo Monopolista de Estado, dando nacimiento a la poderosa burguesía nacional; que entró en una profunda recomposición capitalista y política con la llegada del neoliberalismo de la globalización económica.

 

El país a lo largo de 80 años (78) y 13 sexenios desde Ávila Camacho, hasta Enrique Peña Nieto  (2012-2018)  entró abierta y francamente hacia una profunda derechización al pasar, sin excepción, de la sumisión a Washington en todo el periodo de la Guerra Fría (1940-1990) de siete sexenios que configuraron al Estado Autoritario y el intervencionismo económico ratificando el peso del Estado Monopolista de Estado; y luego seis sexenios se sometieron al Consenso de Washington (1980-2018) sometiendo al país al Modelo Económico Neoliberal, propiciando una profunda recomposición capitalista y política. En Total 13 sexenios realizaron el despojo de la voluntad soberana del pueblo de mexicano con la simulación democrática.

 

El Gral. Lázaro Cárdenas del Río documento esta transformación, en un texto histórico que preparó para leerlo el 20 de noviembre de 1970 en el Aniversario de la Revolución; no lo leyó porque falleció el mes anterior, el 19 de octubre. En ese documento realizó una profunda crítica a los sexenios que le prosiguieron, poniendo en claro la contrarrevolución y la derechización reinante; patentizando que solo se podría recuperar el horizonte de la Revolución Mexicana, apelando a la soberanía que reside en el pueblo de México levantando un poderoso movimiento político democrático triunfante para dar paso a una profunda transformación de la Nación.

 

El Régimen que surgió con la Revolución Mexicana y que El Gral. Lázaro Cárdenas del Río materializo con las profundas reformas y con esos cambios pretendió ser la vía al socialismo. Todas las reformas cardenistas prefiguraron un Régimen Anticapitalista; pero la correlación de fuerzas políticas nacionales y su expresión internacional empujaron hacia un capitalismo pujante que la derecha nacional encabezó, porque las fuerzas de izquierda no alcanzaron, ni la estatura, ni la fuerza ni la altura política para influir en ese horizonte. El legado del Gral. Cárdenas ha sido perdurable, pese a las múltiples resistencias derechistas.      

ENTRADA DEL MODELO NEOLIBERAL

1980-2018

EL CAPITALISMO SALVAJE

POSTMODERNO

 

En el horizonte de la 4T se reconoce que en México se generaron dos poderosas fuerzas destructivas del país: El Modelo Neoliberal y el Crimen Organizado.

 

EL CRIMEN ORGANIZADO

LA FUERZA DESTRUCTIVA

 

El periodo entre 1940 a 1990 se dio un ACUERDO no escrito entre el Gobierno y el Narco; las mafias operaron bajo las reglas establecidas a lo largo de todo el periodo del Presidencialismo Autoritario. México pasó de un país de tránsito de la droga hacia E. U., a uno de gran transformación en el manejo de la droga, dejando atrás las prácticas artesanales, impulsando una producción, consumo y organización masiva para dar respuesta al consumo que se disparó en toda la sociedad norteamericana con la derrota en Vietnam en 1975, la que provocó que más de un millón de marines consumidores de droga, al regreso a casa demandaran más y más droga; el fracaso de las subsiguientes guerras localizadas en Medio Oriente, Afganistán e Irak elevaron el consumo a niveles exponenciales.  El mercado de la droga se expandió hasta la irrupción violenta como crimen organizado del 2000 en adelante. Bajo el largo periodo de la Guerra Fría Caliente y de las dictaduras de 1945 a 1990, América Latina entró de lleno al mercado de las drogas. Los narcotraficantes encontraron en las dictaduras y en los gobiernos autoritarios sus aliados naturales pues todos los dictadores del continente se hicieron cargo del mercado de la droga, de su producción y distribución, abrieron la puerta del  Estado al narco. Así nació la nueva realidad contemporánea de los carteles de la droga y con éstos el crimen organizado de nuestros días. Apuntemos las señales de este nueva realidad en donde se ubica el núcleo de la destrucción del México Contemporáneo por las dos poderosas fuerzas destructivas: Una, la Geopolítica de la Globalización Económica, y la otra, los poderosos carteles mexicanos de la droga a nivel mundial manteniendo la disputa del mercado de la droga, su bolsa billonaria, desatando la guerra del mercado con sus ramificaciones en el crimen organizado.

 

En México, el ascenso del narco se dio porque a lo largo de medio siglo (1940-1990), el periodo del Presidencialismo Autoritario, se mantuvo el ACUERDO no escrito entre el Gobierno y el narco y por la confluencia de los factores que le dieron auge, la caída de los poderosos carteles colombianos de Cali y Medellín en 1990 y 1995, cuyo cese de operaciones dejaron un vació el que propicio una recomposición de las diversas organizaciones del narco, la demanda exponencial de la droga a nivel mundial y específicamente en Norteamérica y la reorganización y modernización del mercado de la droga, factores que propiciaron que se disparara la reorganización de los narcos mexicanos hasta lograr su actual constitución. Los Carteles Mexicanos hoy son hegemónicos en el plano internacional: (1)Cártel de los Beltrán Leyva, (2)Los Caballeros Templarios, (3)Cártel de La Familia Michoacana (4)Cártel del Golfo, (5)Cártel de Juárez, (6)Los Negros, (7)Cártel de Sinaloa, (8)Cartel de Tijuana, (9)Los Zetas y (10)Cartel de Jalisco; y que con sus múltiples fusiones y divisiones los han multiplicado, y se han abierto paso de manera poderosa y violenta en los últimos veinte años, entre 1990 a 2012 dominando la casi totalidad del mercado de drogas en Estados Unidos.

 

El reporte del Centro Nacional de Inteligencia sobre Drogas del Departamento de Justicia (DOJ) muestra el avance de los cárteles mexicanos, que operan en EU: 1) Cártel de Sinaloa: cocaína, heroína, mariguana, cristal-éxtasis y metanfetaminas; zonas: Florida/Caribe, Grandes Lagos, Atlántico Medio, Nueva Inglaterra, Nueva York/Nueva Jersey, Pacífico, Sureste, Suroeste y Medio Oeste. 2) Los Zetas: cocaína y mariguana; zonas: Florida/Caribe, Grandes Lagos, Sureste y Suroeste. 3) Cártel del Golfo: cocaína y mariguana; zonas: Florida/Caribe, Atlántico Medio, Nueva Inglaterra, Nueva York/Nueva Jersey, Sudeste, Sudoeste. 4) Cártel de Juárez: cocaína y mariguana; zonas: Grandes Lagos, Nueva York/Nueva Jersey, Pacífico, Sureste, Suroeste, Medio Oeste. 5) Organización de los Beltrán Leyva: cocaína, mariguana, heroína; zonas: Sureste y Suroeste. 6) La Familia Michoacana: cocaína, heroína, mariguana y metanfetaminas; zonas: Sureste, Suroeste, y 7) Cártel de Tijuana: cocaína, heroína, metanfetaminas, mariguana; zonas: Grandes Lagos, Pacífico, Suroeste.

 

FENTANILO

LA DROGA PARADIGMÁTICA

 

En todo este periodo se ha producido una profunda transformación de la producción de la droga, de la organización de los Carteles y de los mercados y ahora en el Siglo XXI de los año 2020 y 2021 estamos ante una profunda recomposición, de la producción de la droga, de los mercados y de la organización del crimen organizado; porque el fentanilo es la droga perfecta para los traficantes mexicanos y ha propiciado una profunda recomposición en todos los Carteles que dan cuerpo al crimen organizado. El crimen organizado ha vivido múltiples facturas y si bien están presenten los poderosos Carteles, hoy hay el surgimiento de pequeños grupos del crimen organizado que han encontrado un negocio de enormes réditos, lo que ha desatado otro tipo de guerra total entre estos nuevos actores que están disputando la producción y venta del Fentanilo, los narcotraficantes mexicanos comprendieron la magnitud de la oportunidad comercial y comenzaron a importar fentanilo y los precursores químicos para fabricarlo por sí mismos, esa píldora celeste fentanilo. Cuesta $32.000 producir un kilogramo de fentanilo pueden usarse para fabricar un millón de píldoras, con un valor de $20 millones. La droga sintética es la principal culpable de la epidemia de opiáceos en Estados Unidos; y esa epidemia de opioides, opio, mariguana, cocaína, heroína en Estados Unidos entro en una nueva fase. Los sintéticos hicieron colapsar todo. Ninguna otra droga en la historia moderna ha matado a más personas en un año, 100 mil en un año en EU; el fentanilo es 50 veces más fuerte que la heroína; razón por la cual el fentanilo es el nuevo gran asesino. Esta realidad del crimen organizado arrojando cadáveres por todo el país, tiene de fondo esta profunda recomposición de la droga, del mercado y de la organización del crimen organizado, que encarna una poderosa fuerza destructiva del país.

 

EL MODELO NEOLIBERAL

SU FUERZA DESTRUCTIVA

 

Con el Presidente Miguel De la Madrid Hurtado se iniciaron las seis ediciones neoliberales de 1982 a 2018. Carlos Salinas de Gortari 1988-94 Ernesto Zedillo Ponce de León 1994-2000, Vicente Fox Quezada 2000-2006, Felipe Calderón Hinojosa 2006-2012, Enrique Peña Nieto 2012-2018,  pasaron, sin excepción, de la sumisión a Washington en todo el periodo de la Guerra Fría (1940-1990) a la sumisión al Consenso de Washington (1990-2018), esto significó la entrada plena del posnacionalismo al instaurar el neoliberalismo como modelo de desarrollo inserto plenamente en los procesos de integración que la Globalización desataba; en este paquete entró el tipo de régimen político y económico, el modelo de desarrollo, el tipo de democracia y las exigencias claras y contundentes para liquidar al Estado Nacional y su papel intervencionista en la economía; el posnacionalismo focalizó la liquidación del Estado en el desmantelamiento de todo el aparato productivo nacional, agricultura, industria, bancos, liquidación del sector público y de las empresas descentralizadas y de participación estatal, se malbarataron todos los activos de la Nación, se privatizaron todas las fuerzas productivas, incluido PEMEX que se liquidó con el famoso “Pacto por México” que firmaron todos los dirigentes políticos de los principales partidos, incluido el PRD, que se decía de izquierda. El neoliberalismo  consideró una exigencia la disminución del Estado, “obeso” a un Estado “mínimo” y que debería estar al margen de la nueva dinámica de la economía: el mercado. El Estado y el Ejecutivo en turno, se asumieron como gerentes de las trasnacionales. Todo el poder asentado en este Estado autoritario corporativista tendría que ser liquidado con la cascada de reformas, de la primera generación, la segunda y las sucesivas y en donde las nuevas sociedades emergentes tendrían un papel central en la ola democrática por la cascada de cambios que estas reformas desencadenarían para hacer posible la transición del Estado Autoritario, la dictadura, las juntas militares, el Estado Nacionalista intervencionista en la economía, al Estado Neoliberal de la Globalización Económica de nuestros días que hace visible la realidad contemporánea poscomunista; dejando claro que la democracia jugaría su papel paradigmático y no pondría en riesgo al nuevo modelo económico, ni a los poderes fácticos, ni a las mafias, ni a la oligarquía, porque sería solo una simulación democrática.

 

En todo este periodo de 36 años se liquidaron las bases fundacionales del Estado Nación: El valor de la Revolución de Independencia, la guerra contra la expansión capitalista neocolonial del Imperialismo norteamericano 1847, y contra la Francia neocolonial, el valor fundacional del Estado Moderno de las Reformas de Juárez, el valor del Estado Moderno Constitucional con la Revolución Mexicana, y el valor de la Reforma Agraria, liquidación del viejo régimen y el valor de la Nacionalización del petróleo, entro otros hechos fundacionales de la Soberanía del Estado Nación; y todo esto, para dar paso al posnacionalismo. Periodo en que se da la transición del Estado Autoritario al Estado de la simulación democrática. El PRI instrumento de la Guerra Fría, se transfiguró en un PRI Autoritario que dio vigencia a la simulación democrática; y dio el soporte fundamental para las diversas ediciones del proyecto neoliberal. En este periodo el Poder se consolida en manos de la oligarquía y del ascenso de las mafias amasando riqueza. Al final de este periodo el posnacionalismo adquiere plena vigencia porque éste representó el fin del Estado Nación y de la democracia soberana, para reducirse a una simulación y a un mero procedimiento administrativo al desatar todos los procesos de integración.

 

Se abrió paso la Nueva Geopolítica Dominante con los bloques Económicos y con el ascenso del Neoliberalismo, la Globalización, los tigres asiáticos,  la reconfiguración de la Unión Europea, la Cuenca del Pacífico, el MERCOSUR, el CELAC, el TLCAN y BRICS; el conjunto de estos procesos patentizaron la vigencia de la Globalización y del neoliberalismo el que consideró obsoleto al Estado Nación erosionando sus bases fundacionales, anulando el fundamento esencial de la democracia la capacidad soberana de los pueblos para decidir su rumbo histórico. El rumbo es posnacional, la decisión está fuera del Estado, se impone a los pueblos un esquema de exigencias que deben seguir.

 

A lo largo de 80 años (78) y 13 sexenios desde Ávila Camacho, hasta Enrique Peña Nieto  (2012-2018) México vivió una abierta y franca simulación del Estado de derecho, de la simulación de la democracia y una simulación de división de poderes; porque el PRESIDENCIALISMO AUTORITARIO sometió al poder legislativo y al poder judicial. El Presidente en turno concentro el poder absoluto y todos estos presidentes se movieron en la Órbita de la Geopolítica Hegemónica de Washington. 

 

  

domingo, 20 de junio de 2021

Artículo del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, publicado por primera vez en la revista digital Ethic, y que forma parte del libro publicado por la Editorial Herder, titulado "La sociedad Paliativa"



Por: Byung-Chul Han



En la época posindustrial y posheroica el cuerpo no es avanzadilla ni medio de producción. A diferencia del cuerpo disciplinado, el cuerpo hedonista, que se gusta y se disfruta a sí mismo sin orientarse de ninguna manera a un fin superior, desarrolla una postura de rechazo hacia el dolor. Le parece que el dolor carece por completo de sentido y de utilidad.

El actual sujeto del rendimiento se diferencia radicalmente del sujeto disciplinario. Tampoco es un «trabajador» en el sentido de Jünger. En la sociedad neoliberal del rendimiento las negatividades, tales como las obligaciones, las prohibiciones o los castigos, dejan paso a positividades tales como la motivación, la autooptimización o la autorrealización. Los espacios disciplinarios son sustituidos por zonas de bienestar. El dolor pierde toda referencia al poder y al dominio. Se despolitiza y pasa a convertirse en un asunto médico.

La nueva fórmula de dominación es «sé feliz». La positividad de la felicidad desbanca a la negatividad del dolor. Como capital emocional positivo, la felicidad debe proporcionar una ininterrumpida capacidad de rendimiento. La automotivación y la autooptimización hacen que el dispositivo neoliberal de felicidad sea muy eficaz, pues el poder se las arregla entonces muy bien sin necesidad de hacer demasiado. El sometido ni siquiera es consciente de su sometimiento. Se figura que es muy libre. Sin necesidad de que lo obliguen desde afuera, se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que se está realizando. La libertad no se reprime, sino que se explota. El imperativo de ser feliz genera una presión que es más devastadora que el imperativo de ser obediente.

 En el régimen neoliberal también el poder asume una forma positiva. Se vuelve elegante. A diferencia del represivo poder disciplinario ,el poder elegante no duele. El poder se desvincula por completo del dolor. Se las arregla sin necesidad de ejercer ninguna represión. La sumisión se lleva a cabo como autooptimización y autorrealización. El poder elegante opera de forma seductora y permisiva. Como se hace pasar por libertad, es más invisible que el represivo poder disciplinario. También la vigilancia asume una forma elegante. Constantemente se nos incita a que comuniquemos nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestras preferencias, y a que contemos nuestra vida. La comunicación total acaba coincidiendo con la vigilancia total, el desnudamiento pornográfico acaba siendo lo mismo que la vigilancia panóptica. La libertad y la vigilancia se vuelven indiscernibles.

 El dispositivo neoliberal de felicidad nos distrae de la situación de dominio establecida obligándonos a una introspección anímica. Se encarga de que cada uno se ocupe solo de sí mismo, de su propia psicología, en lugar de cuestionar críticamente la situación social. El sufrimiento, del cual sería responsable la sociedad, se privatiza y se convierte en un asunto psicológico. Lo que hay que mejorar no son las situaciones sociales, sino los estados anímicos. La exigencia de optimizar el alma, que en realidad la obliga a ajustarse a las relaciones de poder establecidas, oculta las injusticias sociales. Así es como la psicología positiva consuma el final de la revolución.

 Los que salen al escenario ya no son los revolucionarios, sino unos entrenadores motivacionales que se encargan de que no aflore el descontento, y mucho menos el enojo: «En vísperas de la crisis económica mundial de los años veinte, con sus extremas contradicciones sociales, había muchos representantes de trabajadores y activistas radicales que denunciaban los excesos de los ricos y la miseria de los pobres. Frente a eso, en el siglo XXI una camada muy distinta y mucho más numerosa de ideólogos propagaba lo contrario: que en nuestra sociedad profundamente desigual todo estaría en orden y que a todo aquel que se esforzara le iría muchísimo mejor. Los motivadores y otros representantes del pensamiento positivo traían una buena nueva para las personas que, a causa de las permanentes convulsiones del mercado laboral, se hallaban al borde de la ruina económica: dad la bienvenida a todo cambio, por mucho que asuste, vedlo como una oportunidad».

 También la voluntad de combatir el dolor a toda costa hace olvidar que el dolor se transmite socialmente. El dolor refleja desajustes socioeconómicos de los que se resiente tanto la psique como el cuerpo. Los analgésicos, prescritos masivamente, ocultan las situaciones sociales causantes de dolores. Reducir el tratamiento del dolor exclusivamente a los ámbitos de la medicación y la farmacia impide que el dolor se haga lenguaje e incluso crítica. Con ello el dolor queda privado de su carácter de objeto, e incluso de su carácter social. La sociedad paliativa se inmuniza frente a la crítica insensibilizando mediante medicamentos o induciendo un embotamiento con ayuda de los medios. También los medios sociales y los juegos de ordenador actúan como anestésicos. La permanente anestesia social impide el conocimiento y la reflexión y reprime la verdad. En su Dialéctica negativa escribe Adorno: «La necesidad de prestar voz al sufrimiento es condición de toda verdad. Pues el sufrimiento es objetividad que pesa sobre el sujeto; lo que este experimenta como lo más subjetivo suyo, su expresión, está objetivamente mediado».

 El dispositivo de felicidad aísla a los hombres y conduce a una despolitización de la sociedad y a una pérdida de la solidaridad. Cada uno debe preocuparse por sí mismo de su propia felicidad. La felicidad pasa a ser un asunto privado. También el sufrimiento se interpreta como resultado del propio fracaso. Por eso, en lugar de revolución lo que hay es depresión. Mientras nos esforzamos en vano por curar la propia alma perdemos de vista las situaciones colectivas que causan los desajustes sociales. Cuando nos sentimos afligidos por la angustia y la inseguridad no responsabilizamos a la sociedad, sino a nosotros mismos. Pero el fermento de la revolución es el dolor sentido en común. El dispositivo neoliberal de felicidad lo ataja de raíz. La sociedad paliativa despolitiza el dolor sometiéndolo a tratamiento medicinal y privatizándolo. De este modo se reprime y se desbanca la dimensión social del dolor. Los dolores crónicos que podrían interpretarse como síntomas patológicos de la sociedad del cansancio no lanzan ninguna protesta. En la sociedad neoliberal del rendimiento el cansancio es apolítico en la medida en que representa un cansancio del yo. Es un síntoma del sujeto narcisista del rendimiento que se ha quedado desfondado. En lugar de hacer que las personas se asocien en un nosotros, las aísla. Hay que diferenciarlo de aquel cansancio colectivo que configura y cohesiona una comunidad. El cansancio del yo es la mejor profilaxis contra la revolución.

 El dispositivo neoliberal de felicidad cosifica la felicidad. La felicidad es más que la suma de sensaciones positivas que prometen un aumento del rendimiento. No está sujeta a la lógica de la optimización. Se caracteriza por no poder disponer de ella. Le es inherente una negatividad. La verdadera felicidad solo es posible en fragmentos. Es justamente el dolor lo que preserva a la felicidad de cosificarse. Y le otorga duración. El dolor trae la felicidad y la sostiene. Felicidad doliente no es un oxímoron. Toda intensidad es dolorosa. En la pasión se fusionan dolor y felicidad. La dicha profunda contiene un factor de sufrimiento. Según Nietzsche, dolor y felicidad son «dos hermanos, y gemelos, que crecen juntos o que […] juntos siguen siendo pequeños». Si se ataja el dolor, la felicidad se trivializa y se convierte en un confort apático. Quien no es receptivo para el dolor también se cierra a la felicidad profunda: «La abundancia de especies del sufrir cae como un remolino inacabable de nieve sobre un hombre así, al tiempo que sobre él se descargan los rayos más intensos del dolor. Solo con esta condición, estar siempre abierto al dolor, venga de donde venga y hasta lo más profundo, sabrá estar abierto a las especies más delicadas y sublimes de la felicidad».

  

FOTO PREMIADA DE GERARDO GONZÁLEZ


 

lunes, 31 de mayo de 2021

ESCRITURAS CITADINAS

 

Efrén Huerta Romo

Cecilia Kühne

30 de mayo de 2021

Economista

 

Le decían el Cocodrilo, pero su nombre completo y verdadero fue Efrén Huerta Romo. ( lo de “Efraín” fue un cambio de nombre sugerido por sus amigos poetas, “por ser más armónico y más digno de un escritor”). Nacido en Silao, Guanajuato, el 18 de junio pero de 1914; murió en la Ciudad de México en 1982.

 Hoy que ya es lunes hablar del ayer 30 de mayo, parece inútil. Todavía no acaba mayo pero el tiempo se nos terció hace tiempo. Estamos a la mitad del año aunque apenas sea mañana cuando se cumpla el plazo. Las cuentas no son claras y los asuntos muchos. Muy tarde abrimos el Diccionario de los políticos de Juan Rico y Amat para encontrarnos que bajo el rubro “Elecciones” dice: “el prólogo de una comedia; como tal no se respetan en él las reglas de acción, tiempo y lugar. Es la elección una batalla campal donde se vence, no por el número de los soldados sino por la estrategia de los generales.(...) Desde que se preparan hasta que se terminan, la intriga y el movimiento están a la orden del día. (...) es también el sepulcro de las ilusiones de unos y la cuna de las esperanzas de otros: ¡qué de proyectos han autorizado las elecciones! ¡Qué de desengaños han producido!”. Si seguimos hojeándolo resulta que critica las estructuras que llevan al engaño lo mismo a liberales que a conservadores, igual a los de derecha que a los de izquierda. A los políticos los califica de demagogos, retóricos, especialistas en el autoelogio y el drama teatral”. Y al llegar a la intención verdadera de su texto escribe: “¿No causan indignación y asco al mismo tiempo los viles medios de que se han valido hasta hoy los partidos políticos para falsear a cada instante las principales bases del gobierno representativo?”  Y quizá la tristeza nos invada cuando averigüemos que “elector” está definido como “una masa suave y blanda que se presta a toda clase de formas” y cuyo nombre es “un sarcasmo sangriento” porque es tan cándido y bonachón “que no se da cuenta que hace todo menos elegir”. Valga esta libresca referencia de gozo o lamentación y quizá también para convencernos que si de elecciones se trata, es mejor la poesía que la política.

 

Es por ello, lector querido, que si de elegir se trata, nada como celebrar por anticipado a uno de nuestros más queridos poetas de junio.

 

Le decían el Cocodrilo, pero su nombre completo y verdadero fue Efrén Huerta Romo. (Lo de “Efraín” fue un cambio de nombre sugerido por sus amigos poetas, “por ser más armónico y más digno de un escritor”). Nacido en Silao, Guanajuato,  el 18 de junio pero de 1914; murió en la Ciudad de México en 1982. Su lista de premios, datos, publicaciones y textos, es larga e impresionante pero dice poco de su obra y no nos comparte que leer a Efraín Huerta es develar una página gloriosa e inaudita la poesía mexicana, ni que fue un poeta de colores e imágenes indescriptibles. “Creo que cada poema es un mundo”, escribió alguna vez. “Un mundo y aparte. Un territorio cercado, al que no deben penetrar los totalmente indocumentados, los huecos, los desapasionados, los líricamente desmadrados”.

 

Poeta imprescindible

 

De Efraín Huerta se cuenta que luego de  trajinar, entre Silao, Irapuato, León y Querétaro  llegó a los 16 años a la capital mexicana y se estableció en una casa se encontraba en el número 39 de la calle Paraguay. Primero quiso estudiar dibujo en San Carlos pero hubo de cursar el primer año del bachillerato en Filosofía y Letras, en la famosa “Perrera” de San Pedro y San Pablo, para después  irse a estudiar a San Ildefonso. Allí su destino se torcería para después enderezarse. Se puso a escribir y conoció a personajes como Octavio Paz, Enrique Ramírez y Ramírez y Rafael López. Este último, en un texto  titulado “Sí, Efraín, me acuerdo...”  aparecido en La Cultura en México en 1974, contó la siguiente historia sobre el poeta:

 

“Efraín, Enrique y yo fuimos a pie desde la calle de San Ildefonso hasta el departamento donde vivía el primero con su familia. En un pequeño cuarto con vista a los árboles, tenía Huerta sus libros y una mesa con papeles escritos con esa esbelta letra suya. Allí estaba, inédito, “Absoluto amor”, poemas de los veinte años, pero de expresión segura y relámpagos originales, a veces oscuros, a veces amarillos. Enrique y yo los leímos, cada uno en silencio; Efraín fumaba interrogante. Ramírez y yo nos vimos a los ojos y, casi al mismo tiempo, dijimos uno y otro: debes publicar este libro inmediatamente. Efraín sonrió entre dudoso y entusiasta. Insistimos. A poco, el libro salía de la imprenta y el nombre de Efraín Huerta empezó a ser conocido”.

 

Calificado como un poeta suave, vehemente, colérico y surrealista, pero también como un creador inmerso en una "estética de la impureza" , contrapuesta a su "poesía pura", Efraín Huerta demostró, en libros como Absoluto amor, Línea del alba, La rosa primitiva, Los hombres del alba y Estampida de poemínimos, que su obra es imprescindible para el espíritu de cualquier lector .No obstante, si de elegir se trata - y para cerrar hoy- comparto su poemínimo titulado “Salvajez”:

“Todos

Los Lunes

Descubro Que

Llegué

Muy Tarde

A mi

Fin de Semana”

miércoles, 26 de mayo de 2021

POEMA INVITADO AÍDA VALDEPEÑA DESPUÉS DE LA CALMA

 

No

no estoy sola

ni loca

ni hago de más

las cosas de mi vida.

solo aprendí a sentir

lo mismo que los otros

solo aprendí de su guarida atroz

de su silencio.

 

No

no hago de más

las cosas de mi vida

ni de menos.

solo aprendo a remar

en este misterioso río

llamado vida

 

Y no

ya no concedo

ni un solo segundo de mi tiempo

al hecho de vivir fuera de mí.

 

Yo le presumo al aire

la fuerza de mi aliento

le recalco al mar

mis arrebatos de ola

y a los volcanes

que tengo tan cerca

yo les recuerdo mi fuego de ser yo.

 

Adherida al muro de mí misma

derribo las dudas

que tuvo este inmenso amado yo.

no merecen la pena, le digo,

no merecen más lágrimas, le vuelvo a repetir

a este inmenso amado yo.

 

Y sí que mi alegría se contagia

de heridas del pasado

pero entonces

resuelvo

no moverme

permanecer estatua

para no dejar que la herida crezca

Y aunque no siempre lo puedo evitar

aunque a veces

todo esfuerzo es inútil

porque

cada aletear de mosca

abre la herida

cada grito de afuera

abre la herida

cada que el aire, el sol, la lluvia

la herida abre

y ya incluso no es la herida la que invade

sino un simple recuerdo

pero un recuerdo herido

y sí que la alegría me salva

¿Pero de qué me salva?

de qué tendría que salvarme

de qué

Por qué la idea de que debo cambiar

de que debo hacer algo

correcto o incorrecto, no importa,

pero siempre contrario a lo que hago

de que debo

debo

debo

y me detengo para decir que no

no debo

que todo

bueno o malo

lo he conseguido a pulso de quebrarme.

 

Que mi futuro es incierto

el mío y el de todos.

 

Que nadie es inmortal

que no somos dioses

ni colegas de dioses

que somos esa gente que fracasa

hace planes

no los cumple

muere

pierde toda esperanza

y luego, de nuevo, todo eso al revés

y en ese juego

yo también me he permitido

estar tan abajo

y aún así

seguir creyendo en las alturas.

 

Que mi cuerpo se quiebra, sí,

y eso puede tomarse como gloria o condena por haber fallado

porque sí que he fallado

no recuerdo cuánto

y así de necia como soy

seguro seguiré fallando

pero sean mis deseos los que me guíen

o mi dolor

o mi rabia

la que amargue los postres

o endulce las hieles del día según mis arrebatos.

 

Y sí, impaciente sí soy

también lo soy

yo diría impala

pensando siempre en lo que podría hacer

si no tuviera que esperar

a que la vida se cocine a fuego lento

porque todo, o casi todo debe esperar:

la cazuela con las calabazas

el zurcido del vestido

la fila del banco

el hospital

la escuela

el próximo sobrino

los resultados de la biopsia

que el pescado descongele

todo, todo aquí es una larga espera

y yo

mujer impala

quisiera haber llegado ya a la orilla

donde desemboca todo

donde ya nadie espera nada de nadie

y no, no hablo de la muerte

que si lo pienso bien

es quizá una espera aún más infinita

y no, no hablo de ella.

no quisiera

ni por error

asomarme.

 

Hablo de la orilla del caudal

del río que encontró su fin

y ahora es cascada sin miedo a las alturas

hablo

de contemplar

desde el vértigo

todo lo que termina.