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*Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones




domingo, 9 de septiembre de 2018

De qué hablamos cuando hablamos de Poesía, (POR SERGIO VICARIO)


a Saùl Ibargoyen
Sergio Vicario

Vicario, me comentaba Saúl mientras salíamos de la Biblioteca México, ¿de qué hablamos cuando hablamos de poesía; de poesía medieval, de poesía italiana, española; hablamos de poesía sánscrita, de poesía uruguaya o de la India? ¿Hablamos de la poesía actual, contemporánea, de los modernistas, hablamos de la poesía de Netzahualcóyotl o de la de Sor Juana, durante la colonia? ¿De la poesía erótica, del cuerpo, existencial, abstracta, de la poética de la ensoñación? ¿De qué hablamos? Es tan vasto el universo poético, que sólo mirarás una parte (y se sigue expandiendo), nada más. Ni toda tu vida te permitirá conocer toda la poesía escrita, pero está bien, va con el ser humano, y si este desaparece, no habría más poesía.
Recuerdo – me dijo- un día tuve la oportunidad de ir a Egipto y navegué por las aguas milenarias del Nilo, por curiosidad metí mi mano en el río y sentí la corriente. Pensé: ¡cuánto tiempo ha transcurrido!, todo cambia y es igual.
Años más tarde, en mayo de 2012, a propósito de un libro “Crepúsculo inmediato” que le entregué para su gentil prólogo, y escribió:
El volumen que ofrece ahora Sergio Vicario hace referencia de modo central y explícitamente, a un asunto que, desde la antigüedad, los poetas han incluido en sus repertorios históricos; casi diríamos desde la primera invención de la escritura que tuvo lugar en la cultura Sumeria, asentada en lo que hoy es el destrozado Irak. O sea, son varios miles de años a lo largo de los cuales se produjo ese invento revolucionario, con el sostén de piezas de diversa hechura y luego tablillas de barro. El poema de Gilgamesh (héroe primero local, luego regional y finalmente arquetípico), se describe la batalla entre Gilgamesh y su amigo Enkidu contra Khumbaba, el monstruo que vigila el bosque de los cedros en el actual Líbano.
Gran acto bélico pleno de simbolismo; siglos más tarde se escribe el poema babilónico de la creación, en que Marduk, el de los 50 nombres, derrota a sus enemigos en una trágica pelea cósmica. Recordemos ahora al Ramayana y la lucha de los incontables monos, aliados de Rama. Por supuesto como obviar la Ilíada y la Odisea, la Araucana de Ercilla, el Martìn Fierro de Josè Hernàndez y tantos pasajes de la literatura sagrada-judeo-cristiana-islámica.
Por lo tanto, en estos tiempos de abundantes conflictos entre Estados y naciones, muchas veces en sitios alejados de las sedes de los gobiernos capitalistas que los promueven, es natural que haya surgido una respuesta metafórica (continental y extra continental), es decir poética, frente a tanta destrucción que se percibe en el mundo globalizado.
Al poeta que jugara futbol, un hombre esbelto de gran cultura y lucidez, generoso; un hombre lastimado por el o los gobiernos autoritarios; crítico del capitalismo, a él, sólo puedo decirle, Gracias Saúl. Nada más.

domingo, 26 de agosto de 2018

AHORA EL COMENTARIO


En uno de los últimos libros que publicó en vida Bolívar Echeverría, “Vuelta de Siglo” hace una muy buena reflexión sobre la problemática de la enseñanza de la filosofía. El problema de la subdesarrollada mentalidad que debe emanciparse. Sobre el hecho que tenemos enfrente ó inculcado por 450 años de catolicismo. Es el Pedro Páramo. Es el problema del origen y el destino de la tradición intelectual. Nuestras escuelas de filosofía balbucean filosofía. Nuestro empeño y nuestros intentos van en contra de eso pero se tropieza siempre con ese hecho. Salvo unos cuantos, más bien por el hecho de sus propios privilegios de su condición humana dentro del sistema como un Volpi o  los del Crack pueden. Pero la inquietante realidad es que se nos insinúa lo que debe uno de entender: saber matar la filosofía, SABER recuperarla y saber vivir con esos hechos de conciencia y memoria. Estudiantes mexicanos pobres no pueden generar mucho más de lo que pudo hacer la generación que estudió a Eduardo Nicol o que aprendió de ahí a fabular los relatos nuevos. El punto no es explicar esto. El punto central es que es indignante he inaceptable expuesta así la enseñanza.

Ciertamente no podemos ir ni pensar en un más allá filosófico. En una farsa de la octava tesis de Walter Benjamín, pero ¿qué curso tendría un mundo donde todo es antireligioso obviamente religioso con base en los dioses enanos he idiotas tipo feurbach o foyerbar y sin remedio este asfalto para proyectar luz sobre nuestro sentimiento de eternidad a salvo cada día y a fin de cuentas negociando?


domingo, 19 de agosto de 2018

CON EL CHISTE.




Un alado del verso
Y otra con la diestra
Tomando nota:
Así sería la versión
Posmoderna de Pancho Villa,
Por supuesto, vino francés,
Pasta y dos rondas pa empezar.

OTRO DE VARIA MUSA

CUANDO EL VINO ERA UNA LEYENDA
Al Doctor en letras Eduardo Casar,
esa palabra… premio Sor Juana
                   Marcho en un oscuro tren
                   donde oigo golpear a mis costados
                   al infatigable bramido de los años
                   carcomidos y rancios,
                   como fantasmas de la frialdad de la niebla
                   y su reverso: el fuego del deseo.
                   El deseo es un pájaro herido que escapa de su jaula
                   y vuela por el mundo hasta que es sumergido
en unos labios que sonríen y recuerdan lo que tú, o yo,
o cualquiera, puede ser en la contradicción
que singulariza y que otorga el matiz,
la llaga certera donde uno parte y busca su madera propia.
                   Pero nosotros vamos en este tren y ya es tarde.
                   El pájaro vuela y escapa de aquí, se marcha
                   a cualquier parte, sólo depositará sus plumas
                   en la retrospectiva de la nostalgia insoportable.
                   En el beso que yo esperaba la semana pasada,
para que este mundo fuera menos grotesco
simplemente por una mujer desconocida,
que pasó rozando mi existencia y liquidó mi propia mitología,
pero yo encontré una nueva a la vuelta de la esquina.
                   Marcho en este oscuro tren y ya es de noche, la poesía
                   golpea las puertas cuando todavía no hay nadie, no obstante,
ese niño que duerme en mi memoria la escribirá  algún día,
llegará a ser capaz del poema.
                   Trepará a un árbol jugando a ver más allá del horizonte
                   y sentirá en medio del áspero tronco la sensación
                   de falta de firmeza, de niñez cobarde.
                   Pero el pájaro ahí va con él y no ha escapado.
                   ¿Quién no lo recuerda algunas veces?
                   Aquellas tardes infantiles y eternas,
cuando el alma tenía esos colmillos de azúcar,
                   cuando la sombra daba una media vuelta en la nuca y se iba,
                   cuando una toronja sabía a aguardiente,
                   y cuando el vino era una leyenda.
                   ¡Salud! Amigos fraternos, déjenme escalar por su árbol
                   y que no me venza la torpeza de una prosa mal entendida,
                   que tenga la frente limpia y pueda llegar hasta el fruto del árbol
                   para que al fin, el pájaro pueda volar,
                   y una mujer, a lo lejos, me sonría caminando su propia vida.

DEL LIBRO VARIA MUSA publicado en edición de autor en 2016 de mi autoría.

El gachupa
A Joaquín Castro
               
Así es que tú y yo
                   —hermanos ocasionales—
                   navegamos de nuevo
                   levantándole banderas piratas a lo desconocido,
                   fumando de aventón y encajando guitarras
                   en el horizonte rumbo a Puerto Escondido.
                   Vieja deuda que nos reclama iguales al parecer,
                   ogros o duendes medievales de nuestra historia,
                   descuartizando las encías de los recuerdos
                   que nos machacan y nos vuelven a juntar,
                   en el paraíso de lo que una vez creímos era alcohol
                   y otras veces amistad.
                   De tus largos cabellos descuelgan secretos poderosos
                   que mi corazón pronto ha de asimilar.
                   El frío y los insectos de la selva me llevan a contar
                   enjambres de anécdotas pisoteadas
                   por la pasión de volverte a mirar y recordar
                   tu Barcelona, mi ciudad de México,
                   tus muertos y tus vivos, mis
vivos y mis muertos.
No somos, digo,
                   —aunque tal vez sí lo seamos—
                   un éxtasis mutuo que se vuelve a desgranar.
                   Con mi navaja alumbro el sol y tus dientes brillan, te digo:
                   eres cangrejo de huida interminable,
                   probable habitante inmortal de los recuerdos,
                   trepado en su silla de montar y desafiar.
                   Temo en ti encontrar a lo que más me parezco
                   y que me vuelve a encasillar en lo opuesto.
                   Nos decimos “personal calificado”.
                   Por unos troncos que habrá de descargar para sacar una lana y
                   pronto un oasis, una palmera o fruto habrá de atestiguar
                   nuestros pactos de toda la vida  y el huracán
                   en la  pupila y que en lontananza brilla del otro lado del mar.
                   Encallamos nunca, sólo en lo invisible volvemos a brillar.
                   Los inmigrantes y los turistas nos confunden al vernos pasar,
                   nómadas insectos que tú pronto habrás de devorar y decodificar.
                   Las mujeres esperan nuestro paso, sedientas de calmar
                   la expectativa de nuestras vestimentas que rutilan al pasar.
                   Venga, aceptémoslo muchachón trotamundos:
pronto serán nuestros nombres,
                   en los cuernos furiosos de esta roja lluvia que golpea,
los que se comenzarán a incendiar y manifestar.