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*Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones




jueves, 10 de diciembre de 2015

UNA NOTA QUE PUEDE DAR MÁS... POR MARCOS GARCÍA CABALLERO...



Las teorías de Darwin, lejos de haber sido totalmente asimiladas, están sobre politizadas. Frases como “la jungla de asfalto” “sálvese el que pueda” etc, etc, etc. Son ejemplos burdos de cómo: “Sólo el más fuerte sobrevive”. Éstas ideas tienen su origen en Darwin, que sirve perfectamente de ejemplo de cómo las teorías se impregnan en las masas. Y las masas tienden a creer que las teorías intelectuales solo son extrapolaciones de lo que ya nos imaginábamos. Niezstche es otro caso, pero como quienes se creyeron la simplificación de Zaratustra fueron los nazis, está mal visto que por el mundo anden vagando los superhombres… ¡Y políticamente a los superhombres se los lleva la chingada! Todo esto no son más que las formas en las que envejecen las teorías grandes: se vuelven lugares comunes de la cultura cotidiana, es triste aceptarlo, pero funciona así la mayoría de las veces. La masa de iletrados de todo el mundo nunca debieron escuchar frases como: “sólo el más fuerte sobrevive”. Además, ultimadamente Aristóteles ya había hablado de evolución en sus textos. Y los responsables del conocimiento darwiniano en la actualidad tienen que salir a defenderlo para que se entienda que todavía sigue siendo objeto de estudio y que el darwinismo político es sólo una mala interpretación de una teoría más grande. Carajo, ni que fuéramos tan brutos como los organismos unicelulares: tenemos teléfonos celulares, pero eso es otra cosa.
Digámoslo así: el ser humano es un milagro en la evolución de las especies, pero ningún vecino de ningún lugar del mundo va y le dice al otro vecino: “¡Buenos días, milagro de la creación!”

viernes, 20 de noviembre de 2015

OJALÁ AL LADO DE MI FÉRETRO!!!... POR MARCOS GARCÍA CABALLERO




La noche, cual paloma de azúcar
surca con sus alas otro espacio tras mi espalda,
dejándome anonadado, a solas con mi nada.
Negro cancerbero que babea en la oscuridad,
como profecía mal ocultada,
se me rebela en forma de poema:
espuela que me golpea y no me arredro:
voluntariamente acepto que mi soledad es poética
porque mi paciencia se va tornando en bocanada,
en viento que no sólo acepta al tiempo
como mudo testigo sino al destino
que pausadamente entre el oleaje
me trajo un día una botella
que contenía el pergamino de mi memoria.
Flama al rojo vivo, la memoria: medicamento e
intensidad a salvo del eructo y claxonazo de las urbes.
Siempre estás ahí y mis pensamientos te acarician,
te deforman, te vuelven lo que eres: palabra, futuro y más futuros,
sombra amorosa que arremete
contra los tentáculos de la peor de mis suertes,
la muerte, aquella que descreo y a través de la cual seré juzgado, ojalá al lado de mi féretro resuene de un mendigo con voz ronca y deliciosa: “él era dolor color de olvido, un amor siempre en blanco o en negro,
un heredero bastardo de Ezra Pound y otros iguales,
un guerrero exagerado que sabía reír y sudaba ideas, un astillero para huir siempre del silencio.”
Y si no lo dice, ¡ay! ¡pobre de él, que lo estaré esperando allá abajo y lo joderé para que se lo regrese el Caronte de nuevo a chupar al pavimento!