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*Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones




martes, 26 de febrero de 2008

Fútiles.

Míranos si existimos, somos tu paisaje .

Pero tenemos una vida tan compleja

e insignificante como la tuya…


Fútiles.

¿Cuántas miradas yo te robe?

¿Cuántos cuerpos me rodean?

Donde dos almas chocan,

dos universos se tocan

viviendo un instante...

Tiempo de una mirada,

Tiempo de la indolencia.

*


Un programa de TV,

una página de Internet,

Pueden tener más valor,

Pueden ser más recordados,

Una vida es fútil;

Es notar y olvidar.

Mundo indiferente y brutal...

Mundo saturado y vano

*

¿Dónde van los rostros?

¿Dónde van los recuerdos?

¿Cuántas personas me miran?

¿Cuántas personas me conocen?

Soy un adorno en un paisaje,

Decorando otra vida.

*


Para luego borrarme...

Para luego borrarte.

sábado, 16 de febrero de 2008

Del libro "Infinitos dispersos" ( ediciones Alforja 2001)

Por Marcos García Caballero


El soporte material del poema
es la frente que lo acompaña en su carrera,
la palabra en fuga que deja en los ojos
la estela que lo cobija o lo desnuda;
frialdad de huesos rojos arrojados a la hoguera
o capucha sombría que respira
antes de develar su rostro de piedra.
Una ranura de su estanque de vértebras
se dobla para dejar salir una gota
después de la tormenta.
En efecto, hay una gotera,
las vértebras lanzan coletazos de iguana
contentas de suavizarse un poco
la antigüedad de su urticaria.
Las uñas del lobo paralizan el sonido
y el poema recorre su hilera de butacas
y sus naipes de cuellos verdes hacia la esquina,
al doliente sopor que pregona
en pancartas el temblor de cosas irrebatibles.
El poema no se percibe sin su estómago macizo,
necesita flechas para tronchar el cordón umbilical
que le bombea una cordillera por estos dedos.
¿Cómo arrojar al poema sin revolución
aunque con revolución nace el poema?
Quítame de encima esta tierra blanda,
quítame del fuego que no respira,
quítame tu infamia de cartógrafo sin mundo,
que brote de tu espalda una bala de mercurio
para saciar mi sed, pues lo que busco es una trinchera
para apoltronarme como una herida eterna,
pedalear con mi bicicleta los caminos de la niebla,
hacer de ti mi hamaca entre palmeras,
dormitar clandestinamente en tu fotografía,
llevar el curare a donde no hay cómo curar,
desafiar tus pantanos,
tus costras, tu costumbre,
tu eterno sueño de tigre que come tijeras
para moldear su sombra del engaño.
No hay espanto en esta noche de otoño triste,
no habrá invierno para felicitarse a secas,
no habrá cuchillos donde hay hachas
y no habrá hachas donde hay tormentas.
Sólo yo decidiré cual será mi escarcha,
mi cacique y mi fuego,
así que si me has oído retírate al olvido,
pues de allá es de donde vengo
y allá es donde seguiré volviendo,
como pipa junto al fuego
seré un volcán en tus recuerdos,
y como soy irrebatible me llevaré
tus ojos internos,
en ellos me refocilaré
metiéndoles búhos para aullar
lo que yo ya no puedo aullar,
pues es imposible morder sin perder
un trozo de oscuridad cuando la luz
marcha como un ejército en el rostro
que desea morir de nuevo con un solo respirar.

martes, 12 de febrero de 2008

EL PARTIDO

EL PARTIDO!! Joder éste poema es de cuando yo era poeta!!!

Por Marcos García Caballero

a Antonio Deltoro


Los labios de esta tarde
sonríen como en octubre
con esta humedad
y esta grisácea de la calle
cuando la ciudad
se encuentra recluída
frente a la irremediable
pantalla diminuta
en este domingo cualquiera
que voy por charcas tenues
silbando semidioses
enmedio de parapetos
y cabelleras de duendes
que ocupan este silencio vespertino.

¿Recuerdas cuando girabas
entre mis brazos como una pluma?
Tu pelo ondulaba como el canto
de las armónicas
y la felicidad
y el aterrizar en los cines
y creímos que así sería
por mucho tiempo,
enmedio de estos edificios
deslavados en mis ojos.

Ahora que paso
junto a unas tristonas
bolsas con ratas de basura
y un brujo me ofrece
pepitas baratas
y galletas sin suerte;
las prostitutas fuman
bajo el puente.
El tiempo
que no pasa en este divagar
de los solitarios que como yo
escuchan el lejano bramido del tren
y su penacho de humo
pasando Politécnico
y más allá de Vallejo.

Los pájaros
se aquietan en las ramas
las hormigas dan vueltas
o perecen bajo
lúgubres manglares de cinismo.
Un alarido de miedo
en la cocina del restaurante vacío,
mientras bongós mágicos suenan
y allá arriba
los dioses aztecas deleitan
salivas de injurias
por la afición
que hoy no saldrá
de los labios de la tarde
a correr y bailar
para celebrar sobre Reforma.

1997