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*Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones




lunes, 27 de octubre de 2008

Divagaciones sobre cine, poesía y pintura..

A Maricruz Patiño

Desde hace tiempo he sospechado que el lugar que ha desempeñado el cine en el siglo XX, desde un punto de vista sociológico, fue el mismo que desempeñó en el XIX la novela, así como el teatro en el siglo XVI y tal vez en este siglo XXI sean las nuevas tecnologías virtuales y el internet. Dejo en un segundo plano a la televisión y la radio ya que me parece que su campo de acción pertenece a tiempos y a duraciones más efímeras (aunque en su flamazo se nos vayan los días y semanas en las grandes ciudades) y no de gran impacto en la sociedad, a pesar de que en México se ve mucha televisión y la radio tiene el honroso prestigio y nobleza de comunicar precisamente a las comunidades más alejadas de las grandes urbes o megalópolis del planeta. La radio comunica a ranchos, pequeñas haciendas, pueblos de playas semivírgenes y da cuenta de los hechos locales política y culturalmente informando el latir de esas comunidades. En un país como México, en que desde los tiempos en que terminó la Revolución se habla de que las ciudades han superado a la sociedad campesina y que debemos ingresar a la modernidad en términos de legitimidad de gobierno, democracia sin cortapisas y un definitivo alto a la corrupción y al narco, nos hemos dado cuenta de que estamos condenados a que esas ideas sigan viniendo sin cesar, siempre prometedoras, siempre inalcanzables, siempre esperanzadas. Así lo vio Vasconcelos cuando tuvo que empezar desde cero la tarea educativa del país. No importaba que la gente no leyera si es que acaso sabía: era preciso penetrar con los clásicos griegos por todos los rincones del país: Aristóteles, Píndaro, Homero. Ya después se cotejarían los resultados: lo importante era darle a México un pasado de dimensión internacional.
Me he referido al latir de las comunidades y lo hago ahora también de las grandes urbes: en los años cincuenta del siglo pasado ese latir estaba perfectamente empatado entre cine y literatura en México, no en balde es llamada la “época de oro” de nuestro cine. Por ejemplo, las películas del guionista Alejandro Galindo estaban basadas en reminiscencias de textos fundamentales de ésa época: El laberinto de la soledad, La región más transparente, El perfil del hombre y la cultura en México, etcétera. Entre las luminarias de nuestras letras había un debate muy importante sobre la identidad nacional que Galindo, con un enorme colmillo y conocimiento de las tretas cinematográficas, plasmó en películas como Los hermanos de hierro. Y creo que esto tuvo y tiene mayor impacto en las sociedades y que definen mejor el sentir de una época y que reflejan lo que la gente quiere y quiere ser, muy aparte de los fenómenos mediáticos. Por ejemplo, en la actualidad, hace poco tiempo películas como Sexo, pudor y lágrimas, Amores perros, La perdición de los hombres o Y tu mamá también... y en un lugar no menor aunque de menos alcance de las grandes masas, novelas como La piel del cielo, de Elena Poniatowska, galardonada con el premio internacional de novela, Alfaguara 2001, El otro amor de su vida de Héctor Manjarrez o la multimencionada En busca de Klingsor de Jorge Volpi. (Finalista de la encuesta de las mejores novelas mexicanas hecha por la revista Nexos) Y así lo seguiré creyendo, ya que me niego a definir a nuestra sociedad por el número de partidos de fútbol que se ven en las cantinas de la ciudad de México.
Vuelvo a mi sospecha: el cine deja atrás a la novela como hecho cultural que se inserta en el cotidiano histórico. Pero a su vez, el cine debe mucho a las grandes novelas del siglo XIX. Así lo vio Tolstoi en una enorme profecía citada por Fernando Savater en un hermoso artículo titulado “La palabra imaginaria” (revista Intermedios, marzo de 1992):
“Ya veréis cómo este pequeño y ruidoso artefacto provisto de un manubrio revolucionará nuestra vida: la vida de los escritores. Es un ataque directo a los viejos métodos del arte literario. Tendremos que adaptarnos a lo sombrío de la pantalla y a la frialdad de la máquina. Serán necesarias nuevas formas de escribir”.

Las deudas del cine a la literatura y su relación son brillantemente exploradas por Savater. Pero yo me pregunto: ¿Y la poesía, y la pintura, la música? La música se ha revelado como una hermana casi gemela del cine, al nacer el cine sonoro y más adelante, el soundtrack, así que entre la combinación de música y escenas sentimentaloides o emotivas en la pantalla, la gente las confunde con poesía y cree que de un plumazo se pueden borrar a Baudelaire, Vallejo o Huidobro. Hablando en plata, es sabido que el cine es una bola de trucos que obligan al espectador a interesarse, a desbordarse y a entusiasmarse con una trama o unos personajes. No hablo aquí de los grandes creadores de cine, como Orson Welles, Bergman, Kurosawa, Tarkovski, Kubrick o Buñuel. Sino el cine normal, norteamericano, hoolywoodesco, predigerido y de hecho mucho más disponible para el espectador de a pie: usted o yo. En esos terrenos, la poesía y la pintura casi no tienen nada qué hacer junto con el cine. Tal vez esta aparente lejanía se deba a que el pintor es un poeta por otros medios, es decir, que presenta un mundo estético acabado al igual que el poeta con sus palabras, se trata de una estética que no se conforma con re-presentar al hombre o la naturaleza, como lo hacen la novela y el cine, sino que en realidad presentan ese otro mundo donde vivimos nosotros: el alma, la otredad en el yo o la ensoñación, tema brillantemente explorado por el franchute Gaston Bachelard en su ensayo La poetica del espacio. Existen ciertas ideas psicoanalíticas que defienden al cine comparándolo con los sueños. “Soñamos como si viéramos una película”, parece ser la conclusión con la cual el psicoanálisis avala al cine y lo declara moralmente sano y recomendable. A los que así piensan y (sobretodo): ahí se detienen, los remito al espléndido cuento de Bertrand Russell Ajuste. Una Fuga para que descubran lo que le pasó al psicoanalista que intentó someter a diván a los grandes personajes de Shakespeare. ¿Qué pensaba Freud sobre lo que descubrió Lumiére? Por lo menos hasta donde yo tengo noticia no hay un texto freudiano amplio y contundente al respecto. Por tal motivo, creo que en ésta tónica (por lo menos la de ésta nota) Bachelard fue mejor detective: es la ensoñación el estado en el que verdaderamente el individuo se revela, dialoga y examina su propia vida. Cuando se trata de penetrar en el interior de un personaje, el cine se vale de una nubecita (ahora este efecto está casi ya superado) u otros que nos muestran un mundo onírico, pero pintores y poetas saben que esto no basta para hacer poesía; poetas y pintores reflexionan, se inspiran (es decir, tienen visiones de la materia o sustrato poético sobre el cual trabajarán, lo cual es muy distinto a imaginar propiamente imágenes: el binomio imagen visual-imágen poética no existe) y no sólo sugieren, como lo hace el cine. El arte pictórico y poético expresan la fascinación y el vértigo de sentir o indagar en el alma propia, lo cual es una defensa preciosa de la subjetividad: poesía y pintura insinúan lo otro, el cine insinúa un truco. Aunque partimos del hecho de que ambos caminos seducen, (en el sentido de que en cualquier seducción hay algo de trampa y espejismo), en poesía y pintura la seducción nunca acaba: la prueba estriba en que un buen observador de cuadros o un buen lector nunca se cansan o se aburren de las buenas pinturas o los buenos poemas; en cambio, mirar la misma película más de una o dos veces resulta un tanto bruto. En fin, el cine tiene muchos grandes novelistas, en el sentido de la estructura narrativa, pero aún le faltan un Borges, un Neruda o un Salvador Dalí. El día en que esto se muestre, será gracias a que los hoy aprendices de cine habrán leído a Bachelard, la ensoñación se desnudará y así comprenderemos una vez más, que el cine puede y debe ser un arte, que al igual que todos los demás, necesita revolucionarse en contenidos y no sólo en aspectos puramente técnicos.

Abril 2003
Me postro ante Tu hijo,
Me levanto.
Lo veo en el templo,
adormilado,
adolorido,
crucificado.

Se oyen rezos entremezclados.
Todos oran,
se persignan en Tu nombre
y se van.
Nadie puede salvarlo,
debe morir.

Es un hombre
clavado
triste
solo,

Yo me acerco.
Le quito la tela
y dejo su sexo al descubierto,
me empino
y comulgo con su vino derramado.

Relamo su sangre
beso sus pies
y me largo.
Salve Dios
mi cuerpo estructurado en el caer de sus piernas,
al lamer sus llagas
y saciar el hambre de mis senos,
al intercambiar mis pezones
por sus clavos.

Salve Dios
la incapacidad de mis sueños
al no evitar sobre la cruz
mis orgasmos.

Dale Dios
Misericordia a mi alma,
no a mi corteza,
para separar al amor de la concupiscencia
sin evitar que el segundo Adán
yerre en la humedad de mi garganta
al tragar mi salvación
y sentenciarlo.

Sálvame Dios
de lo que soy
de lo que no soy
de lo que fui
al clavarme en su cruz
y llevarlo al pecado.

Salve Dios
la caída,
su caída entre mis manos.
Piedad, Señor,
para la infidelidad del cuerpo,
no de mi cuerpo,
sino de aquel que se cansa
del mismo falo
y busca en la trinidad de cada nueve hombres
cimentar su orgasmo.
Mi cuerpo se parece al de María
María madre
María esposa
Vírgen María.

Su alma no se parece a la mía
mujer lenta,
mujer puta,
mujer lenta
mente
puta.
El vacío de mi vientre no engendra vida y sangra
el vacío de su vientre engendró vida y una corona de espinas
lo desangra.
Busco a su Hijo:
un clavo en la pared detiene su cruz
tres clavos detienen su cuerpo en esa cruz.
Me observo en su cuerpo
beso sus labios
palpo la perfección de sus ángulos
se lubrican mis muslos
cada clavo es un falo
mi clítoris murmura
la madera endurece mis senos
y me siento virgen-puta
virgen con sangre en vientre vacío
puta de cuatro labios humedecidos;
cierro mis ojos
me rezo
me rozo
razono mi cuerpo
advierto mi cuerpo
me siento Él y cambia a Mujer
mujer en cruz
virgen-mujer dando a luz...

y regreso a un cuerpo no tan virgen
no tan puta
mujer virgen porque los falos no hieren mi vientre
mujer puta porque los clavos me acechan y el pecado me dice
que mi cuerpo se parece al de María:

María madre
maría esposa
virgen María.

martes, 21 de octubre de 2008

preguntado por ti

Y solo te volví a rodear
con mis manos te estreche,
para que nunca te alejaras
pero tu cuerpo aun así escapo,
y busque en el silencio
pero un ruido me cegó,
te miraba con mis manos
pero mis ojos no te observaban,
así que caímos juntos
pero solo estaba en la nada,,
junte estrellas para recordar tus ojos,
mire al sol para recordar tu piel,
y adore al diablo recordando tu ser,
todo fue tan fugaz
que durara por siempre
tu presencia solía hacerme temblar
tanto como la oscuridad
tu ser solía ponerme de buen humor
tanto como las drogas
tanto como el alcohol
y un día todo acabo
pero aun sigo preguntado por ti

lunes, 20 de octubre de 2008

Dos

Cuando partan

Cuando partan
pararé los relojes,
el del buró, el despertador,
los tres relojes que tenía ella:
el azul, el morado y el negro.

Me quedaré sentado
unas horas, quizá unos días.

Me pondré de pie
daré una última ronda a la casa:
lavaré los trastes,
vaciaré la tina,
haré las camas.

Un tiempo después de terminar
de oír sus pasos alejarse,
limpiaré el refri,
desconectaré todos los enseres:
la cafetera, la lavadora, el micro.

Limpiaré el comedor,
dejaré todo reluciente.
Borraré el mensaje del teléfono,
borraré el disco duro del ordenador.

Después de dejar todo listo
y reluciente,
después de hacer todas las llamadas:
saldré corriendo,
desquiciado,
llorando y lamentándome.

Saldré arrastrándome,
atenazadas las piernas de dolor,
con miles de nudos en la garganta.

Saldré corriendo,
con el miedo detrás mío.

Cuando partan,
saldré corriendo
detrás suyo.

Cuando partan,
saldré tras ellos.
Mis días vacíos, grises.
Cuando partan,
moriré con ellos.

Caminarás al horizonte

Me quedaré sentado,
tú, caminarás al horizonte,
alejándote.

No me fijaré en tus huellas,
no te seguiré,
ni buscaré tu rastro.
Dejaré que te pierdas
en la memoria,
en las rocas.

Viajarás muy lejos,
no volveré la vista
y me quedaré aquí
a heredar el viento.

Aún sin título...

[fragmento]


«¡La poesía..., la poesía eres tú!»
Gustavo Adolfo Becquer


Soy nube y tú campo y cielo y el viento
que sube, pasea, viaja y estalla
rojizo
—sin tiempo—
en la hora que escapa
desnuda,
presa entre un par de montañas:
dos fauces terrestres e inexorables.

Tú eres el viento debajo del ala;
el dedo que apunta inmóvil al ave
fijada en el lienzo, ya vespertino,
de un pueblo lejano
y siempre culpable
de mi gentilicio, tu gentilicio:
la patria que es nuestra y huye en la noche
y hay que alcanzarla cubiertos de cielo.
¡De pronto despierto! Tú: omnipresente:
eres el halo que cubre la estrella,
la estrella y la mano que la sostiene.

Pero también yo soy yesca; tú chispa
y brasa y el viento
—constante viento—
que juega entre abrazos de nube y de humo.

sábado, 4 de octubre de 2008

Autopromoción (Novela)


Para algunos amigos míos y conocidos, éste proyecto mío se llamó durante mucho tiempo (EL jardín del pulpo), bueno. El proyecto de escribir éste libro empezó en 1998 y terminó ese mismo año. La historia original dio pie a tres novelas, una de ellas fue EDAD EN EL ALBA, premio Salvador Gallardo 2002 Aguascalientes, la otra novela, fueron trescientas cuartillas con las cuales no quedé satisfecho (pero la intención era la misma: contar las peripecias y los anhelos artísticos, viajeros, de búsqueda personal, de insolencia y de vivir en el Altiplano o centro del País, Aguascalientes, con la nostalgia del monstruo del Distrito Federal. Dos almas y dos geografías y dos memorias diferentes en los 90s me parecían suficiente para contar bastante....) Pero además estaba ésta otra historia, más intimista y con el carácter de un diario: El jardín del Pulpo, que ahora, ya salida de la imprenta con el nombre de ANTES DE TODOS LOS PARTIDOS y con un tiraje de 500 ejemplares se presentará entre varias veces y en varios sitios, en La Casa del Poeta en Álvaro Obregón Col. Roma En la parte alta en el café bar-las hormigas el 5 de noviembre miércoles a las 7 de la noche. Iván Ríos Gascón, Elena Bravo y José Vicente Anaya harán algunos comentarios de este texto que he denominado "ficción autobiográfica". Habrá vino de honor, la edición es casi de autor y no creo que circule en librerías. Pako Puente y Alicia Quiñones ¿Cuándo volveremos a vernos, en la bruma el trueno o el relámpago? naa.


miércoles, 1 de octubre de 2008

viejos hipocondriacos ...


Sacio una vida en la coladera
Vierto mi sangre y tu miras el espejo,
acaricio las luces de la noche
y las pongo a tus pies,
tu solo miras tus ojos cafés
arrugas penetrantes hay,
mi coraje se extirpo
en un amargado cuadro
no hay nada que pueda explotar,
deja de mirar lo que fue
las sobras marcan tus relieves,
no hay nada mas que caminar y caer,
yo caeré atado a ti,
los gritos no se oyen
hay mucho alcohol,
esperanza de ver la luz
temor de vivir en la noche,
miedo de prender una vela
no hay dios al que ame,
solo te pido un rezo por tu alma
para seguir prendiendo fuego a tu cuerpo,
un cigarrillo suele consumirse,
una vida suele apagarse
tras botella y botella,
todo lo que veo ami alrededor se inundara
es muy grande la sequía,
solo me preguntanos que sigue después?
encender una vela tener fe?
volverá el pasado a pasar?
las arrugas se marchitaran
y en mi espejo no esteras tu...