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*Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones




viernes, 28 de septiembre de 2007

Instantánea

Para los Poetas de SOGEM
Por Marcos García Caballero

Me recuesto sobre la tierra. Un cielo gris flamea sobre la ciudad de México. Una muchacha absorta en su soledad me escucha a través de este texto que nunca he escrito y desde que subí a la cima me a dado vueltas por la cabeza, al igual que un campesino de tierra caliente le da vueltas su turbante de mosquitos. Me he detenido a pensar que será y que no será, como la sangre con su trotar de caballos negros me escurre por dentro, en el mausoleo de todas esas viejas ideas que he tenido y que ahora están enterradas y muertas. Pero junto a mi está mi sombra, muy tierna ella, con su sombrero y un gato crispado jugando en su regazo. Mi sombra es el sultán de mi deseo y de mi destino; sujeto su dentadura como si fuera sujetar un bosque y la siento fuertemente encadenada a mí cuando expele el humo azuloso de su cigarro; yo soy el mar de su ballena entristecida por la memoria de lo que no le tocó vivir y de lo que huyó dejándome a solas con mi carne. Cierro los ojos, una enciclopedia se abre y deja escapar gaviotas y murciélagos; lenguaje de fayuca y almacenes de prestigio en estampida cuando mis ojos se cierran. No sé lo que será de mi sombra cuando mis ojos se cierran; tal vez se trepe a un árbol a buscar al gato que la ocupaba, tal vez me apuñale con cuchillos que yo no oigo, tal vez me abandone y sólo puedo pensar —digo que pienso porque sólo lo que pienso puedo tratar de despejarlo como una ecuación y dejarlo solo en el papel, mientras que cuando tengo cerrados los ojos no puedo estar seguro si estoy pensando o estoy cayendo, como en un sueño— como decía, sólo pienso que tal vez la muchacha me sigue leyendo, y su lectura da fe de que alguien que cierra los ojos no es inútil porque imagino la frondosidad de sus ojos desplegándose sobre mis palabras y quiero tocar su fondo, su sentir, quiero asomarme en la ciudad donde ella vive que, aunque es la misma en la que yo habito y en la que yo viajo por los túneles del metro, es también otra; otras son sus ausencias, sus malestares, mi sombra en su presencia sólo la consignan estas palabras, pero por medio de estas palabras la escucho y le digo: tienes razón, la has tenido siempre, (y ahora no sólo cierro los ojos sino los aprieto con la fuerza de un huracán que de golpe, instantáneamente, arrasa con la ciudad que había contemplado), y la muchacha, como es listilla, se ríe, dice gracias por darme la razón y me olvida, se dedica a sus actividades y ahora yo la empiezo a escuchar, escucho sus tacones bajando la escalera... ¿a dónde irá? Me dan ganas de gritarle: "¡cuidado, la vida es una trampa, si no las sabes esquivar acabarás en la tienda de artesanías de la muerte!" Y algo hace clic —aunque no exactamente clic, pero clic es la mejor manera de decirlo con el alfabeto que nos ha tocado— y ese clic me distrae y hace que abra los ojos y veo una familia parada delante de mí y lo primero que pienso es en pararme del suelo, aunque a decir verdad me la paso muy bien en el suelo en este momento, he intento hacer un ademán a la familia, un saludo o algo, porque a decir verdad, en esta parte de la ciudad no hay muchas familias y menos en esta postura, todos sonrientes como si se les fuera a entregar una medalla, sin verme siquiera, y en este mismo momento les cae un látigo de luz fugitivo que los embellece y los vuelve planos, y yo me digo que ese látigo no puede ser mas que el del flash de la cámara que hizo clic y después todos se van y me dan las gracias, aunque yo no sé por qué, ya que yo en lo que estaba pensando es que la literatura moderna cada vez pierde más descripción e imagen y que la palabra misma enlazada con otra palabra —por ejemplo una cola de caballo en la nuca de una mujer, aunque no sea la mejor imagen literaria, pero en esa estaba pensando— es lo que queda, pues el cine y la televisión, por no decir la computadora, se han robado todas las imágenes y cuando uno lee un libro es odioso imaginarlo como una película, ya que el fin de la literatura no es propiamente ver como se ve una roca, una toronja o una cola de caballo en la nuca de una mujer, por ejemplo, sino meditar viendo o mejor dicho una meditación paravisual, aunque esto suene horrible. Y yo me digo: ¿por esto me dieron las gracias? Bueno, qué amables, pero tal vez es demasiado; yo sólo le doy las gracias al de la vinatería cuando quiero oír un buen blues y asarme el pecho con el calorcillo de un generoso whisky y saco la lengua y olfateo como serpiente la guitarra de la siguiente canción que deseo escuchar en honor a Ezra Pound y de repente algo se me acomoda y siento un ronroneo que me da tanto miedo que sólo puedo mirar el cielo rasgado y sentir como mi sombra se me acomoda de nuevo con su gato y me coloca la cámara que había traído yo acá para sacar fotos.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

No me duelas.

A la Libertad.

No me duelas, mujer,
que hay cien abismos
perforados en el alma;
cien aullidos, mujer,
gritados al alba
en la noche más ciega;
y cien espinas clavadas
en el grito contenido.
Eres tortura que no para,
desdén de marinero
al náufrago errabundo,
hora última del condenado,
héroe muerto en la victoria,
y brisa que se cuela
entre las rejas de la cárcel.
No me duelas, mujer,
que dueles en la carne y en el alma,
en la cama y la sangre
y en la vida que sale y que se escapa.
En ti se trasluce, límpida y diáfana,
el agua que otrora fluyó en el páramo,
derramándose fértil por planicies
que eran el vientre de la primavera.
No descartes, mujer,
ese beso encendido como brasa,
esa llama absorbida por tu cuerpo,
ni esa rosa ofrendada a la mañana.
Olvídate de todo
menos de los vientos,
menos de las aves,
mucho menos del mar.
Olvídate de todos tus recuerdos,
de tus muertos, de tus vivos,
de mis manos y mis sueños.
Olvida que me dueles y te duelo;
tan sólo no te olvides
que yo no olvido. Y que te quiero.

Francisco Puente feb/06

domingo, 9 de septiembre de 2007

gatitos en mi kasa

Por siempre
Miro esos ojos
Ya no me veo en ellos
me recuerdan el pasado
El tiempo que se fue
Recordemos juntos…
¿Acaso ya no recuerdas?
Los momentos de ayer
Dije te quiero
Y tú me jurabas que me querías
¿Ya lo has olvidado?
Te abrazare aunque tú no lo hagas
te besare aunque tu no lo quieras
¿Porque no contestas?
Solo sigues sentada
y quieta...
Tu cara blanca inmóvil
¿Dime mi amor aun te da miedo la noche?
¿Aun te doy miedo yo?
Como hace unos momentos
Como en toda nuestra relación
Vamos no es tan lamentable tu situación
Ahora te vez mejor
Ya no causaras problemas
Así por siempre estaremos juntos
Nunca me volverás a decir adiós
Aunque ya no puedas besarme
Yo te besare
Aunque ya no puedas tocarme
Yo te tocare
Por siempre..

Arcano

A César Antonio López

Madera y trazos tan nuevos como sempiternos.

Madera errante,
ahíta de siglos;
tan dura como elástico
es el tiempo:
inexorable.
Te desbordas más allá del mar
y luego te constriñes
en un día.
Tu continente te da
forma de un segundo:
rígido y flexible:
cambiante.
Una línea se descubre
en tu rostro,
te recorre la cintura
hasta tus faldas:
te devela:
eres toda líneas,
toda curvas,
toda llena
de fracciones todas:
un segundo, y por tal,
natural segundo
naturalmente cambiante.
En pocas horas te
transformas en
un día, semanas, meses;
y al cabo del fluir
ya tienes un siglo
más de líneas.
Más que líneas,
venas con fluir eterno
de la vida,
flujo entreverado
de madejas enredadas:
plexo constante,
constancia efímera:
suspiro de un segundo
que recorre vuelto flecha
los nudos y las curvas
de tu rostro, Madera vieja:
Madera errante de mundos
y de fondos:
sapiencia...

...en tus trazos
ahítos de siglos...

sábado, 8 de septiembre de 2007

Ho, belleza, ho terriblemente selvática belleza la de tu rostro perfecto, enmarcado en una de esas (según la palabra antigüa) cabellera tipo fuego rebelde y espasmódico. Esa belleza, te digo y te lo hablo así, vale tanto que es ese tipo de carne que uno mismo pierde al salir de una cantina, es lo que (y aquí hablo de mi propio pasado) me hizo recorrer el país por las carreteras buscándote como espejismo. A ti esa belleza te viene desde tan lejos como la sabiduría a los proverbios, ese plancton macerado en esos ojos grises tan llenos de alas, divinos, ho materia! Tú que todo lo tragas, que incluso algún día hasta al más corrupto de los políticos redimirás bajo los suelos, no sabes nada de lo que hablo. La gracia de esta ninfa, de ésta criatura alegre y cruel que me concede dos miserables segundos por teléfono, ya ha caído bajo mis garras, ya sabe algo de mi sensual lujuria. Ella diría, lo apuesto: “te ves todo tierno ahí escribiendo, todo chic y todo pretencioso, todo artista”. Ella conoce mis poemas, pero por los que le dediqué, estoy seguro que alguien me dejaría dar cátedra, me invitarían al púlpito, incluso, ¿quién carajos lo sabe? Se equivocaría de nuevo el gran jurado y me darían otro premio.

babilaer

babilaer


Despierta niño
Las fantasías acabaron
Te busca, ella esta aquí
La única que puede destrozar
Un duce sueño será pesadilla,
La que te golpea y mata,
La que ya no se puede cambiar,
La que no le puedes ver la cara
Por la temible imagen que vez,
¿Porque no la quieres recibir?
¿Te recuerda en la miseria en la que estas?
Ahora tus manos tiemblan
Y quieres escapar
La cita programada esta
No la puedes cambiar,
Atemorizado estas
No puedes escapar…
Podrás volver a soñar,
Puedes seguir teniendo ilusiones
Caerán fulminadas,
Las escusas no importan
Que caigas y que te veas,
El reflejo en el espejo
La claridad te asuntara
Alguien lo limpio
Todos tus sueños acabaron niño
Ahora eres viejo
Y la vida te espera
Ella tiene hambre,
Le gusta desgajar
Carne fresca su favorita;
Tratas de escapar
Gritas por piedad
¿Que harás?
Ella te destrozara
Y a la vida te presentara,
Ella a quien todos temen
Ella a quien la llaman
Realidad….

viernes, 7 de septiembre de 2007

Cadenas...

Arrastro con mi mano
la otra mano de un cadáver
y sabemos ambos
(él desde la muerte profunda como el sueño
y yo desde la ilusión),
que no es vida o muerte lo que compartimos.
Con la igualdad cósmica
que él grita desde su pesadilla
y yo desde el agujero de mi sombra con sombrero
que pulula sola en la avenida,
hemos venido a dar aquí juntos
para certificar que la fantasía
es el abrevadero de la conciencia humana
atorada en el deseo:
la muerte y su reverso: voz, respuesta o alegría.
Quizá...
Mas lo arrastro y no me canso, me conduelo.
Su mano que rodea a la mía lo delata,
quizá él en vida perteneció a mi tierra,
lloró, bebió y amó al parecer igual que yo, pero yo no lo conozco.
Estoy obligado a no mirarlo.
Quizá es mi hermano, mi padre o el viejo
que soldaba fierros a la vuelta de la esquina,
cuando el sol resplandecía en las aceras y el olor a comida y carbón atraía a las familias a sentarse en los comederos
dispuestos por toda la calle, inconmensurable.
La mano de éste cadáver pesa poco,
soy yo el que con mis pasos me voy perdiendo,
no sé si por locura, orfandad o miedo,
pero aquél recuerdo lejano de mi calle y aquél viejo,
un beso de mi ex novia,
la galaxia que dibujaba en el pizarrón mi maestro,
o el cuento desmadrado que todavía no acabo,
me hacen dudar si arrastro o soy yo el arrastrado.

Marcos García Caballero

Bienvenida

A modo de editorial.
Hápax poético pretende establecer un vínculo entre poetas y el público lector de poesía. Pero también pretende establecer un vínculo entre los poetas mismos. Aquí se podrán leer poetas viejos y jóvenes, ortodoxos y revolucionarios, rigurosos y no tan disciplinados, publicados y publicables. Sin embargo no sólo se podrán leer sus textos poéticos, sino que, en la sección de comentarios, se podrán leer sus odios y afinidades, sus gustos y pareceres poéticos; no les sorprenda si acaso encontrasen un poeta despedazando al otro que se defiende a ultranza, y tampoco les sorprenda encontrar poetas que no publiquen más de un texto al año. Otros más, quizá, se contenten únicamente con publicar sus poéticas o algún ingenioso divertimento literario. En fin, Hápax poético pretende ser una ventana más para la lectura poética contemporánea en nuestro idioma (y por qué no, tal vez en alguna otra lengua).