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*Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones




sábado, 30 de enero de 2010

Amnesia Einar Salcedo


Amnesia

Últimamente me recuerdo de las últimas cosas,
ayer me acordé de las palomas,
hoy me acuerdo de lo mismo
y mañana plantaré un cartel con tu nombre
con colores vivos
y una voz profusa
que me hable de ti
para recordarte de nuevo
en las alas de las palomas
y en la voz de los transeúntes
ahí abajo
que se atropellan sobre el cemento
que es
carne viva y herida virulenta.

Ya no recuerdo lo que dije
ni la noche en que dormimos juntos
el sueño se escapó de la prisión de mis p e s t a ñ a s
y un sapo coqueto quiso ser príncipe
pero regresó
ignorado
a su pantano.

¿Dónde estamos?
dijo la mañana.

Einar Salcedo


Este es mi favorito de Einar Salcedo colaborador de nuestro blog ojala pronto publiques más que hacen falta letras para devorar.

delirios del gozo

Mírenme como el gran poeta,
Títulos colgados tras la puerta..

Versos calificados e instruidos,
Ajustados , violados y vendidos.
Yo soy el gran bardo erudito,
De la inspiración no necesito,
Sangrada alma silenciada
Jodidamente quebrada…

Desearía evaluar mis latidos
Quisiera hablar con pasión,
Mis labios y mi corazón están perdidos,
Dablemente maltrechos y empeñados.
Esclavo de mí fermentada lengua
Rondo extinto junto con mi linaje,
No tomamos del ceno de una madre
Sin frio ni calor y sin ningún padre..,

Hablo desolado sin sentirlo,
Un muerto sin saberlo,
Odios cocinados sobre la tumba hervidos
Hígados acuchillados por el ego excitado,
Maltrechos del sonido,
Silenciados
En la noche,
Secos y podridos..
Me preguntan ¿Dónde?,
Pero…
Donde fue ya no estuve,
Y donde estuve nunca fue.
Lugares afligidos,
Lugares comprados,
Lugares silenciados,
Por aquel, por éste.
Aplausos suprimidos
En memorias limitadas
Donde existí…

viernes, 22 de enero de 2010

Diablos enamorados

De por sí no veo

Diablos enamorados

Ellos fueron atenuados,
Jadeantes y amargados
Miran sus venas desgarradas
Tras su pecho no hay fervor,
Sombras de alas destrozadas…

Sangran y se consumen,
Infectos del corazón,
Abren las puertas
Predicando amor,

Niña donde están mis espejos
Buscare mis quebrados ojos,
Se escuchan al rodar
¿Puedes ocuparlos?...
Solo vuélvelo a susurrar
¿Porque no vienen a jugar?...
Envenados por el silencio o,
Confundidos por el alcohol…

Ellos buscan mendrugos de carne
Aspiran consumar sus vestidos,
Para de las estrellas resbalar
Desnudos suelen marchar,
El crujir de sus huesos
Habla de su andar,
Mentes llenas de diablos,
Ansían Ángeles para mirar,
Y desde la luna los contemplan…
Enamorados de su volar,
Codician poderlos violar,



¿que demonios es este color verde en el blog?

De por sí no veo...

sábado, 16 de enero de 2010

Corazón de tambor

Corazón de tambor
Por: Caleb Olvera Romero


Tú eres toda la fiesta que necesito.

Cesaron los tambores y la fiesta terminó para los otros, sin embargo, ahí en medio de un aquelarre de borrachos construimos nuestra fiesta. Que otra cosa se podíamos hacer si en nuestro pecho comenzaba el tambor a sonar, y nos convocaba a deshacer los olores de la habitación donde nueve almas, no más, fingían estar dormidas en espera del final de una batalla. Ninguno de los dos trato de hacer literatura, simplemente me acosté y te llame a mi lado, tu acudiste suave como quien regresa de misa y cree que ya no tiene pecados, en el fondo, esa lentitud siempre es pontifica, te movías lenta, apoyando tu peso de un lado a otro, con un vaivén como los buques en alta mar, o quizá solo era mareo de alcohol. La eternidad nos petrifico y comenzó la espera de la arquitectura, sabíamos que en ese momento sólo los edificios se animaría ha andar desnudos en las calles, así que esperamos a que se cumpliera ese deslizarse suave, esperamos a que pusieras tu cabeza sobre mi pecho y te acurrucaras, esperamos a que ladearas la cabeza solo para dejar tu boca al alcance. Esa boca de azafrán y esquizofrenia, ese tonto reír de quien no comprende de filosofía, de quien solo posee su magia y su lencería. Tú no necesitas más saber que el recuerdo de un viaje y armada con nada más que eso, puedes desafiar hermosamente al mundo. No necesitas más conocimiento que una simple manera de ponerte de pie y montarte en mí, para hace de ese gesto una oración un ashram, nos extrajimos del tiempo, pudimos haber permanecido así, por días enteros, sin necesidad de movernos, sin pensar, dejando que la voz saliera de la profundidad de la oscuridad, una voz tersa, un poco endemoniada, quizá solo fue el vino, quizá solo fue el viento, quizá solo un ínstate de ingravidez dentro de un torrente, dentro de una corriente envenenada. Comenzó la danza, el tambor dio su primer redoble, un ligero ritmo nos impedía dormir y busque tu boca que respondía a la danza, danzamos, así, sin prisa ni pena, un sagrado oficiar de misa, un rito, yo comencé a buscar a dios en tu cadera, desenrede los misterios del mundo cuando libere tu pecho, y comí durante días enteros el prana de tu aliento, tu mantenías ese oficio de penumbra, un método terapéutico, una excitación que avanza así, despacio, que construye con caricias un templo, un monumento a la angustia. Por ti esta hecha la música, y en la música es donde más suavemente resplandece la ansiedad, la verdad del instante, de una eternidad de tras de la cual se esconden un ser idéntico a sí mismo, formado por retazos inentendibles de muchas tradiciones, mezclado con leche y miel dentro de una copa que resuena cual guerrero. El ritmo añora una realidad que nunca hubo, que no habrá jamás, que sin embargo inventas. Por que el tambor crea con la humillación al ser, arranca de la nada las lagrimas, arranca de la nada a la misma nada y la trasforma en ritmo, en danza, en frenéticos movimientos, en voluptuoso beso. La luz misma se sintió avergonzada y se hizo aun lado cuando comprendió que estábamos yogando, las lámparas, los colchones, los olores, el reloj mismo sintió ganas de ahorcarse. Nunca hable de Turguéniev ni Caravaggio, a quien le importaba ya la religión o la música. Tú tampoco quisiste abrir la boca más que para recibir mis embates. Sabíamos de nuestro mutuo desconocimiento, yo de ti quería conocer tu triste historia, tu navegar por un mundo así, sin rumbo, y tu querías un salvoconducto para hablar con el dios loco que golpea dentro de mi cerebro. Ya no sufrimos de recuerdos, nos desvestíamos de julios y amarrillos, dejábamos atrás nuestra historia para arrancar casi de cero, un horizonte desprotegido, par estar desnudos ante las estrellas. Pero incluso así, yo estaba más protegido que un caracol o una tortuga, tu eras mi armadura, me desvestía de historias y me cubría contigo, te desnudada ante los ojos de los insectos, te presumía ante el polvo. No sabría como llevarte a nuevos juegos, y tú me besabas como besan los locos en cautiverio. Esa fue una noche santa, una noche en que por detrás de ti, mordí tu espalda, en que me aferre a tu boca aún con sabor a borrachera y me deje llevar por tu silueta hasta un ritual que desconocía, hasta una región donde los dioses ya no sueñan. Pero tu guerrero como todos lo guerreros me reclamaste el dolor que nunca te induci, y olvidaste la comunión por un instante, y esperaste de mi, mi muerte, y cuando llego nunca la besaste, viviste en mi casa sin conocer al habitante, por ello el moho palideció y apareció el reclamo que esperaba mi aniquilación. Pero soy culpable, señores del jurado, soy culpable de que me llamen Job y por eso te lleve al cadalso, como quien conduce a un ahorcado al patíbulo, pensaste que te desnude y en cambio protegía tu desnudes con una horca, te devolvería al mar, y en al mar haría una fiesta. Te doble y te bese como se besa a alguien a quien quieres arrancarle los ojos, sacarle el alma. Como quien besa por primera vez a una colegiala. Doble tu cintura y me ofreciste tus envenenadas metáforas, tus axiomas escindidos, y así, en cuclillas, me serví de ti como si fueras un altar, he hice de tu vació un cáliz para beber el vino que se trasformaría en sangre. Puse tu cabeza hacia el sur, encendí las velas y recé como quien reza para un exorcismo. Pero fue un oficiar fúnebre, una mezcla entre carnaval y apocalipsis, una mezclar entre tu alegría y mis ganas de estrangular las estrellas. Ninguna puta enferma ha llegado al lugar donde los dos llegamos, ninguna se ha podido trasformar en constelación, en suave suspiro, en caricia helada y desafiante. Pero entonces, tu pecho me dejo ver la verdad de la vida, una eficacia de guerrero embravecido, un montar a un toro salvaje, así, sin miedo, sabíamos de antemano de la caída. Pues sólo el que conoce de toros a los toros se atreve, solo un hermoso guerrero puede hacer resonar su caracol de siniestra arquitectura, y sacarme el corazón y levantarlo, yo, arqueando mi espalda levantaba tu cuerpo, pero tu tenias mi corazón entre tus puños, comenzó el mar a desbordar sus aguas, a reventar en los diques de tos ojos que nunca se derraman. Los esternones y convulsiones de nuestros cuerpos, por momento nos dieron miedo, algo superior a nosotros pasaba por nosotros y no éramos capaces de contenerlo, explotaba en contorsiones grotescas, en quejidos casi dolorosos, y bese tus triángulos de ceniza y bebiste mi agua rancia y el sol salio en el horizonte, pero ya estábamos los suficientemente lejos.


El uno del otro, como las estrellas y el día


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Kry KK2a

domingo, 10 de enero de 2010

Hoy en la Jornada Semanal- domingo 10 de enero 2010

Ser vendedores de cultura
Federico González Compeán-

En este intento por reflexionar entorno a la economía cultural, deseo partir de una sentencia aparentemente sencilla. Si no somos capaces de generar que la gente pueda vivir de lo que culturalmente produce, poco incentivo va a tener para seguir haciendo lo que hace. Y más aún si pensamos en los miles de jóvenes que, en pleno proceso formativo, requieren de encontrar sus nichos de trabajo.
En contrapartida, está el consumidor, el público. ¿Qué mexicanos están generando los grandes educadores del país: la Secretaría de Educación Pública y los medios masivos de comunicación? Percibo que no nos están entregando mejores mexicanos; diría que hay una pauperización de las conciencias, de la gente. Y ello influye de manera determinante en los consumos culturales y en la activación de los circuitos productivos que suponen. Lo que queda claro es que en la medida en que la educación mejore, tendremos una sociedad capaz de darle más impulso a la cultura a través de su creación, de su disfrute, de su consumo y, con ello, que brinde opciones de trabajo y de vida. Estoy convencido de que pese a las condiciones adversas que enfrentamos, tenemos mucho que hacer, hay mucho espacio, mucho donde crecer, donde hacer nuevas cosas.
Hay muchos países dentro de México. Existe un gran sector social que debe acceder a bienes y servicios subsidiados, y otro que puede pagar, que puede destinar un presupuesto para comprar un boleto de U2, un libro, una película. Pero deberíamos ser más vendedores, lo digo en el mejor sentido de la palabra. Necesitamos de más difusión para alentar los consumos, sean productos o bienes generados por instituciones públicas o empresas. La postura, al final de cuentas, es hacer sustentable un quehacer de enormes potencialidades para el desarrollo de México. Las expresiones culturales, desde donde sean generadas, son manifestaciones culturales del país. Mucho se dice que nuestra diversidad es parte de la grandeza de la nación.
En el escenario que vivimos es claro que el Estado tiene poca capacidad de respuesta y siempre se ve rebasado por las demandas, y por ello no estamos haciendo cosas nuevas en el campo cultural. Tardamos tanto tiempo en tomar decisiones, que la realidad nos rebasa. Por eso debe haber intervención de numerosos agentes en la economía cultural. Pugnar por un sector diversificado. De ahí la importancia de alentar a las empresas y a los emprendedores culturales.
Celebro esta oportunidad de reflexionar y a la vez polemizar sobre un asunto nodal para el futuro de la nación.

jueves, 7 de enero de 2010

El pan del mundo

Aquel esquizofrénico
Aquel esquizofrénico dejó abierta la llave de la regadera
para calentar su cuarto y lo inundó el vapor del agua.
Lo miro por el ojo espía de la puerta;
la densa niebla cubre su cuerpo mientras que él mira hacia el infinito,
su yo se ha disipado en algún recuerdo lleno de gracia,
porque reía, y era de temer su dicha.
Cierro la imagen y me apartó.
Un peso ha caído en mi ser.
Puedo exagerar, pero es así, algunas veces cuando escribo,
también la vida se me cae de las manos.
Podemos creerlo o no, pero me basta un momento
para extender mi mano y sentir las voces,
desnudas voces, diluirse entre mis dedos;
son las palabras cortadas por la ausencia,
como la prisa de los que buscan su rostro verdadero
y nada encuentran,.
sino las verdades de nuestro tiempo, pulverizadas.
En mi mano sopeso el valor de un siglo
¿ Qué nos queda al desconfiar del aire que respiramos?
¿Al desear a la mujer contagiada?
¿Al quedar al cuidado de nuestra mirada solitaria?
Mientras llego a mirar las carnes infantiles del delirio,
yo, a penas si encuentro mi alma.


SERGIO VICARIO

Existe un ser taciturno en el edificio,
un hombre casi monstruo adicto al pensamiento.
Sus ojos en llamas calcinan el mundo,
si éste lo obliga a salir de su guarida.
Es un loco que forja y vigila su palabra
como quien pastorea un rebaño de fieras.
De temperamento atado, casi tiembla,
porque más que un sentimiento o una pasión
es un torbellino de ideas.
Cuando camina, dicen que arrastra cadenas
de un silencio que a todos inquieta:
los niños suspenden por un momento su risa,
las jóvenes contienen la respiración y ocultan los senos.
Los adultos lo evaden y dicen que es una sombra
de la belleza.
Sólo un loco pordiosero lo saluda, no tiene dientes ni casa,
vive con una botella en el parque de la esquina,
y le grita. !Adiós maestro, que viva la guerra!

miércoles, 6 de enero de 2010

Sergio Vicario

ha publicado poesía, cuento y ensayo en los periódicos El financiero, El sol de México y en las revistas mundo celular y natura, donde ha sido coordinador editorial. Ha publicado en Tierra adentro su primer libro de poesía, Barítono de luz, (2000), Humanoa-eva en la memoria (2008) es un poemario extenso dedicado a la mujer con una visión cercana a la ternura. El lado íntimo y vital que las hace Ellas.




Paria
Sucio me encuentro,
en el río de calles despostilladas de toda razón,
manchadas por la negritud de su hora
que deja la hoguera de los días.
Calles deslavadas de sol
donde pululan seres incrédulos de su imagen,
yo, como ellos, soy
el vértice de la condición humana.

Vestido, al igual que una persona extraviada en su cuerpo,
en su mente poblada de imágenes inciertas.
Acaso, soy un paria desterrado de la bondad de unos labios,
arrojado a mi posición fetal, y hecho un ovillo de tiempo;
quizá, soy gestado por una ciudad pronta a dar a luz
a su criatura milenaria,
a su ser inmortalizado en el suelo.

-del poemario El pan del mundo.