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miércoles, 28 de enero de 2015

BREVE ELOGIO DE LA LECTURA...



Es ya un lugar común recurrente decir que en México se lee demasiado poco. Y, por otro lado, no faltan los entusiastas que buscan demostrar lo contrario. Y no les falta razón: las ferias de libros abundan y se expanden, y por ejemplo, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en su año de 2012 contó con más de 700 mil visitantes y la venta total de libros sumó la cifra de 38 millones de dólares. ¿No es esperanzador? Datos como estos también los hay en abundancia en el periodismo escrito, que día con día, le sigue gritando y sugiriendo al mexicano: “¡Qué tal si  de una vez te pones a leer?”. Tal vez la verdad respecto a la lectura en México no haya cambiado mucho: se lee poco, pero efectivamente la tendencia está a favor de la lectura, y generacionalmente también. Y no me refiero a que  solamente se lea  literatura, sino todo tipo de libros como manuales de cocina, atlas historiográficos, libros de divulgación científica, etcétera. Pero el lugar común sigue sosteniendo su verdad: México es un país de iletrados, consumidores de coca-cola, sabritas y grandes dosis diarias de televisión junto al dinero gastado para el tiempo aire del celular.
No hace falta ser muy avezado para notar que la literatura tiene muchos competidores en la actualidad. Cuando la gente tiene tiempo libre, va al gymnasio, al hata-yoga, convive con los amigos, escucha música, hace salidas al cine, utiliza los videojuegos, se distrae con  internet, hojea  el periódico y… ve televisión (en promedio cada vivienda en México, posee 1.7 televisores, lo que representa casi 48 millones de aparatos en el país según datos de Consulta Mitovsky en su boletín electrónico 522, marzo 2014). Y además de ésta competencia, la literatura tiene que competir con la mala literatura: los libros de autoayuda, desde brujería para encontrar al amor de tu vida, hasta para hacerse multimillonario, los  cómics de mal gusto que apuntan a la degradación de la persona, etcétera. Y aún más: la poesía compite con las revistas de todo tipo, las novelas con las telenovelas, el ensayo contra la opinión de los miles de expertos que se extienden en todos los campos, los cuentos literarios igual contra todo eso y más, pero todo mundo en el fondo quiere seguir al tanto de buenos cuentos que se pueden dar hasta en forma de anuncio comercial, o abusivas réplicas de cuentos hechos tira cómica, además de esa literatura tartamuda que  es el Facebook y algo parecido la llamada blogósfera en la que se encuentra de todo, menos una obra maestra y que se parece más al chillido del periódico mural infantil lleno de chismes y auto referencias que algo parecido a una columna periodística seria. 
Además somos el primer país en cuanto a la industria de la pornografía y la trata de personas. (Por no hablar de los Grandes Problemas Nacionales, entre los que poderosamente destaca la educación: sin educación nadie se queda, el problema es ¿quién te va a educar? ¿el vendedor de drogas? ¿el compañero de juerga en el antro? ¿la televisión? ¿o el maestro o las novelas de Carlos Fuentes?) Simplemente, si ésta situación se revirtiera y la gente hubiera leído Pornografía de Wiltold Gombrowicz, estaríamos echando las campanas al vuelo pues seríamos un país de facinerosos y chismosos cursis, pero cultos, en el sentido extenso de la palabra. Es curioso, pero mucha (la mayoría) de la gente no lee por la flojera que le da ese sencillo acto de concentración del que no está probado científicamente que mejore la inteligencia, sino que los expertos lo recomiendan sencillamente por la felicidad y el placer que causa. (Aunque a la larga se vuelva un asunto más complejo) Y también en contra de esa flojera han existido respuestas como los audio-libros del FCE o la UNAM. De esa manera, yo he sabido de gente que en un viaje de carretera, se aprende cuentos, fragmentos de novelas y poemas de autores literarios de primera línea. ¿Pero para cuántos alcanza éste beneficio? Un nuevo libro de un autor consagrado, digamos, como Fernando Savater, alcanza 7 mil u 8 mil ejemplares y eso porque ya es consagrado y seguramente venderá. Autores mexicanos, además de que el mercado impone en nuestro país a autores españoles como Carlos Ruiz-Zafón (un inelegible, para mi gusto), o autores norteamericanos o Murakami, entonces el autor mexicano venderá 2 mil o 3 mil ejemplares… con mucha, mucha suerte y si se acaban las existencias en bodega.

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