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*Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones




martes, 3 de septiembre de 2013

GAJES DEL OFICIO: ERNEST HEMINGWAY

En Ernest Hemingway, sobre el oficio de escribir
(Publigrafics, 1989), el periodista Larry W. Phillips
reunió fragmentos de artículos, libros y cartas del
escritor norteamericano en los que expuso sus ideas
sobre el ejercicio de la escritura.

Los buenos libros se parecen en que son más ciertos
que si hubiesen sucedido de verdad y en que, cuando
terminas de leerlos, sientes que todo te sucedió y
después, que todo te pertenece: lo bueno y lo malo, el
éxtasis, el remordimiento y el dolor, la gente y los
lugares y cómo estaba el tiempo.

*

Cuando empiezas a escribir en primera persona, si lo
haces de manera tan real que la gente lo crea,
entonces los lectores piensan casi siempre que tus
historias te sucedieron de verdad. Eso es natural
porque, mientras elaborabas, tuviste que hacer que le
sucedieran a la persona que las contaba. Si lo haces
bien, logras que la persona que las lee, crea que las
cosas le sucedieron a ella también. Si puedes hacerlo,
empiezas a conseguir lo que pretendías, que es hacer
la historia tan real, más allá de cualquier realidad,
que llegue a ser parte de la experiencia del lector y
parte de su memoria. Habrá cosas que no registró al
leer la historia o la novela; que, sin que se diera
cuenta, entraron en su memoria y experiencia; de modo
que forman parte de su vida. Lograrlo no es sencillo.

*

[…] seriedad absoluta en lo que se escribe, es una de
las dos necesidades categóricas. La otra, por
desgracia, es el talento.

*

Creo que uno escribe básicamente para dos personas:
para uno mismo, tratando de hacerlo absolutamente
perfecto, o si no, maravilloso. Después uno escribe
para la persona a la que ama, lo mismo si ella puede o
no puede leer o escribir, si está viva o muerta.

*

[…] Tengo que escribir para ser feliz, me paguen o no
por ello. Pero es una enfermedad infernal haber nacido
así. Me gusta hacerlo. Lo cual es aún peor. Eso
convierte la enfermedad en un vicio. Además, quiero
hacerlo mejor que nadie lo haya hecho, lo cual lo
convierte en una obsesión. Una obsesión es terrible.

*

No hay reglas sobre en qué consiste escribir. A veces
llega fácil y perfectamente. En otras ocasiones es
como perforar roca y después hacerla volar con
dinamita.

*

La cosa más difícil de hacer en el mundo es escribir
prosa del todo honesta sobre seres humanos. Primero,
hay que conocer el tema; después, hay que saber
escribir. Ambas cosas toman una vida aprenderlas…

*

Cuando la gente hable, escucha absolutamente todo. No
estés pensando en qué es lo que vas a decir. La
mayoría de la gente nunca escucha. Ni observa. Tienes
que entrar en una habitación y, al salir, saber todo
lo que viste allí y no sólo eso. Si esa habitación te
produjo cualquier sentimiento debes saber exactamente
qué fue lo que te lo produjo. Inténtalo como práctica.
Cuando estés en la ciudad, sitúate afuera del teatro y
contempla cómo difieren las personas por la manera en
que salen de los taxis o automóviles. Hay miles de
maneras de practicar. Y piensa siempre en la gente.

*

Desde que empecé a romper todos mis escritos, y a
salir de todo facilismo e intentar crear en lugar de
describir, escribir fue maravilloso. Pero también fue
muy difícil, y no sabía como escribir algo tan largo
como una novela. Con frecuencia me tomaba toda una
mañana de trabajo escribir un párrafo.

*
Mi actitud hacia la puntuación es que debe ser tan
convencional como sea posible. El juego de golf
perdería mucho si se permitiesen los mazos de críquet
y los tacos de billar en el césped. Debes demostrar
que puedes hacerlo mucho mejor que nadie con las
herramientas normales, antes de conseguir la licencia
para incorporar tus propias mejoras.
*

Después de un libro, me siento emocionalmente
exhausto. Si no lo estás es porque no has transferido
del todo la emoción al lector. En fin, eso es lo que
me sucede a mí.

*

Detente siempre mientras vayas bien y no pienses más
ni te preocupes por lo que estás haciendo, hasta que
empieces a escribir al día siguiente. De esa manera,
tu subconsciente trabajará todo el tiempo. Pero, si
conscientemente piensas en ello o te preocupas, lo
aniquilarás y tu cerebro estará cansado antes de
empezar. Una vez que estás dentro de la novela, es tan
cobarde preocuparse por poder continuar al otro día
como preocuparse de tener que entrar en una acción
inevitable. Debes continuar. Por lo tanto, no tiene
sentido preocuparse. Hay que aprender eso para
escribir una novela. Lo difícil de una novela es
terminarla.

*

Lo ideal es leer todo, desde el principio, corrigiendo
a medida que avanzas; después, continúas donde te
detuviste el día anterior. Cuando [el texto] se ha
vuelto tan largo que no puedes hacer eso, regresas
cada día a los dos o tres últimos capítulos; luego,
cada semana lo lees todo desde el principio. Así
consigues que el conjunto salga de una pieza.

*

En general, nunca leo nada antes de escribir por la
mañana, para intentarlo solo y morderme la vieja uña
sin ninguna ayuda, sin ninguna influencia y sin nadie
dándote un ejemplo maravilloso o mirándote por encima
del hombro.

*

Como ves, es muy duro hablar o escribir de lo propio,
porque si es bueno tú mismo sabes qué tan bueno es,
pero si te lo dices a ti mismo, te sientes como una
mierda.

*

Si escribes a mano, tendrás oportunidad de darle [al
manuscrito] tres miradas distintas, para comprobar si
el lector está captando lo que pretendes. Primero,
cuando lo lees; luego, al mecanografiarlo hay otra
oportunidad de mejorarlo; y, otra vez, en la prueba.
Escribir primero a mano te da un tercio más de
posibilidad de mejorarlo. Es decir, 0.333, que es un
muy buen promedio para marcar aciertos. También lo
mantiene fluyendo durante más tiempo, de modo que se
puede mejorar más fácilmente.

*

Despierto alrededor de las siete y media, desayuno, y
a las nueve estoy trabajando; y en general, trabajo
sin parar hasta las dos de la tarde. Después, hasta la
hora de trabajar al día siguiente, es como vivir en el
vacío.

*

Cuando escribo, tengo que moderarme haciendo el amor,
pues las dos cosas marchan con el mismo motor.

*

No te preocupes por las palabras. Lo hago desde 1921.
Siempre las cuento cuando termino y bebo el primer
whisky con soda. Supongo que adquirí el hábito
escribiendo despachos. Solía enviarlos desde lugares
donde la palabra costaba un dólar y cuarto, y tenía
que hacerlos muy interesantes por ese precio o era
despedido.

*

Mi entrenamiento consistía en no beber jamás después
de la cena, ni antes de escribir, ni mientras
escribía.

*

He bebido desde que tenía quince años y pocas cosas me
han dado más placer. Cuando trabajas duro todo el día
con la cabeza y sabes que debes volver a hacerlo al
día siguiente, ¿qué otra cosa mejor que el whisky
puede cambiar tus ideas y hacer que continúen en otro
nivel?
*

Escribir, en el mejor caso, es una vida solitaria. Las
organizaciones para escritores son un paliativo para
la soledad del escritor, pero dudo que mejoren sus
escritos. El escritor crece en estatura pública a
medida que derrama su soledad, y con frecuencia, su
trabajo se deteriora. Para hacer su trabajo a solas y
si es un escritor lo bastante bueno, debe enfrentar la
eternidad, o la carencia de ella, cada día.

*

La prosa es literatura, no decoración de interiores, y
el barroco ya es anticuado. Un escritor que pone en la
boca de personajes construidos artificialmente sus
propias reflexiones intelectuales, mismas que podría
vender a bajo precio como ensayos, aunque son más
remuneradoras cuando aparecen como gente en una
novela, quizás hace un buen negocio, pero no hace
literatura. Las personas de una novela, no los
personajes construidos con habilidad, deben ser
proyectadas desde la experiencia del escritor, desde
su conocimiento, desde su cabeza, desde su corazón y
desde todo lo suyo. Si tiene tanta suerte como
seriedad y las resuelve por completo, las personas
tendrán más de una dimensión y perdurarán por mucho
tiempo.

*

[…] Revisé toda la Biblia [para conseguir un título]
en una edición bastante buena y al encontrar ese gran
libro que es el Eclesiastés, lo leí en voz alta a todo
el que quisiera escuchar. Pronto me quedé solo y
empecé a maldecir la dichosa Biblia porque no tenía
títulos —aunque hallé la fuente de casi todos los
buenos títulos que se escuchan. Pero los muchachos,
principalmente Kipling, habían estado allí antes que
yo y se llevaron todos los buenos, así que llamé al
libro Hombres sin mujeres esperando que tenga buena
venta entre los maricones y las muchachas del Vassar.

*

La mayoría de los escritores vivos no existen. Su fama
la crean los críticos que siempre necesitan un genio
de temporada, alguien a quien comprenden del todo y a
quien alaban sintiéndose seguros; pero cuando estos
genios fabricados mueran, ya no existirán.

*

Siempre, toda mi vida he esperado una crítica sensata,
inteligente, ya que escribir es la más solitaria de
todas las ocupaciones.

[Subrayados: Delia Juárez G.]

Tomado del suplemento Crónica Cultural.
 


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