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viernes, 27 de septiembre de 2013

Sobre Iván Ríos Gascón y su último libro Broadway Express



Buenas tardes a todos los aquí presentes. Es para mí un gusto y un honor presentar el último libro de mi amigo Iván Ríos aquí en Aguascalientes, pues debo decir que cuando yo volví a vivir aquí en el año 2006, Iván se encontraba en Nueva York redactando, gracias a una beca, éste libro que ahora él viene a ofrecerles a la feria del libro más grande del estado.

Antes de referirme propiamente a la obra, tenemos que establecer que Iván Ríos es uno de los nuevos protagonistas de la cultura juvenil y de los medios de comunicación en general:  Ya desde 1994  él era locutor de radio en la estación legendaria Rock 101, publicaba en el suplemento cultural de Excélsior y había sacado su primera novela Tu imagen en el viento en la que decodificaba a esos personajes que se dejaban ver en la plaza de Coyoacán como en el Hijo del Cuervo y que tenían pretensiones artísticas he intelectuales. Fue al año siguiente en 1995 cuando yo lo conocí: fui a buscarlo a las oficinas  de Excélsior con 300 cuartillas del borrador de mi primera novela, él me recibió con gusto y nos quedamos de ver en una semana, para mi buena sorpresa, me invitó un par de cervezas con sus amigos y al escucharlo hablar inmediatamente me identifiqué con él, se veía inteligente, profesional y bajo los aires de la locura favorable que han hecho de él un conocedor de cine y música alternativa, literatura de culto, pintura, etcétera. Iván conoce detalles curiosos sobre un variopinto grupo de autores y artistas, por ejemplo del pintor Francis Bacon, de John Kennedy Toole, el celebrado autor de La conjura de los necios, y lo que sucedió después de la publicación del libro;  de Henry Miller y el juicio que  enfrentó  acusado de pornografía por sus célebres y ya clásicos Trópicos, asimismo, Iván es colaborador actualmente de la revista The Rolling Stone en su espacio para reseñas literarias, por ejemplo, ahí apareció una buena nota para recordar a Carlos Fuentes, también Iván mantiene una bitácora en Internet (no les diré la dirección porque está en el libro). En fin, Iván ha logrado ya desde hace tiempo, un estilo propio para sus comentarios sobre la cultura posmoderna y la no tan moderna.

En el año 2004 entrevisté a Iván a propósito de otra novela que él había sacado en el 2003, LUZ ESTÉRIL (editorial Praxis) en la que también volvió a retratar a los jóvenes pretenciosos de excesos de sexo, drogas, alcohol, intelectualismo y anhelos artísticos. Pero ésta novela, cuyo ancestro aparente se encontraría en Gustavo Sáinz, José Agustín y toda la llamada “literatura de la onda”, tal como la definió desde entonces la maestra Margo Glantz, resultaba de inmediato otro tipo de registro, otra visión totalmente diferente; es decir, Iván hurgó en la vida underground de la Ciudad de México en las vidas de los treintañeros de los bajos fondos y de las clases más altas y no había ahí nada que ver con “la onda”, se podría decir que éramos nosotros los retratados, en una historia en la que, curiosamente, la construcción misma de los personajes y sus propios conflictos internos brillaban más que la historia por sí misma: se trataba en esa acertada visión narrativa, de que los jóvenes entendieran a los personajes como sus posibles pares; con toda esa gran exploración interior, Iván no toma recursos prestados a José Agustín, ni siquiera hace mención al  caló propio de la Ciudad de México como otros escritores gustan de hacerlo; más bien reinventa a la juventud porque la onda pasó hace casi 50 años, en cambio nosotros fuimos jóvenes apenas ayer. Y si Iván ya lo había hecho de algún modo en Tu imagen en el viento, en Luz Estéril me parece que logró llegar a una cima con la suficiente tenacidad he inteligencia narrativa que ahora es una obra que definitivamente no puede ser pasada por alto. (Recuerdo que por entonces los comentarios a Iván eran: “¡Qué caray Iván, ya consíguete una novia!” Se lo decían porque el libro es largo, pero además Iván también tiene sus admiradoras).

Y ahora, para que nadie se vaya de aquí sin su ejemplar de Broadway Express, voy a hablar bien del libro: ¿Recuerdan algunos de ustedes La Poética de Aristóteles? Más o menos una de las tantas reglas que el estagirita impone en ese texto clásico a las obras literarias es buscar contar algo creíble pero imposible, en vez de algo posible pero increíble. En lo personal no le hago mucho caso al alumno de Platón, pero Iván lo logra con soltura y amenidad, desde la postura de un narrador omnisciente, crea atmósferas híper modernas salpicadas de glamour, cenas y coktails en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, por decir algo. Sus personajes se enamoran, se embriagan y tienen fiestas en restaurantes donde Robert de Niro es el dueño… Se trata de una obra compuesta al modo de la Trilogía de Nueva York de Paul Auster, o el Quinteto de Buenos Aires de Manuel Vázquez Montalbán en una serie afortunada de relatos entremezclados donde abunda el buen gusto de lugares,  y registros  cercanos a Broadway pero ésta vez los personajes son más vacíos, o algunos buscan la autodestrucción inconscientemente como en el relato Sometihn’ stupid, título prestado de una canción de Frank Sinatra donde se cuenta la mejor parte de una mala noche para mejor olvidar.   Los personajes,   treintañeros ricachos de Nueva York, se ven envueltos en parábolas que dejan entrever el vacío existencial y un poco el sentimiento de orfandad que se vive en las grandes metrópolis sin dejar de mostrar su lado tragicómico y en especial el último relato, para mi gusto el mejor del libro, donde estamos en presencia de una desesperada relación erótica arrolladora que culmina en  algo creíble pero imposible.  Iván deja ver claro, que sus personajes nunca dejarán de buscar el amor o el sexo y el alcohol, pero que el amor a estas alturas es ya casi una utopía irrealizable. Pero ésta mención no debe de entenderse como una falta de exploración en la condición humana: todo lo contrario, quizá esa sea la dimensión trágica que viene anunciando Iván: que la gloria del amor y de la vida buena puede o está cerca de acabarse, como buen creador consciente de su tiempo histórico, Iván Ríos Gascón sabe que el mundo siempre está peor que nunca… y respecto a esos placeres de los que habla, cabría recordar al  filósofo griego Demócrito: “¡Hay que agarrar con las uñas esos placeres que la vida nos va quitando!” Y ¿por qué no? Uno de esos placeres es la literatura de Iván Ríos Gascón.

Muchas gracias  


Marcos García Caballero  22  de septiembre de 2013. Texto leído en las jornadas de la última Feria del Libro en Aguascalientes, México.

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