© ®

Todos los textos son propiedad de sus autores, quienes tienen todos los derechos sobre ellos (¿o será al revés?) y han decidido libremente publicarlos aquí para la difusión pública sin fines de lucro. *Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones



viernes, 2 de junio de 2017

JOHN KEATS; EL MÁS CLÁSICO DE LOS ROMÁNTICOS INGLESES (31 octubre 1795—febrero 21 de 1821)



LA VÍSPERA DE SAN MARCOS

Cayó en un día de sábado;
Doblemente sagrado el toque de sábado,
Que llamó al pueblo para la oración de la tarde,
Las calles de la ciudad estaban limpias y hermosas,
Por todos los chaparrones de las lluvias de abril,
Y, en los cristales de las ventanas del Oeste,
La fresca puesta de sol desmayadamente hablaba
De los inmaduros y fríos valles verdes,
De los setos de verdes espinos sin florecer,
De nuevos ríos con brotes primaverales de juncias,
De primaveras junto arroyos ocultos
Y margaritas sobre escalofriadas colinas.
Doblemente sagrado fue el toque del sábado:
Las silenciosas calles estaban repletas
De graves y piadosas compañías,
Calientes por los fuegos de sus oratorios,
Y, avanzando con aire de recato
Al canto comunitario y la oración vespertina,
Todos los pórticos y los bajos
Estaban llenos de pacientes gentes, lentas,
Con calladas oraciones y los pies arrastrando
Mientras alto y hermoso tocaba el órgano.
Las campanas habían callado, las oraciones comenzado
Y Berta todavía no había advertido
Un curioso cuerpo, remendado y rasgado,
Que durante todo el día, desde el amanecer,
Había tomado cautivos sus ojos
Entre sus brocados de oro;
Perpleja se hallaba por mil cosas,
---las estrellas del cielo, las alas de los ángeles,
Mártires con ardiente resplandor,
Santos azules en rayos de plata,
La coraza de Moisés y las siete
Palmatorias que Juan vio en el cielo,
El león alado de San Marcos
Y el arca de la Alianza
Con sus numerosos misterios
Querubines y ratones dorados.
Berta era una bella doncella
Que vivía en la vieja plaza de Minster;
Desde su hogar podía ver,
Lateralmente en su rica antigüedad,
Hasta la tapia del jardín del Obispo,
Donde los sicomoros y los altos olmos,
Llenos de hojas, el bosque había abandonado,
Que el frío viento del norte nunca marchitó,
Tan refugiados por el poderoso edificio.
Berta se levantó y leyó un instante
Con la frente apoyada en el cristal de la ventana.
De nuevo lo intentó y lo intentó otra vez,
Hasta que la sombría tarde extendió la oscuridad
Sobre la leyenda de San Marcos.
Del campo de rizado césped, fino y delgado,
Levantó su cálida y suave barbilla,
Con el cuello dolorido y ojos errantes,
Deslumbrada con santas imágenes.

Oscuro estaba todo, y todo silencioso,
Salvo de vez en cuando la callada pisada,
De alguien retornando tarde a casa,
Haciendo eco en la verja del Monasterio.
Las Clamorosas cornejas, que todo el día
Sobre las cimas de los árboles y torres juegan,
Pareja por pareja habían ido a descansar,
Cada una en su antiguo nido del campanario,
Donde caen pronto dormidas
A la música de soñolientas campanadas.

Silencioso estaba todo, y todo oscuro,
Fuera y en la habitación del hogar:
¡se sentó pobre alma engañada!
Y encendió una luz con carbón oscuro
Inclinada hacia adelante, con el brillante pelo caído
Y el libro terciado, en contraste con el resplandor.
Su sombra, en difícil postura,
Se reflejaba en tamaño gigantesco
En la viga del techo, como la silla de roble,
La jaula del loro y el panel cuadrado,
Y la angulosa y cálida cortina invernal
En la que se veían muchos monstruos
Llamados palomas de Siam, ratones de Lima,
Aves del paraíso sin patas,
Guacamayos, tiernos Avadavat, (“aves cantoras de India”)
Y gatos de Angora de piel de seda.
Leía sin cansancio, su sombra todavía se reflejaba,
Como si quisiera llenar la habitación
Con extrañas sombras y formas.
Como si una fantasmal reina de espadas
Hubiera venido a hacer burla a su espalda,
A danzar y frotar sus negras vestiduras.
Sin cansancio leía la página de la leyenda
De san Marcos, desde la juventud a la vejez,
En la tierra, en el mar, en las prisiones paganas
Alegrándose por sus muchos dolores.
A veces el sabio eremita,
Con dorada estrella o brillante daga,
Se refería a piadosas poesías
Escritas con pequeñísima pluma de corneja
Debajo del texto, y así la rima
Quedaba dividida de vez en cuando:
----“Como escrbido sine desvío
Han los homes antes que bendecidos despierten
Cuando que sus amicos los piensen undidos
En critas mu metidas bago terra;
Y como uno pequeño ninio deue ser
Uno santo ante sus nascimiento,
Faced que la madre (¡Dios la benediga!)
Quede en solitariedad
Y bese devuota la santa cruce.
Del amor Diuino y la forza de Satán
Él escribió y mucha cosa ma:
De mucho cosa que no uere.
Pero tengoa decir veritas
De la Santa Cecilia
E principalmente que autorizado
De santo Marcos vida y muerte”:

Por fin sus constantes párpados
Cayeron sobre el ferviente martirio,
Finalmente a su santa gloria,
Exaltada entre el brillo de los cirios
En Venecia…

(Inacabado)
1819

No hay comentarios: