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Todos los textos son propiedad de sus autores, quienes tienen todos los derechos sobre ellos (¿o será al revés?) y han decidido libremente publicarlos aquí para la difusión pública sin fines de lucro. *Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones



sábado, 26 de abril de 2014

Un día de Ejercicio -poema aeróbico-



El otro día fui a mi gymnasio
a levantar pesas y usar la escaladora,
mientras lo hacía, pedí una oración
por gente que he admirado
y de la que hace años no sé nada.
Esa podrida música de gymnasio
me daba asco, pero por cierto
que conocí a una mujer junto a mí
que llevaba sus audífonos conectados
al i-phone.
Se negó, aunque amablemente,
a la conversación que yo le ofrecía.
Salí entonces del local,
empapado en sudor, momentos antes,
sin darme yo cuenta
el diablo mío que vive en otro continente
estaba ahí.
Y en la calle le pedí que me recomendara
un libro.
“Lee algo de Scott Fitzgerald”
Respondió.
Caminé cansado hacia mi casa
y el sol comenzó a salir.
Odio ser famoso y que
el imaginario diga que soy el sol
¡el sol en persona?
¡vaya estupidez!
Por tanto, en casa me atacaron los usuales enemigos…
Puse café para mandarlos a la chingada
y le respondí al diablo:
“Buscaré algo, tal vez El gran gatsby”.
Y entonces con estas palabras el mundo se cerró de nuevo.
Y pude seguir leyendo un
gran autor de teoría
del conocimiento…
El café me supo a la sonrisa de aquella
muchacha.
Y el sol brilló inmaculadamente
sobre las páginas,
con ese misterio que encierra
el dar los buenos días cada día.

13 de nov 2013
Marcos García Caballero

miércoles, 19 de marzo de 2014

NO ES TRISTEZA



NO ES TRISTEZA
ES UNA BRUTAL REALIDAD INASCIBLE
UNA BALADA GENERACIONAL

Las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1979 ó 1980 ya tenemos más de 50 años. En más de treinta años de trabajo hemos pasado por dos rectificaciones de errores, un perfeccionamiento empresarial y ahora por el reordenamiento laboral.

Las cubanas y los cubanos que comenzamos a trabajar en 1980, aún compartimos la vivienda con nuestros padres, incluso con nuestros hermanos y sus hijos, o con mucha suerte tenemos un apartamento que compartimos con nuestros hijos y sus esposas y los hijos de nuestros hijos.

Las cubanas y los cubanos que nos convertimos en trabajadores en 1980, somos ahora destacados científicos, prestigiosos profesores, experimentados obreros, condecorados militares, campeones olímpicos, artistas de fama mundial, veteranos de guerras a miles de kilómetros de nuestras costas, pero no desembarcamos en el Granma ni estuvimos en La Sierra. Con esa carencia, nuestro papel ha estado bien claro: trabajar duro, demostrar lo aprendido y agradecer a la Revolución y a sus dirigentes.

Las cubanas y los cubanos que comenzamos la vida laboral en 1980, crecimos y envejecimos, guiados por la misma generación, una generación que enfrentó responsabilidades y retos que van más allá de nuestra imaginación con menos edad que la que ahora tenemos nosotros, y que aprendió y ganó experiencia ensayando en nuestro pellejo por el método de prueba y error.

En 1980, había pasado Playa Girón, la lucha contra bandidos, la ofensiva revolucionaria, la zafra de los diez millones, la ayuda a los movimientos guerrilleros en América Latina y la guerra de Vietnam.

Las cubanas y los cubanos que en 1980 nos estrenábamos como trabajadores, nos habíamos espantado con la explosión de La Coubre, habíamos cantado ¿Pionero soy? y el himno de la URSS, en ruso, en el patio de la escuela.

Habíamos llenado bolsitas de tierra en el Cordón de La Habana, protestado frente a la embajada de Suiza por el secuestro de los 11 pescadores, cortado caña en las frías llanuras de Camagüey y tratado de convertir, más de una vez, el revés en victoria. Pero éramos demasiado jóvenes, nos tocaba trabajar duro, demostrar lo aprendido y agradecer a la Revolución y a sus dirigentes. Nosotros no habíamos desembarcado en el Granma ni estuvimos en La Sierra Maestra.

Las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980, alguna vez fuimos niños que comimos fritas en el puesto de Pancho, tomamos batidos en el quiosquito de Manolín o llevamos a arreglar nuestros ¿colegiales? al viejo remendón de la esquina, con sus espejuelos sujetos con un cordón de zapatos, su busto de Martí en la repisa y su buen trato y mejor servicio. Fuimos alguna vez, niños que llamamos señorita a la maestra, señor al vecino de enfrente y señora a la mamá de nuestro mejor amiguito, pero ello no nos contaminó con las pestilentes miasmas imperialistas, ni nos salieron pústulas en la piel.

Las cubanas y los cubanos que integramos las plantillas en 1980, cantamos Somos comunistas palante y palante contagiados con la euforia de los mayores.

Asistimos a la inauguración de Coppelia, vimos el Salón de Mayo en La Rampa, escuchamos por primera vez al Grupo de experimentación sonora del ICAIC, no entendimos nada de la Primavera de Praga, ni nos grabamos con letras de fuego Hasta la victoria siempre. Aunque, no habíamos desembarcado en el Granma ni estado en La Sierra.

Las cubanas y los cubanos que empezamos a trabajar en el 80, teníamos 30 años cuando Carlos Varela proponía probar habilidad con la ballesta y estuvimos de acuerdo, pero una edición dominical de Juventud Rebelde nos recordó que los niños hablan cuando la gallina mea. Se nos olvidaba que no desembarcamos en el Granma ni estuvimos en La Sierra, lo que teníamos que hacer era trabajar duro, demostrar lo aprendido y agradecer a la Revolución y a sus dirigentes.

Cuando al campo socialista europeo le sucedió lo único que le podía suceder al campo socialista europeo, las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980 teníamos más de 30 años o casi y estábamos listos para reaccionar, y sabíamos que la única salida no era la ¿opción cero? pero no estábamos políticamente maduros, nos faltaba la experiencia del Granma y de La Sierra. Nuestra misión seguía siendo trabajar duro, demostrar lo aprendido y agradecer a la Revolución y a sus dirigentes.

Las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980 (o cerca) ya tenemos 50 años y más de 50 también, y hemos vivido lo suficiente para ver al administrador estatal del ¿quiosquito? que fue de Manolín, hacerse indecentemente rico, como nunca hubiera podido ser Manolín. Hemos visto llenarse los campos de marabú mientras los noticieros nos enseñan postales idílicas de la abundancia. Hemos obtenido una amplia cultura de las desgracias del universo, sin podernos enterar de lo que pasa en nuestro propio municipio. Hemos visto a Hanoi levantarse de las las cenizas de la guerra mientras La Habana se cae a pedazos sin necesidad de un bombardeo masivo.

Hemos visto cómo se convierte el guajiro en una especie en peligro de extinción como las vacas o la caña de azúcar, y cómo el cine convierte a nuestro padre en el personaje ridículo del filme, con su vieja boina verde olivo y sus consignas machaconas en el raído pullover.

Los nietos de las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980, tienen ahora maestros que escriben Habana sin H y campiña con n y que declaran sin pudor no saber dónde nació Antonio Maceo, porque eso no es materia de su grado.

Las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980, hemos visto proliferar pícaros y farsantes de toda laya en todos los niveles y hacer de la consigna un método y de la apariencia un culto: tenemos la mayor micropresa del mundo.

Por eso las cubanas y los cubanos que tenemos 50 años, recibimos regaños en la televisión a través de un anónimo calvito que nos sermonea con fondo musical de La Guantanamera. Cargamos con el Sambenito de las malas decisiones, los caprichos y la megalomanía, y la prensa nos pide ser austeros, comprensivos y desde luego, seguir trabajando duro, demostrar lo aprendido y agradecer a la Revolución y a sus dirigentes.

A las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980, nos toca desde luego, rescatar los albañiles perdidos, los maestros perdidos, la eficiencia perdida, el quiosquito perdido, incluso el respeto al prójimo también perdido cuando la palabra compañero igualó al trabajador y al vago, al adulto y al niño, al genio y al bruto, y sembró en la mente de mucha gente la cómoda fórmula de que todos merecemos lo mismo y no que todos tenemos iguales oportunidades. Y otra vez se nos recuerda que nos toca seguir trabajando duro, demostrar lo aprendido y confiar en la Revolución y en sus dirigentes, porque nosotros no desembarcamos en el Granma ni estuvimos en La Sierra.

Las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980, ahora somos viejos pero somos de mala raza porque no hemos sabido asimilar las enseñanzas recibidas, hemos engavetado los buenos consejos y no hemos dado un solo líder, además de la propensión que tenemos todos a la corrupción y al delito.

El país necesita de los jóvenes menores de 40 se requiere, al menos en teoría, de la sangre fresca, pero a nuestra generación, con sesenta años y un poco más y con unos cuantos años de trabajo todavía por delante, nos tocará seguir trabajando duro, demostrar lo aprendido y agradecer a la Revolución y a sus dirigentes.

Las cubanas y los cubanos que comenzamos nuestra vida laboral en 1980 somos ahora niños viejos, que necesitan una vez más ser regañados y aleccionados por las mismas personas que desde hace más de medio siglo nos regañan y aleccionan, porque hay que tener en cuenta que nosotros no desembarcamos en el Granma ni estuvimos en La Sierra Maestra.
 EL AUTOR DE ESTAS LINEAS
ES EL GRAN ESCRITOR
LENARDO PADURA
Escritor y periodista cubano nacido en 1955. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana, desempeñándose después especialmente como periodista en publicaciones como Caimán Barbudo, especializándose en la investigación. También ha escrito ensayos y guiones para cine y televisión. Es especialmente conocido como escritor de novela policiaca, ganando el 1998 el premio Dashiell Hammet (organizado por la Asociación Internacional de Escritores Policiacos) con su novela Paisajes de Otoño. Esta novela pertenece a su tetralogía de las “Cuatro estaciones”, formada por cuatro obras cuyo protagonista, Mario Conde, es un detective de la policía que aspira a ser escritor. Conde es el protagonista absoluto de estas cuatro novelas (Pasado perfecto, de 1991; Vientos de cuaresma, de 1994; Máscaras, de 1997, y la mencionada Paisajes de otoño) y de dos más,Adiós Hemingway (2001) y La neblina del ayer (2002).

TÍTULOS DEL AUTOR EN TUSQUETS:


Paisaje de otoño
La novela de mi vida
La neblina del ayer
Adiós, Hemingway
Pasado perfecto
Vientos de cuaresma
Máscaras
El hombre que amaba a los perros
Pasado perfecto (MAXI)
El hombre que amaba a los perros (MAXI)
Vientos de cuaresma (MAXI)
La cola de la serpiente
Máscaras (MAXI)
La neblina del ayer (MAXI)
Herejes
Paisaje de otoño (MAXI)
Padura expresa el enorme valor del Arte para revelar lo indecible, para mostrar con finura, el contrapunto desgarrador de la existencia de una realidad inocultable, de un mundo que no existe, de un paraiso que es un infierno y que en el mueren tragados por el fuego una, otra y más generaciones.

sábado, 16 de noviembre de 2013

GRINGO VIEJO...



Ante el escritor Ambrose Bierce se abre el desierto, únicamente desierto atrás o adelante, se acerca una tormenta de polvo enorme en el desierto de Chihuahua, hombre entrado en años, viejo y él solo tiene qué enfrentar a la tormenta sin mayor arma que su caballo y una cantimplora casi vacía del vital líquido, entonces, agacha la cabeza, de pronto, la levanta de nuevo, toma el pomo del caballo y se dice: “Mi destino es mío”. Estamos en la mitad de la novela Gringo viejo de Carlos Fuentes, (Seix barral, biblioteca breve 1985 y 2000). El genio Bierce había profetizado con todo lo posible de profetizar (vgr: “ÉXITO, s. Especie particular de decepción”.), en su célebre Diccionario del Diablo, inclusive sobre el hecho de su misma muerte, que le parecía algo que debía ocurrir en México, según las cartas que dejó a sus amigos en 1913 antes de perderse definitivamente en el México revolucionario, por poner un ejemplo, para él  caerse de una escalera y romperse la nuca, era algo “indigno” como forma de morir. “Ah —escribió en su última carta—, ser un gringo en México; eso es eutanasia.” La novela de Fuentes funciona y se defiende sola porque, como nadie sabe en realidad que fue de Bierce, se abre una parcela de ficción gigante y la especulación sobre su destino hace la suerte de homenaje póstumo y con el debido respeto a la genial figura, cual debe de ser. A pesar de que Carlos Fuentes es novelista del México urbano y moderno, su evocación revolucionaria triunfa por los dos personajes pivotes, Tomás Arroyo (el guerrero revolucionario, macho, misógino e iletrado pero lleno de odio y alcohol, una suerte de Pancho Villa camuflado, ya que en la actualidad se sabe que Villa leía desde muy joven, incluso que el primer libro que leyó fue Los tres mosqueteros) y la amante supuesta de Ambrose Bierce, Harriet, (la norteamericana que desea redimir a los niños mexicanos enseñándoles inglés en una escuela). A mi parecer es una novela excelente. Finalmente el drama al que se ven enfrentados los personajes lo puede ver desde hace ya mucho tiempo, desde 1986, creo, cualquiera que compre o rente la película del mismo nombre.

jueves, 7 de noviembre de 2013

"Devenires fantasmales en la evanescencia" Por Yunuen Martínez Puente...





La enfermedad atisbaba el aire, la poca luz que nos entraba nos lastimaba los ojos. Comenzó la danza.
                                                                                      C. Olvera


Quiero ser como un recién nacido, no saber nada, absolutamente nada de Europa... ser casi un primitivo.
                                                                                     Paul Klee




¿Qué fantasma recorre hoy el mundo?, ¿y qué si el fantasma se vuelca en enfermedad íntima, en enfermedad de las sensaciones?: “¿Qué pesadillas hemos soportado durante la noche para levantarnos enemigos del sol?” (Cioran, 2004. P. 103).
Siento y trato de sentir un mundo enfermo. Un mundo cuya velocidad me sugiere insomnio. Un grito en la noche. Terror.
Quisiera amar el laberinto de la vida, amar incluso el horror. Pero hay siempre detrás un gesto, un susurro que me recuerda que el laberinto que recorro hoy, está dominado por el absurdo. Estúpida rabia humana.
Siento y vivo en la cuerda, preguntándome siempre: ¿cómo saltar al vacío?, ¿cómo no saltar?... Y después el eco: ¿es posible acaso, saltar acompañada?
Yo canto, quisiera cantar, antes que verme enteramente destrozada. ¿Por qué se canta y se baila en la forma, en la línea, en la vibración? Se canta porque al final, también la empatía juega con la violencia entre la mente y el corazón. Porque es necesario comunicar, establecer contacto, posibilitar el encuentro de miradas.
Trato de entender el mundo nuestro y la actualidad se evapora ante mi mirada. Lo actual se evapora. La evanescencia continua no sólo de la noción de realidad, sino de la noción de todo concepto, percepto y afecto, es acompañada de una evanescencia del contacto entre el arte, la ética y la historia. Enfermedad de las sensaciones, en cuanto éstas sufren, desde la acumulación originaria del capitalismo, como efecto de la conquista de América, hasta el vertiginoso simulacro de mundo inaugurado con una explosión: Hiroshima. Silencio brutal de una violencia estúpida forzosamente generalizada en la desesperación de la guerra. El horror de la muerte industrializada, de las pilas de cadáveres en espectáculos callejeros. Esta violencia devastadora de que somos capaces, una vez desatada, es la enfermedad más lamentable y contagiosa. Como lamentable es el hecho de que la intensidad con que la vida se precipita hoy sobre nosotros y multiplica la sensación de vértigo de la modernidad, distorsiona nuestra existencia en una suerte de condición esquizofrénica que nos impide parar a mirar, voltear la mirada y cuestionar la ilusión del pasado; de lo que somos. La vida y el cuerpo, nuestra vida y nuestro cuerpo, han de constituirse en la fugacidad del instante, que crea y destruye paralelamente. En consecuencia, también el arte como reflejo de nuestro cuerpo; de nuestro mundo.
El terror de lo absurdo pudiera inducir al suicidio de la razón. Pero entre tinieblas y “castillos de cristal” hay un mundo subterráneo que puede, incluso, tomar a la bomba y hacer con ella un canto. Evidenciar y ocultar fantasmas. La literatura, el arte, son importantes hoy pues generan en nosotros las sensaciones de un fuego que se mantiene sobre la nieve; de un hierro que amenaza, pero no alcanza a silenciar del todo, el latido del corazón.
Entiendo en Berman una nostalgia. La urgencia de la sensibilidad, del canto, del modernismo. El carácter sensible y romántico de un Marx que confronta los logros, el vacío y la contradicción de toda revolución, funciona aquí como una línea de fuga y como una salud. Nos plantea problemas y nos permite sobrevivir en un mundo posible fuera del hombre: en la figura de un fantasma que lucha por aparecer en la evanescencia. Un fantasma que aparece, paradójicamente, con un Manifiesto que destruye fantasmas. Un mundo donde los fantasmas más que lastimarnos, nos dan fuerza; donde el fantasma mismo es un arte.
Si hoy Marx se olvida o es silenciado, es porque se entiende que capitalismo y comunismo son evanescentes. Y tal vez porque el “socialismo real” se ha volcado contra nosotros. Pero no hay que olvidar que el fantasma que Marshall Berman revela en Marx es una posibilidad, una visión hecha figura, que desde la palabra, invita a reflexionar sobre el mundo como Marx cree que pudiera ser. Sus textos, su modernismo, nos ayudan a indagar en las grandes contradicciones de nuestra condición histórica. Si manejo por la ciudad y veo la pobreza que se asoma, si veo los contrastes que caminan por las calles y chocan y se odian, y el asco de imaginar o pensar en política, ¿cómo puedo intentar entender esto sin Marx? No puedo parar y quedarme a llorar. En la banqueta. Bajo el sol. Porque de nada serviría. No quiero saltar al vacío de la autopista y dejarme morir. También en la vida hay rostros y formas, palabras que hacen figura, que nos sonríen o angustian, pero nos sirven de apoyo.
Y tal vez seguiremos viviendo y luchando a la sombra de un sueño, aprendiendo a gozar su cobijo. Entiendo en Berman una nostalgia salubre, un sentimiento moderno, o mejor aún, modernista. Un modernista que reconoce y busca revelar lo inaprehensible y contradictorio de la modernidad. Y digo nostalgia porque dicho reconocimiento y dicha búsqueda se configuran en pos de un sueño, que gracias a Carlos Marx, es un tatuaje obligatorio en nuestra piel, en la medida en que reste en nosotros el deseo por comprender una gran parte de la cuestión histórica de la humanidad: la que corresponde al trabajo, a la producción, a la sobrevivencia.
Veo en Todo lo sólido la búsqueda de una resistencia, más que la búsqueda de una meta. Berman abre la posibilidad, construye un puente para aproximarnos al sentimiento contemporáneo de la aporía. Un sentimiento como bloque de sensaciones enfermas que, inmersas en la culpabilidad de su propia podredumbre, en las ganas inmensas de arrancarse los ojos y pagar así los crímenes de la razón, no cesan de buscar, aunque lo que busquen sea la fuga misma, o al menos, una máscara de cinismo con que mirar al vacío.
Todo lo sólido me invita a buscar el acompañamiento en la evanescencia, incluso a buscar ahí, en su fugacidad, una suerte de ética de las sensaciones que pueda volar, transportarse en el aire, en la ráfaga de nuestros días sobre días. Una ética en la figura, en el color, en esa ausencia de mundo que, paradójicamente, es uno de los últimos resquicios habitables. Una ética que posiblemente busque el olvido de Europa, de su vacío y su evanescencia, con el recuerdo de “la flor y el canto”.




Bibliografía

Berman, M. (2011). Todo lo sólido se desvanece en el aire. México: Siglo xxi editores.

Cioran, E. M. (2004). Breviario de podredumbre. España: Punto de lectura.

Deleuze, G. (2009). ¿Qué es la filosofía? España: Anagrama.

Dorra, R. (2005). La casa y el caracol. México: Plaza y Valdés.

¾¾ (2002). La retórica como arte de la mirada. México: Plaza y Valdés.

León-Portilla, M. (2006). Quince poetas del mundo náhuatl. México: Editorial Diana.

Lipovetsky, G. (2009). La felicidad paradójica. España: Anagrama.

Marx, C. y Engels, F. (2008). Manifiesto comunista. Cuba: Editorial de Ciencias Sociales.

Olvera, C. (2009). Génesis de la indignación. México: Instituto Cultural de Aguascalientes.

lunes, 7 de octubre de 2013

RETRATOS DE URUK- Autobiografía Poética. Pablo Vargas Ángeles



LA GRAN URUK QUEMA LOS CUERPOS

Quisiera desaparecer

silenciosamente desaparecer

Dejar la vida dejar la tierra

Todo es abrumador

La gran Uruk quema los cuerpos

Las gargantas de los seres son fuego

Me arden estas piernas y me pesan

me arde la garganta

Mal se come se duerme se vive aquí en Uruk

¿Qué trabajo y qué amor?

La paz y la contemplación no son de Uruk

Tal vez está cerca un Incendio devastador

O tal vez Uruk estará aquí

Dos mil cuatro mil Seis mil años como un Infierno glorioso

Y nadie que me lea verá el derrumbe de Uruk

Quisiera desaparecer silenciosamente desaparecer

Dejar la vida dejar la tierra

Es abrumador todo

La gran Uruk quema los cuerpos

Las gargantas de los seres son fuego

¿Quién vive en la Uruk milenaria y sin gobierno?

Prostitutas ricos esquizofrénicos sicarios enamorados narcisistas pobres enajenados revolucionarios abandonados psicoanalistas y poetas

¿Y de qué pueden escribir los poetas de Uruk?

En algún tiempo fueron guía para el espíritu

La Ilíada durante siglos en el canto de los aedos formó a los hombres

Augusto desde el norte de Hispania suplicó y amenazó en cartas a Virgilio para que le diera noticias de la Eneida

Ahora los poetas viven en su isla

en una larguísima ausencia*

Y ahí están bien porque no tienen mucho qué decir

 
 

Uruk fue un error y los poetas se la pasan vomitando

Quisiera desaparecer

Apaciblemente desaparecer

Es abrumador todo

La gran Uruk quema los cuerpos

Dejar la tierra dejar la vida.

- - -

* En homenaje a Francisco Hernández (poeta mexicano)

febrero 2013.

 

 

 

 

URUK ES EL MITO DEL HOMBRE

Uruk es el mito del hombre

El mito de una ya perdida humanidad

Es un mito-tragedia

Nacen juntos el mito y la tragedia

La tragedia sucede primero y el mito es quién la canta

El mito la crea pero la tragedia lo antecede

Sólo es posible decir Uruk hasta el cansancio

La escritura no podría no hablar de otra cosa

Desde hace incontables años venimos cantando

Uruk amurallada por Tiranos

La Ilíada es ejemplo antiguo del canto a la ciudad amurallada

La Eneida es memoria de la decadencia esplendor Romano

Uruk sucumbió a la tragedia humana luego se hizo mito

Desde hace incontables años venimos cantando

Uruk amurallada por Tiranos.

febrero 2013.

PABLO VARGAS ÁNGELES

Nacido en Naucalpan, Estado de México en 1974, Pablo Vargas Ángeles es poeta y psicoanalista, formación de la que se ha servido para robustecer la creación de oscuros personajes poéticos que describe con una exactitud reveladora. Su ejercicio intelectual lo ha llevado hacia los insondables territorios que vinculan al psicoanálisis con la creación poética. Fue productor y locutor del programa de radio universitario de poesía “Esfera y malabares”, de la universidad intercontinental, y su obra ha sido difundida en revistas literarias y en antologías de poesía joven de México. Ha publicado individualmente: "El humor del día" (Editorial Antinomia, México 1996), y en colaboración: "Espacios Materiales" (Angelito Editor, México 2000). Y en 2002 fue antologado en el libro conmemorativo del “Cuarto Maratón de Poesía” (Editado por el Ayuntamiento de Toluca y la casa de cultura TunAstral, del Estado de México).

El espíritu narrativo y antipoético de su obra, largamente trabajado bajo las generosas influencias de poetas como: Nicanor Parra, Cesare Pavese, Jacques Prévert, Carlos Drummond de Andrade, Leopoldo M. Panero, Fernando Pessoa y Vicente Aleixandre, entre otros, hace de quien se asoma a sus páginas un lector-espectador de imágenes que parecieran haberse redactado a 24 cuadros por segundo. Como en el cine, Pablo Vargas oscurece nuestro entorno y proyecta su visión de otra vida que también es propia; como en el cine, nos hace poner un ojo en la pantalla y otro en la breve luz que indica la salida, sin que podamos distinguir cuál de ambas realidades está más cerca de nosotros.