Henry Miller nos dice en este ensayo, traducido por José Vicente Anaya, que “Walt Whitman bien podría ser el más grandioso estadunidense que ha existido”, y recuerda el poema en el cual el viejo de la barba llena de mariposas habla de la excitación, el dinero y los políticos que han abierto “el camino propicio para crear toda una nación de lunáticos”. Marco Antonio Campos enfrenta las contradicciones en las que incurre Alessandro Baricco al intentar la definición de globalización y al hacer la crítica de las simplificaciones y de los bobos y amañados optimismos que rodean ese fenómeno, en muchos aspectos irreversible y, en otros muchos, urgentemente revisable. Carlos Alfieri entrevista al profesor Dietrich Schwanitz sobre su bestseller cultural. Este trabajo periodístico es una auténtica pelea de lucha libre. Entrevistado y entrevistador empatan la contienda y abren nuevas perspectivas al debate sobre la cultura y la moderna sociedad europea. Carlos Monsiváis nos habla del último libro de Arnoldo Kraus y hace una serie de reflexiones sobre la enfermedad, la medicina y la ética. Las ideologías y las intolerancias circulan, con todos sus prejuicios y crueldades a cuestas, por este luminoso texto que pregunta a los fundamentalistas asesinos: “¿Acaso dios prefiere muertos por sida que vivos que usen condón?” Kraus, médico y escritor, da a Monsiváis la magnífica oportunidad de especular sobre los temas esenciales de este amenazante siglo que tan mal empieza.
I- H. MILLER
En dos breves centurias nos estamos yendo, prácticamente, por el caño del desagüe. ¡Ahí nos jodemos!* Y nadie se va a entristecer por ese nuestro paso; ni siquiera ésos a los que hemos ayudado a sobrevivir. En el breve instante de nuestra historia nos las hemos ingeniado para envenenar al mundo. Lo hemos envenenado con nuestras ideas de progreso, eficiencia, mecanización. Hemos convertido en robots a nuestros esforzados pioneros. Hemos deshumanizado al mundo en el que vivimos.
Los atacantes que vinieron del Viejo Mundo pudieron haber sido vistos como dioses por los aborígenes del Continente. Pero muy pronto se desilusionaron. Pronto aprendieron a tenernos miedo y odio (¡nosotros, los caras pálidas, fuimos quienes enseñaron a los indios a cortarle las cabelleras a los enemigos!). Hemos actuado con la misma crueldad ante nuestra benevolencia con diferentes puntos de vista sobre la vida. Nosotros fuimos los que suprimieron a la maravillosa Comunidad Oneida, así como a otras comunidades religiosas. A los indios les robamos su territorio e hicimos todo lo que pudimos para aniquilarlos. Y nunca intentamos darles alguna retribución.
Tal parece que fuimos concebidos entre la violencia y el odio, como si hubiéramos nacido para saquear, violar y asesinar. Nuestros libros de historia barnizan las crueldades, las abominaciones y la conducta inmoral de nuestros líderes. Sólo por ver un breve ejemplo, uno de los grandes hombres que hemos producido, Thomas Jefferson, tuvo un hijo ilegítimo con una esclava negra que estuvo a su servicio. Casi todos aquellos hombres que forjaron nuestra gran democracia fueron esclavistas. Ellos pusieron los nombres de república y democracia, pero nunca las tuvimos, ni siquiera ahora. Unos cuantos patricios, de familias poderosas, gobiernan a este país. Aun en los tiempos de Walt Whitman este territorio estaba cundido por la corrupción. La poesía en Hojas de hierba de Whitman es un maravilloso canto al Yo, pero sus restantes escritos en prosa son una condena de la sociedad estadunidense.
Hace algún tiempo vi en un cuadro enmarcadas las fotos de todos los vicepresidentes que hemos tenido, que pudo haber servido para una exposición de la cursilería. Algunos de ellos parecían criminales; otros, imbéciles; y los demás, simplemente idiotas. Y a decir verdad, los presidentes no parecían mejores. Es seguro que los políticos, y los hombres de Estado de todo el mundo, se saben obtusos y zorrunos. Churchill no fue la excepción.
El nombre de Lincoln es muy reverenciado, aunque en mi opinión él fue con mucho el responsable de la guerra interna de secesión, él tuvo el poder para evitar la confrontación entre los del norte y los del sur. Aquella guerra civil, como casi todas las de su tipo, fue una atrocidad de la cual el país no se ha recuperado del todo.
Participar en la primera guerra mundial fue, dicho sea con dulzura, un gran desatino. ¡Nada más vean ahora dónde está aquel gran enemigo de la humanidad!
Guerra, guerra... Desde mi más tierna infancia recuerdo todo aquello de la guerra entre España y Estados Unidos, la guerra ruso-japonesa, la guerra de los Balcanes –y así sin cesar. Como Jean Giono dijo en su libro Refus d’Obéissance (El rechazo a la obediencia), el capitalismo se alimenta de guerra; ni siquiera puede existir sin la guerra.
En la actualidad todos los partidos hacen la guerra; los partidos liberales, reaccionarios o lo que sean. Los comunistas son tan asesinos como los capitalistas o los fascistas. Parece que el hombre nació para matar. Nuestro país ha destacado para que le enseñemos al resto del mundo cómo aniquilarse, incluyendo a la flora y a la fauna.
El viaje a la Luna llamó la atención, por un momento, del público. Sin embargo, hoy existe la sensación de que eso –el experimento– no tenía ningún buen propósito (el Pentágono se encargará de cosechar los beneficios). Muy pronto no habrá necesidad de uniformes, entrenamientos ni disciplinas militares. Nos quedaremos sentados, dondequiera que nos encontremos, y desde ahí manipularemos las fuerzas más mortíferas. ¡Toda la guerra lejos de nuestra silla mecedora! No habrá necesidad de generales, almirantes ni nadie de esa especie. Todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños serán una bomba potencial.
Cuando digo que nos estamos yendo por el caño del desagüe, incluyo a todos nuestros imitadores a lo largo del mundo. Todos vamos a caer juntos. Al holocausto tal vez sólo sobrevivan los primitivos y algunas especies de bestias salvajes. Sólo entonces, posiblemente, podamos ver que emerge una nueva humanidad. Es cierto que nosotros los ciudadanos, por ahora, quienes sostenemos a la sociedad, no estamos preparados para enderezar al barco del Estado. Cada ejecución de una idea progresista es algo que nos lleva más y más lejos en dirección al pasado.
Desde los primeros tiempos hemos tenido a nuestros gángsters, nuestros asesinos y nuestros políticos corruptos. ¿Cuándo hubo un tiempo bueno, limpio, feliz? Según mis cuentas: nunca. Cuando niño, empecé a oír historias sobre Tammany Hall. Cuando niño vi a los policías a caballo atacando a las masas desarmadas en Union Square (parecían cosacos bien entrenados). Cuando yo era niño me hablaron de "héroes" como el almirante Dewey (un simplón) y Teddy Roosevelt de San Juan Hill. Nunca me hablaron de Emerson, Thoreau ni Whitman. En aquel tiempo mi "héroe" era William Jennigs Bryan, "el orador de la lengua de plata". Después supe de Sing Sing, Dannemora y Leavenworth y otros por el estilo. ¡El gran narrador en mi juventud fue O. Henry! pero nadie hablaba del hombre que lo impulsó a escribir, de Al Jennigs, quien compartió con aquél su celda en la Penitenciaría de Ohio.
En mi barrio no había bibliotecas públicas ni librerías. Tuve que esperar hasta que cumplí veintiún años para encontrar a Emma Goldman en la ciudad de San Diego, California, para aprender que había una palabra como cultura. Y gracias a ella pude hacer un giro de Mark Twain a Friedrich Nietzsche.
No sólo los vicepresidentes fueron un montón de imbéciles y donadies; sino también casi todo el país. ¿Cuántos grandes escritores, grandes pintores, grandes músicos hemos producido en estos siglos? ¡Es más fácil acordarnos de haraganes famosos!
Hace poco tiempo tuvimos el circo de Watergate. Al observar la reacción que tuvo la gente, uno puede suponer que nuestros políticos sólo cometen errores triviales y que nunca cometieron ningún crimen. Muchas veces actuamos como si tuviéramos la convicción de que el mal puede ser erradicado de una vez por todas.
Cuando Lincoln publicó su Proclama de la emancipación pensamos que le habíamos puesto fin a la esclavitud. No habíamos imaginado los ghettos del norte con problemas raciales más atroces que los del sur. Junto a los esclavos negros creamos también a los esclavos blancos –esclavos de la era de la máquina. Todavía existe el Ku Klux Klan. ¡También existe la mafia! No tenemos progroms pero igual florece y se robustece el antisemitismo.
Está claro que, con toda nuestra palabrería sobre el progreso, tenemos una mente estrecha, somos prejuiciosos y tenemos sed de sangre como siempre ha sido. Sólo con referirnos a la situación militar –¡el Pentágono!– es suficiente para sentir calosfríos. ¡La pasada guerra –la de Vietnam– fue una vileza! Tamerlane y Atila no son nada comparados con nuestros monstruos de los últimos días, armados con bombas nucleares y de napalm. Si Hitler fue un genocida, ¿qué somos nosotros? ¡Nosotros hemos estado cometiendo genocidios desde el principio! ¡A la carga con todo aquel que no esté de acuerdo con nosotros! Así ha sido contra indios, negros y mexicanos. Y de pronto ahí están la televisión y el cine, y ahí hay de todo. Los niños crecen viendo delitos, asesinatos, robos, torturas y todo lo imaginable que tiene que ver con vileza, oscurantismo y brutalidad. Todo lo cual es parte de nuestro amadísimo "progreso". Y todavía nos preguntamos por qué (como nación y como pueblo) nos estamos desmenuzando.
Me pregunto, muy seriamente, si hay algo de la "civilización" estadunidense que sea digno de elogio. Y no encuentro nada. Las prisiones son antros de vicio. Las escuelas tienen asentaderas para aprender –¿qué? ¡hoy los maestros le tienen miedo a los alumnos! Cada quien le teme a algo, en cadena, y así hasta llegar a los gérmenes. Un atrevido nunca camina solo por la noche y menos desarmado. Claro está que quien camina por las calles de noche es un sospechoso.
II
Ya se han vuelto muy comunes las conversaciones sobre enfermedades venéreas y la cultura de la droga. Entre adolescentes se contagian. El porcentaje de estos pacientes es ya muy numeroso. Igual pasa con la afición por las drogas y el alcohol. ¡Una nación de adictos! ¡Si hasta la abuelita se emborracha!
¿Y qué me dicen de la noble fuerza policiaca, nuestros supuestos protectores? ¡De cuántos crímenes son culpables! ¡Nos inspiran sospechas y odios! ¡Corrupción es la palabra severa que los califica! ¿Dónde están nuestros héroes? Hay que buscarlos entre los rangos deportivos. Por lo pronto ahí tenemos al boxeador Muhammad Alí. Después serán un jugador de futbol americano o un pítcher zurdo. Sí hemos tenido verdaderos héroes, pero la mayoría de ellos han sido asesinados o encarcelados. Hay muchos héroes silenciosos. Es muy peligroso ser un desplazado del status quo (¡aunque qué bueno!) en un país donde se ha multiplicado un hombre al que llaman Cuello Blanco, Protestante Anglo Sajón –un monstruo creado por los tiempos [...] Al mirar el pasado Vietnam me invade la náusea. Y todavía hay gente que califica de "héroes" a los veteranos de esa guerra. Que Dios los perdone.
Sin embargo, como cualquier otra inmundicia, yo también tengo mis héroes, mis ídolos. Forman un abigarrado grupo. He aquí algunos: John Brown, el del ferry Harper; Aguinaldo, el rebelde filipino que luchó un año contra Estados Unidos hasta su muerte; W.E. Burghardt Du Bois, quien mucho me influyó y terminara en Ghana después de padecer la cárcel; Emma Goldman, la anarquista que me abrió todo un mundo de cultura; Elizabeth Gurley Flynn de la I.W.W.; Sacco y Vanzetti, Malcom X, Jack Johnson, Jack Dempsey, Charlie Chaplin, Martin Luther King, Louis (Satchmo) Armstrong, Charles Lindberg, el general Robert E. Lee, Laurel y Hardy. También amo las Rocallosas, las Grandes Fumarolas, las montañas Blue Ridge, el Gran Cañón de Arizona, el estado de Arkansas, los indios hopi, Joe Louis, Buffalo Bill, Thomas Jefferson, Bill Nye, el burlesque sobre todo el de Minsky en la avenida 2ª, la ciudad de Nueva York, Frank Kramer (el campeón ciclista), Pocahontas, los ferrys, los caballos de fuerza en los motores, la Ópera del Metropolitan, las películas mudas y muchas de las estrellas del vaudeville. Adoré a Elsie Janis, Harpo Marx, Greta Garbo y mil más.
III
Aunque mis palabras pueden sonar amargas y desagradables, yo no odio a Estados Unidos ni a los estadunidenses. Al mirar nuestra historia agitada, podríamos decir lo mismo de otros países de los llamados civilizados. Como antes lo había dicho, no puedo pensar en individuos, de cualquier gran país del mundo, que piensen como pigmeos: "Estamos felices de ser lo que somos. No tenemos necesidad de cambiar." Seguramente es impensable el verdadero pensamiento que civilice al ser humano. Entre todos los pueblos civilizados del mundo descubro al estadunidense como el más desasosegado, el más insatisfecho, el idiota que puede cambiar al mundo a su imagen y semejanza. En el proceso de mejorar al mundo, como él tontamente imagina, lo está envenenando y destruyendo. El poeta Walt Whitman se dio cuenta de todo esto desde hace más de cien años; él se refirió a nosotros como una nación de lunáticos. ¡Walt Whitman bien podría ser el más grandioso estadunidense que ha existido!
He aquí las propias palabras de Whitman, escritas hace como cien años: "Adelante, mis queridos estadunidenses, conduzcan sus caballos más allá –¡excitación! ¡dinero! ¡políticos! Abran todas sus válvulas y dejen que prosiga –columpiándose y exprimiendo a los demás. Muy pronto tú estarás bajo ese momento que no podrás detener aunque quisieras. Sólo dejen provisiones a tiempo (viejos y nuevos Estados) para construir algunos miles de manicomios. Porque están en el camino propicio para crear toda una nación de lunáticos."
* En el original se usa la expresión alemana Ausgespielt!, que tiene varias acepciones.
Traducción de José Vicente Anaya.
Poesía, Storys, Ensayos, Escritores Profesionales, Relatos, Poetry, un sitio principalmente colectivo.
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Todos los textos son propiedad de sus autores, quienes tienen todos los derechos sobre ellos (¿o será al revés?) y han decidido libremente publicarlos aquí para la difusión pública sin fines de lucro. *Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones
viernes, 28 de enero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
Principios de niño ----- Henry Michaux
No se puede vivir sin principios. Si un caballo perdiera sus principios, moriría en el acto. A continuación, algunos principios de un niño.
1
En África, los elefantes atropellan a los camellos.
2
Los payasos no tienen padres. ¿Alguna vez conoció al padre de un payaso? ¿Ya vio?
3
Los caracoles sin cuernos se vuelven completamente tontos.
4
Si juntáramos el ‘’mañana’’ y el ‘’hoy’’, seguramente tendríamos un ‘’pasado mañana’’.
5
Los árboles muertos no dejan de portarse bien.
6
Por bravo que sea, ningún policía ha traído preso al sol.
7
Un peral con manzanas es otro árbol.
8
Los peces que saltan están aburridos.
9
Un kilo de mariposas no pesa, a menos que las mariposas estén dormidas. Papá dice algo distinto, pero nunca ve a las mariposas.
10
Las gallinas no ponen huevos. Nadie los pone. No hay manera de ponerlos. Los desentierran.
11
Las antílopes más soñadoras sueñan con acariciar el suave pecho de los tigres.
12
Hace tiempo que el sol derritió a su muñeca, estaba a la derecha de la luna. Desde luego, nadie se acuerda.
13
Las hormigas hablan muy bajo.
14
En África, los tapetes donde la gente educada se limpia los zapatos son cocodrilos muertos.
15
Las avispas vienen a juzgar cómo se hace la mermelada en este país.
16
La nariz, la boca, las orejas, los ojos, la barbilla y puesto que las orejas y los ojos son dos, tenemos 7 es decir, una semana. O bien, un pelotón de esos sólidos soldados (como los de mi caja verde) que combaten gloriosamente por Francia sin perder su quepis, porque mañana deberán usarlo de nuevo.
17
Los leopardos miopes sólo dan pequeños saltos.
18
Las hormigas de cola rara vez salen.
19
Los indios calvos ya no se vengan
20
De noche, los estanques se ponen de pie y dicen ‘’ya no estamos muertos’’. Se ponen de pie y juntan el agua alrededor de ellos, en pliegues. Al irse, dejan un hoyo inmenso, ruedan y se resbalan, inclinados como barriles, altos como catedrales, por carreteras donde de día circulan tantos coches, conducidos por ciegos con lentes verdes.
En las madrugadas, los estanques, límpidos al principio, se revuelven y sacan cosas a la superficie (hormigas). Abrumados por ese peso, dicen ‘’Nos vamos mañana temprano; sí, mejor mañana’’. De allí que al amanecer todos hayan regresado a su hoyo, apartando a los rosales. Pero cuando hay patos en los estanques, ¿cómo hacen todo esto?
21
Los peces mueren con los ojos abiertos.
Traducción de Conrado Tostado
* ‘’Principios de niño’’ apareció en El disco verde en 1925 y forma parte de los primeros textos publicados por Michaux en revistas. En casi todos ellos utilizó la -y- en su nombre, por lo que aquí respetamos la ortografía.
jueves, 20 de enero de 2011
Poesía de Jair Cortés
LA CANCIÓN DE LOS QUE EMPIEZAN
La canción de los que empiezan
la van cantando los que ya terminan
el canceroso
el que pronto no tendrá pulso para abotonarse la camisa
el que confundió la gripe con el enfisema (ése ya va acabando su vida gracias a las ideas)
Los que van terminando
cantan la canción de los que empiezan
y dicen
seis cinco cuatro
en sentido contrario van cantando
y alzan la voz para abajo
inclinan la cabeza y soplan hacia adentro
escuchando ese pitido en el oído
ese aviso misterioso
que les anuncia una ida al baño
la belleza del agua sólo otra vez
una última fumada
La canción de los que empiezan la cantan los que ya terminan
van contando
tres dos uno
y para atrás
para atrás hacen piruetas
mientras
los que empiezan
se asombran y dicen
–oh tanto amor a la vida
ellos tan casi muertos los que ya terminan
tan a punto de irse-
La canción de los que empiezan la van cantando los que ya terminan
y los que recién están en la cuna del amor
murmuran
-Si a mí me pasará
¿te imaginas? Si fuera yo viajaría
si fuera yo me mataba -
por eso no cantan la canción
porque no se saben la tonada todavía
Ah y la canción de los que terminan
¿quién la canta?
en ese silencio oscuro
en ese momento en el que entran por los pies
despacito
sintiendo ese frío
esa ligera paz extraña e inmediata
dejando atrás a todo el coro dejando
atrás la canción
soltándole la mano
como no queriendo
a los que empiezan.
Jair Cortés es poeta, traductor y ensayista. Nació en Calpulalpan, Tlaxcala, México, en 1977. Su obra se ha publicado en diversos medios impresos y electrónicos de circulación nacional e internacional y ha sido incluida en diversas antologías de poesía mexicana y latinoamericana. Autor de los libros A la Luz de la sangre (1999), Tormental (2001), Contramor (2003), Caza (Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta, 2006) y Enfermedad de Talking (2008). Parte de su obra ha sido traducida al portugués, náhuatl, inglés, mayo, tsotsil, francés y catalán. Escribe en www.granadademanopoesia.blogspot.com
A la memoria de Leonardo Bazán Velasco
La canción de los que empiezan
la van cantando los que ya terminan
el canceroso
el que pronto no tendrá pulso para abotonarse la camisa
el que confundió la gripe con el enfisema (ése ya va acabando su vida gracias a las ideas)
Los que van terminando
cantan la canción de los que empiezan
y dicen
seis cinco cuatro
en sentido contrario van cantando
y alzan la voz para abajo
inclinan la cabeza y soplan hacia adentro
escuchando ese pitido en el oído
ese aviso misterioso
que les anuncia una ida al baño
la belleza del agua sólo otra vez
una última fumada
La canción de los que empiezan la cantan los que ya terminan
van contando
tres dos uno
y para atrás
para atrás hacen piruetas
mientras
los que empiezan
se asombran y dicen
–oh tanto amor a la vida
ellos tan casi muertos los que ya terminan
tan a punto de irse-
La canción de los que empiezan la van cantando los que ya terminan
y los que recién están en la cuna del amor
murmuran
-Si a mí me pasará
¿te imaginas? Si fuera yo viajaría
si fuera yo me mataba -
por eso no cantan la canción
porque no se saben la tonada todavía
Ah y la canción de los que terminan
¿quién la canta?
en ese silencio oscuro
en ese momento en el que entran por los pies
despacito
sintiendo ese frío
esa ligera paz extraña e inmediata
dejando atrás a todo el coro dejando
atrás la canción
soltándole la mano
como no queriendo
a los que empiezan.
Jair Cortés es poeta, traductor y ensayista. Nació en Calpulalpan, Tlaxcala, México, en 1977. Su obra se ha publicado en diversos medios impresos y electrónicos de circulación nacional e internacional y ha sido incluida en diversas antologías de poesía mexicana y latinoamericana. Autor de los libros A la Luz de la sangre (1999), Tormental (2001), Contramor (2003), Caza (Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta, 2006) y Enfermedad de Talking (2008). Parte de su obra ha sido traducida al portugués, náhuatl, inglés, mayo, tsotsil, francés y catalán. Escribe en www.granadademanopoesia.blogspot.com
viernes, 14 de enero de 2011
OBSERVACIÓN VI
Me preocupan todos estos poetas jóvenes hablando en sus versos sobre canibalismo, muertes violentas, desengaños bestiales, etc. Ciertamente los poetas malditos franceses (Rimbaud, Baudelaire, Blake, etc), fueron y son el fundamento moderno de la juventud rebelde y contestataria y todo poeta primerizo tiene que bajar a conocer a los verdaderos patrones del oficio… pero después de ellos se ha escrito ya demasiado y se ha escrito muy bien, solamente pensemos en Ezra Pound, Eliot, Mallarmé, Blaise Cendrars, todo el surrealismo y toda la poesía beatnik. O, en nuestra lengua, la generación del 27: Alberti, Lorca, Neruda o, simplemente las tradición poética de nuestro País, ( empezando por los dos titanes nacidos de la Revolución Mexicana: Efraín Huerta y Octavio Paz, ambos nacidos en 1914) etcétera.
Pienso en una frase que dijo Jorge Fernández Granados, un poeta mexicano actual tremendamente bueno: “Quizá la Poesía sólo sea una forma de escritura ya demasiado cargada de historia.” No sé qué decir ante esta frase, pero me preocupa imaginar a gente treintañera y cuarentona encerrada en su casa siguiendo la batalla contra el lenguaje, donde la batalla es seguir en busca del poema. Es mejor eso a que haya delincuencia, ciertamente, pero… eso… ¿hasta dónde va a llegar? Sólo sé que me preocupa. ¿No le hace honor a lo que es la poesía o sí? De alguna manera la frase de Fernández Granados quiere decir: “Está bien, eres un loco que quiere hacer poesía, búscate la vida, enamórate, emborráchate, pero en tus textos debes de respetar el seguimiento minucioso que se les ha hecho a las palabras que son poesía, ya todo está escrito. Te estaremos vigilando.” Si tomamos por cierta la frase de que la poesía es un acto de resistencia, pues a toda madre, pero de publicar… ¿Publicar ese seguimiento minucioso? olvídense, también en México se le da atole con el dedo a la poesía. ¿Alguna duda?
Pienso en una frase que dijo Jorge Fernández Granados, un poeta mexicano actual tremendamente bueno: “Quizá la Poesía sólo sea una forma de escritura ya demasiado cargada de historia.” No sé qué decir ante esta frase, pero me preocupa imaginar a gente treintañera y cuarentona encerrada en su casa siguiendo la batalla contra el lenguaje, donde la batalla es seguir en busca del poema. Es mejor eso a que haya delincuencia, ciertamente, pero… eso… ¿hasta dónde va a llegar? Sólo sé que me preocupa. ¿No le hace honor a lo que es la poesía o sí? De alguna manera la frase de Fernández Granados quiere decir: “Está bien, eres un loco que quiere hacer poesía, búscate la vida, enamórate, emborráchate, pero en tus textos debes de respetar el seguimiento minucioso que se les ha hecho a las palabras que son poesía, ya todo está escrito. Te estaremos vigilando.” Si tomamos por cierta la frase de que la poesía es un acto de resistencia, pues a toda madre, pero de publicar… ¿Publicar ese seguimiento minucioso? olvídense, también en México se le da atole con el dedo a la poesía. ¿Alguna duda?
Winona Ryder
POR MARCOS GARCÍA CABALLERO
Poema primer poema del año 2011 a 3 de enero.
Winona se llama éste poema, se los presento:
algunas veces tiene
Qué transformarse en lo bien y grandioso
que fue Alejandro Rossi
Y revivirlo para que el autor del poema corra
a toda velocidad ardiente y loca por
toda la avenida Colosio de Aguascalientes
Y viajar en bicicleta con una maldita furia que lleva
Sólo una palabra, pero la palabra no se rompe;
en otras ocasiones
Es un hombre común y corriente remando en un bote,
¡¡pero cuál
Chingado bote o lancha!!
Se trata de que en ese momento ese hombre
Se comunique con el todo o, vaya diferencia, por favor,
Con lo que ese hombre cree que es el todo en el YOGA
O en el estadio de La Milla de los Broncos de Denver y
piensa en su abuelo,
que es un general retirado, un hombre cabal músculo a músculo.
Luego mi poema llora mucho, pero solo llora por dentro,
él dice que ese llorar es de loco porque
los que les falta amor son locos y solamente locos,
como dijo en Colombia hace más de 30 años
Jaime Jaramillo Escobar y Jaime es un verdadero poeta
y se tendrán que echar una cerveza tibia los que no lo crean
y esa cerveza los embriagará sin un solo gramaje de poesía.
Los poemas deben ser declaraciones de odio y de amor.
Y los autores de otros poemas opinan diferente,
pero yo para ti siempre estoy puesto, poema mío,
porque viajé por ti, viajé con todo y un filósofo y
un artero fotógrafo,
porque mi poema está que duerme por allá por
Los Ángeles California y luego sueña tan fuerte que carga con toda la literatura fantástica.
Eso es bueno.
I’m so happy
it’s better to be alive.
Luego jugaremos a la tigrenometría y haremos más,
mucho más que el cantar de los cantares,
recordaremos a los comunistas y a los estudiantes
de 1968 que nunca conocimos, pero les haremos honor…
Dividiremos el trigo y lo proyectaremos en
tú me das esto y yo te doy esto,
y todo tendrá pólvora de filosofía,
de incurable y puta filosofía,
pero el poema empieza a estirar su piernita para que se la tape la sabanita, quizá ya estará dormida…
le mandaré buena vibra en un instante inmenso.
¡A CELEBRAR LA NAVIDAD EN LA TIERRA!
Poema primer poema del año 2011 a 3 de enero.
Winona se llama éste poema, se los presento:
algunas veces tiene
Qué transformarse en lo bien y grandioso
que fue Alejandro Rossi
Y revivirlo para que el autor del poema corra
a toda velocidad ardiente y loca por
toda la avenida Colosio de Aguascalientes
Y viajar en bicicleta con una maldita furia que lleva
Sólo una palabra, pero la palabra no se rompe;
en otras ocasiones
Es un hombre común y corriente remando en un bote,
¡¡pero cuál
Chingado bote o lancha!!
Se trata de que en ese momento ese hombre
Se comunique con el todo o, vaya diferencia, por favor,
Con lo que ese hombre cree que es el todo en el YOGA
O en el estadio de La Milla de los Broncos de Denver y
piensa en su abuelo,
que es un general retirado, un hombre cabal músculo a músculo.
Luego mi poema llora mucho, pero solo llora por dentro,
él dice que ese llorar es de loco porque
los que les falta amor son locos y solamente locos,
como dijo en Colombia hace más de 30 años
Jaime Jaramillo Escobar y Jaime es un verdadero poeta
y se tendrán que echar una cerveza tibia los que no lo crean
y esa cerveza los embriagará sin un solo gramaje de poesía.
Los poemas deben ser declaraciones de odio y de amor.
Y los autores de otros poemas opinan diferente,
pero yo para ti siempre estoy puesto, poema mío,
porque viajé por ti, viajé con todo y un filósofo y
un artero fotógrafo,
porque mi poema está que duerme por allá por
Los Ángeles California y luego sueña tan fuerte que carga con toda la literatura fantástica.
Eso es bueno.
I’m so happy
it’s better to be alive.
Luego jugaremos a la tigrenometría y haremos más,
mucho más que el cantar de los cantares,
recordaremos a los comunistas y a los estudiantes
de 1968 que nunca conocimos, pero les haremos honor…
Dividiremos el trigo y lo proyectaremos en
tú me das esto y yo te doy esto,
y todo tendrá pólvora de filosofía,
de incurable y puta filosofía,
pero el poema empieza a estirar su piernita para que se la tape la sabanita, quizá ya estará dormida…
le mandaré buena vibra en un instante inmenso.
¡A CELEBRAR LA NAVIDAD EN LA TIERRA!
sábado, 27 de noviembre de 2010
Die gar traurige Geschichte mit dem Feuerzeug'
- Los papás de Paulinita
- la dejan sola en casita
- La niña corre, jugando
- con su muñeca y cantando,
- hasta que -¡Oh, maravillas!-
- ve una caja de cerillas.
- "¡Qué juguete! ¡Qué bonita!",
- -dice, al verla, Paulinita:
- "Voy a probar a encender,
- como mamá suele hacer"
- Pero Mina y Minz, las gatas,
- alzan a la par sus patas
- y chillan:
- "¡Ay, miau, miau, no, no, Paulina!
- ¡Terminarás quemadita!"
- Paulinita desatiende
- el buen consejo, y enciende,
- como se ve en la figura,
- la cerilla -¡ay, qué locura!-
- mientras salta de contento,
- sin descansar un momento.
- Pero Mina y Minz, las gatas,
- levantan, locas, las patas:
- "¡Tu mamá te lo ha prohibido!",
- le dicen, con sus maullidos:
- "¡Ay, miau, miau, no, no, Paulina!
- ¡Terminarás quemadita!"
- Las llamas -¡ay!- han prendido
- en la manga, en el vestido,
- la falda, la cabellera;
- ¡Se quema la niña entera!
- -¡Ay!- Mina y Minz, las gatitas,
- ¡cómo chillan, criaturitas!
- "¡Auxilio!, ¡Ayuda, por favor!
- ¡Arde la niña, oh, pavor!"
- "¡Miau, miau, traigan agua!
- ¡Qué espanto! ¡Miagua, miagua!"
- La niña -¡qué gran tristeza!-
- ardió de pies a cabeza.
- Quedaron sólo cenizas,
- y rojas, dos zapatillas.
- Y Mina y Minz, las gatitas
- lloran, lloran ¡pobrecitas!
- "¡Qué tragedia, miau, miau miau!
- ¿Cuándo vendrán, papáu, mamáu?"
- Y derraman, tristemente,
- de lágrimas un torrente.
-
Struwwelpeter
martes, 12 de octubre de 2010
Canción A Una Muchacha Muerta
Canción A Una Muchacha Muerta
Dime, dime el secreto de tu corazón virgen,
dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra,
quiero saber por qué ahora eres un agua,
esas orillas frescas donde unos pies desnudos se bañan con espuma.
Dime por qué sobre tu pelo suelto,
sobre tu dulce hierba acariciada,
cae, resbala, acaricia, se va
un sol ardiente o reposado que te toca
como un viento que lleva sólo un pájaro o mano.
Dime por qué tu corazón como una selva diminuta
espera bajo tierra los imposibles pájaros,
esa canción total que por encima de los ojos
hacen los sueños cuando pasan sin ruido.
Oh tú, canción que a un cuerpo muerto o vivo,
que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme,
cantas color de piedra, color de beso o labio,
cantas como si el nácar durmiera o respirara.
Esa cintura, ese débil volumen de un pecho triste,
ese rizo voluble que ignora el viento,
esos ojos por donde sólo boga el silencio,
esos dientes que son de marfil resguardado,
ese aire que no mueve unas hojas no verdes…
¡Oh tú, cielo riente, que pasas como nube;
oh pájaro feliz, que sobre un hombro ríes;
fuente que, chorro fresco, te enredas con la luna;
césped blando que pisan unos pies adorados!
dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra,
quiero saber por qué ahora eres un agua,
esas orillas frescas donde unos pies desnudos se bañan con espuma.
Dime por qué sobre tu pelo suelto,
sobre tu dulce hierba acariciada,
cae, resbala, acaricia, se va
un sol ardiente o reposado que te toca
como un viento que lleva sólo un pájaro o mano.
Dime por qué tu corazón como una selva diminuta
espera bajo tierra los imposibles pájaros,
esa canción total que por encima de los ojos
hacen los sueños cuando pasan sin ruido.
Oh tú, canción que a un cuerpo muerto o vivo,
que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme,
cantas color de piedra, color de beso o labio,
cantas como si el nácar durmiera o respirara.
Esa cintura, ese débil volumen de un pecho triste,
ese rizo voluble que ignora el viento,
esos ojos por donde sólo boga el silencio,
esos dientes que son de marfil resguardado,
ese aire que no mueve unas hojas no verdes…
¡Oh tú, cielo riente, que pasas como nube;
oh pájaro feliz, que sobre un hombro ríes;
fuente que, chorro fresco, te enredas con la luna;
césped blando que pisan unos pies adorados!
Vicente Aleixandre
YO PERSIGO UNA FORMA
YO PERSIGO UNA FORMA
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.
Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.
Rubén Darío
Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.
Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.
Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;
y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.
Rubén Darío
viernes, 27 de agosto de 2010
Manuel Machado
RETRATO
Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed...
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...
Calaveradas, amoríos... Nada grave,
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía...
¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador, no lo he sido;
ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido.
Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla,
media docena de cañas de manzanilla.
Las mujeres... -sin ser un tenorio, ¡eso no!-,
tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo.
Me acuso de no amar sino muy vagamente
una porción de cosas que encantan a la gente...
La agilidad, el tino, la gracia, la destreza,
más que la voluntad, la fuerza, la grandeza...
Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero,
a olor helénico y puro, lo "chic" y lo torero.
Un destello de sol y una risa oportuna
amo más que las languideces de la luna
Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-,
Con Montmartre y con la Macarena comulgo...
Y antes que un tal poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.
Es tarde... Voy de prisa por la vida. Y mi risa
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.
Manuel Machado
Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed...
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...
Calaveradas, amoríos... Nada grave,
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía...
¿Vicios? Todos. Ninguno... Jugador, no lo he sido;
ni gozo lo ganado, ni siento lo perdido.
Bebo, por no negar mi tierra de Sevilla,
media docena de cañas de manzanilla.
Las mujeres... -sin ser un tenorio, ¡eso no!-,
tengo una que me quiere y otra a quien quiero yo.
Me acuso de no amar sino muy vagamente
una porción de cosas que encantan a la gente...
La agilidad, el tino, la gracia, la destreza,
más que la voluntad, la fuerza, la grandeza...
Mi elegancia es buscada, rebuscada. Prefiero,
a olor helénico y puro, lo "chic" y lo torero.
Un destello de sol y una risa oportuna
amo más que las languideces de la luna
Medio gitano y medio parisién -dice el vulgo-,
Con Montmartre y con la Macarena comulgo...
Y antes que un tal poeta, mi deseo primero
hubiera sido ser un buen banderillero.
Es tarde... Voy de prisa por la vida. Y mi risa
es alegre, aunque no niego que llevo prisa.
Manuel Machado
viernes, 23 de julio de 2010
Dos poemas de Gibrán Jalil Gibrán
Varios siglos atrás, camino a Atenas, se encontraron dos poetas, y les alegró verse.
Uno de ellos le preguntó al otro:
-¿Qué has compuesto últimamente, y cómo suena en tu lira?
El otro poeta respondió con orgullo:
-Acabo de terminar el más grande de mis poemas, quizás el más grande poema que se haya escrito en Grecia. Es una invocación a Zeus Olímpico.
Entonces extrajo de abajo de su capa un papiro diciendo:
-Helo aquí, lo llevo conmigo, y desearía leértelo. Ven, sentémonos a la sombra de aquel ciprés blanco.
Y el poeta leyó su poema. Y era un extenso poema.
-Es un gran poema -dijo el otro poeta amablemente-. Vivirá a través de los años, y en él serás glorificado.
-Y tú, ¿qué has escrito durante estos últimos días? -preguntó con calma el primero.
-He escrito poco -respondió el otro. Sólo ocho líneas en memoria de un niño jugando en un jardín-. Y recitó sus líneas.
-No está mal. No está mal -comentó el primer poeta. Y se separaron.
Y hoy, luego de dos mil años, las ocho líneas del poeta son leídas en todos los idiomas, y son amadas y apreciadas.. Y aún cuando el otro poema ha vivido también a través de los años en librerías y en los textos escolares, y a pesar de ser recordado, ni es amado ni leído.
FIN
Gibrán Jalil Gibrán
Haifisch
Los tiburones tienen lágrimas
Que bañan siempre sus caras,
Pero viven en tanta agua
Que no las pueden ver….
Mantenemos las palmas juntas
Mantenemos la mente corrupta,
Tenemos la soga en el cuello
Cuestionado nuestras palabras,
En las profundidades se esta solo,
Poseeremos el corazón ardiente,
Disfrutaremos los muslos vivos
Mientras el infierno se calienta.
Nos mantenemos juntos
Entre lamentos invisibles
Entre los mares salados,
Somos piel que come piel
Mierda entre la mierda,
Aquello que no sabemos cuando
Pero en algún momento se pudrió.
Los tiburones tienen lágrimas
Que bañan siempre sus caras,
Pero viven entre tanta agua
Que no las pueden ver….
martes, 20 de julio de 2010
der letzte kuß
Nada nunca existió tal vez,
Moribundo e hipocondriaco cielo
En su desnudez crispada de smog,
Y tú zurcida mis brazos
En los acordes de tus muslos
Entre mis armonías perdidas
Te recuerdo como la principal
tal como no lo han soñado mis lógicas
tus risas escondida tras una mano virgen
te has desvanecido en alma
junto con tu sonrisa trasgredida
en mis manos ahora esposadas…
Moribundo e hipocondriaco cielo
En su desnudez crispada de smog,
Y tú zurcida mis brazos
En los acordes de tus muslos
Entre mis armonías perdidas
Te recuerdo como la principal
tal como no lo han soñado mis lógicas
tus risas escondida tras una mano virgen
te has desvanecido en alma
junto con tu sonrisa trasgredida
en mis manos ahora esposadas…
miércoles, 23 de junio de 2010
Bueno...
Junio 2010
Estimado José Hipólito, recuerdas los mails que antes me mandabas cuando yo vivía en el D.F?
Pues mira: Lo que se tenía qué ver ya se vió: Pako puente hizo este cacharro con gente que lo le interesaba publicar aquí x cosa, pero yo publiqué demasiado y puedo seguir haciéndolo, pero la verdad ya me fastidié... sólo un tal 90040 publica textos de pésima calidad, y de que se vió, se vió, así que ahí te encargo para siempre el changarro, seguramente hasta habrá quien se baje las cosas que yo he publicado, te digo, estoy fastidiado, así que si hasta nadando me vas a perseguir, ahí te encargo buenos poemas mata-ratas porque el guguetito me hartó me fastidió, y en fin, que jueguen a lo que quieran pero tú si deberías publicar buenos textos, te animas?
Who cares this focking cheet? ya me vale....
Mi despedida:
Estimado José Hipólito, recuerdas los mails que antes me mandabas cuando yo vivía en el D.F?
Pues mira: Lo que se tenía qué ver ya se vió: Pako puente hizo este cacharro con gente que lo le interesaba publicar aquí x cosa, pero yo publiqué demasiado y puedo seguir haciéndolo, pero la verdad ya me fastidié... sólo un tal 90040 publica textos de pésima calidad, y de que se vió, se vió, así que ahí te encargo para siempre el changarro, seguramente hasta habrá quien se baje las cosas que yo he publicado, te digo, estoy fastidiado, así que si hasta nadando me vas a perseguir, ahí te encargo buenos poemas mata-ratas porque el guguetito me hartó me fastidió, y en fin, que jueguen a lo que quieran pero tú si deberías publicar buenos textos, te animas?
Who cares this focking cheet? ya me vale....
Mi despedida:
viernes, 18 de junio de 2010
¡Hola!
¡Hola!
-Bueno puedo calmar el dolor. Creó que sólo es respirar…
Es demasiado pronto
Es que hay tanta luz
¿Puedes sentirme?
- son hechos básicos, hay tantos finales pero tan pocos comienzos
Afloja tus ojos fulminando aquel temor,
Arruinado ante la tv ¿podrías acariciarme?
- es un pinchazo para el show. Arrojaremos platos mientras acuso a tu sombra estarás dormida
Puedo llegar a explotar como el
Ayuda a mis desordenes a huir ,
¿Ay alguien en casa? pero no estoy yo,
Me repito que es una fantasía
Gusanos que roen mi cerebro,
Mientras los chicos sueñan
Tú empaparas nuestro tálamo,
Bien, ahora sólo vuelve a violarme
Ordena tus ojos tan bien como siempre.
Explicadle pared a mi cabeza ofuscada
Tras las bambalinas se encubre,
No hay avería ni siquiera una chispa
Tu lengua se mueve pero no se que dices,
-no puedo poner mi dedo en ello complicado pero definitivo
Desde el rabillo del ojo lo vi
Volví a mirar pero se esfumo
Mientras limpio sus huesos…
viernes, 14 de mayo de 2010
Principio de Estética y disolución.. de Caleb Olvera Romero Premio Nacional de Ensayo Abigael Bohórquez 2007
DOSTOYEVSKI Y EL DOBLE
La vergüenza como disolvente
A: Alberto Rolandia Peñaflor
Mucho antes de hacerse escritor, Dostoyevski ya pensaba en ser un genio. Pensaba que un genio tiene mucho de histórico y una pasión por el aprendizaje. Pensaba en dedicarse a aprender y quería para sí la categoría de genio simplemente por su pura actitud. Después pensó en hacerse pasar por loco, y finalmente contempló la idea de volverse imantista, aunque posteriormente sus ataques epilépticos le ocasionarían problemas reales del orden de la locura. Así su dedicación al estudio, sus ataques epilépticos y su vicio por el juego, hacen de este autor una de las figuras principales a las que gusta recurrir constantemente S. Freud[1]. Sufría de constantes ataques epilépticos que no son poca razón para sospechar de algún grado de locura, como lo hacen algunos médicos en esos tiempos. Cuando publica su primera novela, Pobres gentes,[2] se gana la fama que tanto había buscado y es considerado por la crítica como un joven genio y con ello se instala en la cima de su autorrealización; cumple a muy corta edad la meta que se había propuesto. Con su segunda Novela El doble,[3] su suerte cambia radicalmente; esta novela es muy mal acogida por la crítica y causa en el autor una profunda vergüenza, de ella nos dice que hay páginas que ni siquiera se entienden, que situaciones que él creía que podían explicar la escena finalmente nunca se introducen, etc. Este par de datos es importante, pues a la par de una novela que el mismo autor denomina incoherente y confusa, que le crea una vergüenza a su creador, se desarrolla la historia de nuestro héroe[4], Yakov Petróvich Goliadkin, unas veces denominado Yakov Petróvich y las más de las veces Goliadkin, (de ahí la confusión que resulta para un lector que no sabe que cuando menos en la primera mitad de la obra el personaje es el mismo pero que es denominado indistintamente.) Es esta obra un punto obligado para la psicología y en especial para la literatura, en ella Dostoyevski trata de expresar esa misma tensión de la que habla Stevenson[5] cuando nos presenta un ser de naturaleza dual, doble, habitado por dos fuerzas que se mantienen en lucha. Sin embargo el autor de Mr. Hyde va a recurrir a la ciencia para hacer salir de sí esa naturaleza oculta que C. G. Jung denominaba la sombra[6]. En un camino alterno, Dostoyevski utilizará otro disolvente de la identidad, la vergüenza, pero no la vergüenza que él siente por haber publicado una obra incoherente sino la vergüenza a la que somete a Goliadkin, su personaje. El señor Goliadkin, protagonista de El doble, es un hermano espiritual del paternal amante Várinka, sólo que en él, la obsesión de lo que hoy denominamos complejo de inferioridad se da en una etapa más avanzada. Yakov Petróvich es un maníaco que padece de delirio de persecución; se cree despreciado por sus compañeros de oficina.[7] Es una víctima imaginaria de confabulaciones que el mundo trama en su contra, pero su enfermedad llega al paroxismo cuando una serie de incidentes se congregan para reventar en la vergüenza que le ocasiona el no ser recibido en la casa de su mejor amigo; al ser humillado por negársele la entrada, no tiene más opción que pedir que se confirme esta negativa, que se pregunte de viva voz a su amigo si es cierto que no se le recibirá en su casa, y demanda se le dé una explicación, explicación que nunca llega y el rechazo permanece. El dolor y la vergüenza sirven con detonante del cortocircuito que sufrirá nuestro héroe, entonces se crea la figura, el doble, el dolor de cabeza y el escalofriante encuentro con un personaje que apenas lo roza. De regreso a su casa, el señor Goliadkin, cree ver a un sujeto que camina justo hacia él, para después alejarse. Fue un instante, apenas lo vio, pero reconoció algo de familiar en esa figura, algo no andaba bien, era él o alguien idéntico a él, había cruzado casi desapercibido y ahora ya no estaba. No era posible que esto sucediera. En esas reflexiones va hundido mientras camina a su casa cuando de pronto el encuentro vuelve a ocurrir, esta vez lo capta en plenitud, esta vez reconoce totalmente la figura, su figura en tercera persona, en Otro, él es el Otro y el Otro es él, cuando menos en apariencia física. Pero es el cuerpo ante los ojos de los demás lo que nos confiere supuestamente identidad. Nadie se atrevería a cuestionarse si realmente somos nosotros cuando reconocemos nuestro cuerpo, si alguien se ha apoderado de él y ahora es otra persona la que sujeta nuestro cuerpo. Por ello el señor Goliadkin no puede dudar que de alguna manera es él y sin embargo algo en él se niega a aceptar esta verdad.
Este acontecimiento marcará un parteaguas en la vida de Goliadkin. Antes es un personaje gris, un oficinista burocrático que atiende su vida de manera intrascendente y aburrida como una rutina nada compleja y como única compañía tiene a su criado. Es él un antipático apenas molesto, que no logra llamar la atención y sufre de atrofia social, que no sabe cómo comportarse en las reuniones, sabe que no es del todo bien recibido y sin embargo no encuentra cómo hacer para salirse de la situación. Esto va a tener mucho de autobiográfico, al grado que Dostoyevski se refiera al personaje como la narración de su primer yo, que es él mismo el primero en describir, desde un segundo yo que ha evolucionado en el tiempo.[8] En esta novela el autor, entabla un paralelismo entre dos personajes que responden a un mismo nombre y su vida queda dividida en dos un antes y un después, de la misma manera en que se divide la vida de nuestro héroe, antes de autoconocerse en tercera persona y después del encuentro consigo mismo. Su atrofia social le lleva al laberinto de la comunicación con el Otro. La frase me encontré conmigo mismo cobra, en boca de nuestro personaje, una semántica ridícula.
EL OTRO COMO CASTIGO
Nuestro héroe de cuando en cuando gasta chistes que son menos permitidos en él que en nadie, ya que por su falta de atino, en vez de causar gracia molestan a los anfitriones, y nuestro héroe no tiene más que justificar para sí su comportamiento repitiéndose que él no hace mal a nadie, que él no envidia nadie y que es un hombre honesto. El yo es un tema central de nuestro autor, es una obsesión que de tanto trabajarla la disuelve; el mismo alter ego se subleva por en cima de la ley. Como con Iván Karamásov su castigo comenzará por la evasión y desdoblamiento de ese yo;[9] igual que Goliadkin, ha cometido una falta y recibirá un castigo, está es la estructura que ya se advierte en las novelas del autor de Crimen y Castigo. ¿Cuál es el crimen de Goliadkin? El mismo que el de Job[10], por ello permanece igual de oculto, al grado de que es casi imperceptible para el observador e invisible para el personaje. La soberbia. Dios castiga a Job por su soberbia, pues bajo la idea de ser el individuo más justo, realizaba holocaustos para pagar sus culpas y las de los demás, pues se sabía el hombre más recto del mundo; pero Goliadkin en cambio, no hace nada en pro de los demás y se limita a no molestarlos, entendiendo este no molestarlos desde los límites impuestos por su gramática peculiar y rastrera.[11] Solamente él sabe que no le hace mal a nadie pero parece ser que el mundo no se ha enterado de que el bien que proviene de este ser, radica en no hacer el mal, nuestro héroe se frustra al no ser reconocido como un hombre que no hace mal al mundo y cree que eso es hacer ya bastante. Pero el castigo no se hace esperar, Goliadkin menor[12] comienza a habitar el mundo, a inscribirse en la dinámica de Goliadkin primero o mayor, sin que éste sepa quién ha sido el primero. Lo interesante, es precisamente que la constitución psíquica crea la sombra como un arquetipo anterior al nacimiento del individuo, así es que quizá Goliadkin segundo existía antes que Goliadkin primero, pues su naturaleza es anterior a la constitución de la primera persona del personaje. El doble se inserta en la vida normal del personaje, ambos comparten una misma identidad, ambos son personajes que responden al mismo nombre y este segundo va a ser la señal profética de la ruina de nuestro heredero. La narración está pensada para mantener una tensión que se resuelva solamente en la última página, ya que ambos goliadkines intercalan entre sí un diálogo interminable, como dos locos disputándose la autenticidad de un alucín o simplemente como cualquier otro personaje, y no es sino hasta la última página, hasta la segunda mitad de la última página, un párrafo antes del final, que Dostoyevski sugiere la verdad que de antemano era obvia, pero que no teníamos pruebas para afirmar, aunque en algún capítulo se sugiere, aunque no basta para tener la certeza de que Goliadkin primero y Goliadkin segundo no son sino el mismo personaje. Sin embargo, esto tampoco cierra del todo la conclusión, pues el párrafo final nos presenta la respuesta del que al parecer es su cochero que lo traslada a su destino final y dice: El gobierno te ofrece vivienda gratis, con calefacción luz y servidumbre, ¿y todavía te quejas? Grave y terrible como una sentencia de muerte resonó la respuesta de Krestian Ivánovich.
Nuestro héroe lanzó un grito y se llevó las manos a la cabeza. Ya estaba allí; pero hacía mucho tiempo que se lo tenía sabido.[13]
LA REALIDAD DEL OTRO
El doble vive una vida imaginaria, es un glotón que solamente hace pasar penas y vergüenzas a nuestro héroe, está siempre en los restaurantes y lugares que visita, crea cuentas que Goliadkin primero tiene que pagar a pesar de su avaricia. En un principio, él trata de desligarse de su doble, de buscar una explicación racional como la que ofrece la biología, comienza a pensar que es su gemelo y acude a instancias para desacreditarlo, pero esto no sucede, el doble está inmerso en la vida de Goliadkin al grado de que le causa problemas en el trabajo, con su criado, con sus amigos y hasta con desconocidos. Goliadkin piensa en la posibilidad de que un ser tan semejante a él exista, tenga el mismo nombre y además un buen día llegué a su ciudad y sea contratado en su oficina. Él es respetado y querido por sus compañeros y Goliadkin piensa que ese respeto y cariño debía de ser para él y su doble lo ha usurpado. No logra comprender esta coincidencia, no logra comprender que su doble esté sentado en el escritorio frente a él y sobre todo, no logra comprender la sarta de cuestiones que se gestan a su alrededor, producto de una alucinación que afecta a terceros, terceros que no ven ni saben de este otro señor Goliadkin y se burlan del verdadero. Pero aquí la pregunta nos asalta, nos reclama, ¿en qué consiste su verdad? ¿por qué uno tiene que ser verdadero y el Otro no? La primera persona es simplemente esta imagen que se ha creado para dar una coartada a las pulsiones y al aparato psíquico, de manera que tampoco posee estatuto de realidad. Dostoyevski no sabe todo esto del psicoanálisis, sin embargo lo sospecha, sospecha el hilo conductor de nuestro trabajo, la disolución de una identidad, que no es más que una construcción cultural y que sirve de cuartada a lo que Stevenson llamó Mr. Hyde, lo que Jung denomina la sombra, esa pulsión de vida que no puede ser descrita pues se convierte en principio metafísico y que sin embargo está ahí en fragmentos, en posiciones lingüísticas, en voliciones y apetencias. Este yo Goliadkin no es otro que este Goliadkin doble de sí mismo. La identidad doble no es precisamente una falsa ilusión, sino una representación de lo más real de nuestros deseos, una manera de cumplir nuestros verdaderos anhelos, que la sociedad ha reprimido, pues nuestra neurosis se ha formado en la castración, pero esta castración llega a un punto en que es insoportable aún para esta máscara que denominamos yo, identidad o primera persona y crea mecanismos de fuga como el desdoblamiento de la personalidad o los amigos imaginarios. Nuestro héroe está imposibilitado de comprender esto por su época, ya que es esta verdad todavía no está en el mundo y faltarán algunas décadas para que se presenten los primeros esbozos del psicoanálisis. Él vive en un relato que se inserta dentro de una sociedad, donde el conocimiento de la psique humana es todavía bastante básico.
EL INFIERNO DEL OTRO
La primera vez que se encuentra con el doble tiene la sensación de que ya lo había visto ¡lo había visto, no hace mucho tiempo! Lo había visto ya otra vez... ¿Pero dónde? ¿Y cuándo?[14] Además, tenía la intuición de que volvería a verlo, de hecho, era una especie de certeza premonitoria, algo en él va más allá de la simple configuración común de entender los encuentros, no era el encuentro con alguien del que quizá nunca vuelvas a saber. No era ese tipo de encuentro que se da con una parte de ti que hasta entonces permanecía desconocida y que fascinado o aterrado sabes que volverá a presentarse tarde o temprano pues habita en ti, es parte de tu constitución. Pero es imposible huir de ti mismo, ésta es la verdad de la existencia y de la vergüenza, es imposible huir de lo que nos avergüenza cuando esto no es otra cosa que la misma manera de ser que poseemos. Sin embargo, no existe una sola forma de ser, se es de diversas y divergentes maneras, se es según el lugar y la situación, se es según el momento y la persona ante la cual estemos dando cuenta de lo que somos. Pues nuestra narración cambiará dependiendo de si se expone ante un don-nadie o ante la autoridad. Goliadkin va a recurrir a la autoridad en busca de la solución, pero su cochero se niega a conducirlo ante su excelencia, comprobando que el doble estaba ahí, que de algún modo se había puesto de acuerdo con su cochero y que estaba en contra de él. Sin saber lo que hacía, lleno de vergüenza y desesperación, el infortunado y honorable Señor Goliadkin huye de allí, dejándose llevar a la carrera a donde sus pies quisieran conducirlo, a donde la suerte le quisiera llevar. Pero a cada paso que daba, a cada pisada de sus pies sobre la dura acera, brotaban como de la tierra un señor Goliadkin semejante a aquel otro señor Goliadkin, a aquel depravado, infame, repulsivo señor Goliadkin segundo. En una larga hilera, cual una serie de figuras espectrales, marchaban a la zaga del señor Goliadkin el viejo, de suerte que a éste érale imposible escapar de ellos, y al digno señor Goliadkin le faltaba el aliento, hasta que, por último, hubo de reunirse tal número de semejantes fantasmas, que todo Petersburgo quedó inundado de ellos, y un policía que observó, finalmente aquella perturbación del orden público, se vio obligado a coger por el pescuezo a todos aquellos fantasmas y conducirlos a la comisaría.[15]
El horror se multiplica infinitamente, si ya estaba perdiendo el principio de realidad, que da unidad a los diversos yos o que cuando menos los mantiene en un cierto orden, ahora la locura se destapa al máximo, goliadkines al grado de inundar una ciudad, se presentan en esta conspiración en contra de su original. Se ha perdido la primera persona, la frase los otros son yo cobra un sentido ridículo y horrendo, el otro es yo dice nuestro héroe aunque nadie le cree o cuando menos no le entienden, no le entiende ni siquiera el lector, pues la gracia de la novela radica en este no entender la desesperación que siente el personaje ante la situación de usurpación de la que se siente víctima. Kafka de alguna manera está presente, el infierno burocrático y el castigo sin entender la falta, el desdoblamiento del monstruo que marca nuestra cotidianidad en pro de su supervivencia son rasgos naturalizados kafkianos.
Millones de dobles idénticos a nosotros, que saben nuestros secretos y nuestras ambiciones, que saben de nuestros movimientos y en esa medida pueden mejor que nadie meternos el pie, confabularse en contra de nosotros, saben nuestros puntos débiles y saben cómo atacarnos. Millones de otros que pueblan la ciudad, ante los cuales no podemos sentirnos superiores, el infierno de nuestro personaje proviene de este principio de superioridad secreto que guardaba, de este principio de individualidad privilegiada sobre los Otros. Su dolor proviene de que esta individualidad no fue reconocida y esto constituye su mayor tortura, un infierno de seres idénticos a él, soberbios y monótonos, quizá mediocres, que transcurren su vida en la oficina, pues su alter ego ni siquiera puede liberarse totalmente de esta condición de oficinista; a diferencia del doble de muchos otros, el segundo señor Goliadkin también trabaja en una oficina, es condenado por la misma situación laboral que la del primero. Nuestro héroe finalmente no encuentra la redención, no es una novela de final feliz, pues Dostoyevski es el maestro de la miseria, no hay redención, pues la ancla estaba arrojada desde el principio, era imposible salir de la cárcel de la carne, de nuestra condición de ser humano y de las oscuras aguas que constituyen la psique. Millones de señores Goliadkin habitan el mundo, millones de yos queriendo surgir al escenario de la conciencia, a la ciudad de la conciencia, para recordarnos que la vergüenza también es un buen solvente de esta apariencia, de este contrato tácito y social que denominamos yo.
DOSTOYEVSKI PARA FREUD
Entre 1927 y 1928, ya en la época de madurez intelectual del padre del psicoanálisis, aparece un texto de nombre Dostoyevski y el parricidio[16]. Es un trabajo que versa sobre la manera de descifrar la psique de un autor a través de su obra. Freud nos dice: En la rica personalidad de Dostoyevski podemos distinguir cuatro facetas: el poeta, el neurótico, el moralista y el pecador. ¿Cómo orientarnos en esta intrincada complicación?[17]
El autor de El doble es habitado por una lucha moral, es un empedernido jugador que desbarata su poca fortuna en el juego y que regresa corriendo a donde su mujer para castigarse frente a ella, para flagelarse de manera descomunal en súplica que sabe que será finalmente aceptada. El autor de El jugador sabe perfectamente que el juego no lo hará rico, su obsesión se ha desbordado de antemano, no juega por el premio, no juega por la cuestión económica que lo apremia, es lo bastante inteligente para saber que lo importante era el juego en sí.[18] Permanecía en la mesa de juego hasta haberlo perdido todo, hasta haber completado totalmente el daño; solamente así era posible alejarlo de la mesa de juego. Pero él sabía que la culpa atosigaba al demonio que tenía dentro y necesitaba aún más úrgete que la redención del juego, la redención del perdón ante la culpa. Una vez consumada esta disculpa, una vez que obtenía el perdón de su mujer y de sí mismo, sobrevenía un estado de creatividad literaria, dejaba de existir en él el demonio y surgía el genio. Aunque esto no es del todo cierto, ya que lo único que lograba era apaciguarlo por instantes, instantes preciosos de creatividad artística, instantes en donde se lograba la comunión del grafo y la vida, la afirmación de la neurosis pasaba a un segundo plano. Obtenía de esta dinámica un placer morboso, el de insultarse y humillarse ante su esposa e incitarla a despreciarle y a lamentar el haberse casado con aquel pecador incorregible, y después de descargada su conciencia, volvía a la mesa de juego. Su joven mujer se acostumbra a este ciclo, pues observó que aquello que en realidad podía salvarlos, la producción literaria, nunca marchaba mejor que después de haberlo perdido todo y haber empeñado todo su ajuar;[19] su joven mujer nunca logró entender la relación, pues cuando él estaba totalmente satisfecho de sus actos de humillación, podía dejar su falso trabajo y daba unos cuantos pasos en la dirección correcta. Se ponía a escribir, para salvar la vida.
[1] Ver S. Freud, Dostoyevski y el parricidio, Obras completas, Ed. Biblioteca nueva, Pág. 3004
[2] F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946. Pobres gentes es publicado por primera vez en 1846, cuando el autor tenía 25 años
[3] F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946, pág. 201-304 Se le critica de ser un tema recurrente de la novela romántica de Hoffman, sin embargo sus escritos no advierten todo lo que hay de biográfico en esta obra.
[4] Lo hemos denominado nuestro héroe, pues es así como Dostoyevski denomina a su personaje.
[5] Ver Stevenson, Dr. Jeckyll y Mr. Hyde Ed, Tomo, Mexico 2003
[6] Ver C. G. Jung. Simbología del espíritu, Ed. FCE, México 1981
[7] Cansinos Assens Rafael, Introducción a F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946 Pág. 24
[8] Ver la carta que manda a su Hemano Mijaíl desde Siberia, donde dice: El doble, el tipo social más grande e importante que yo he sido….. Trata de alguna manera de exorcizar ese antiguo yo, que ahora lo ata a una historia, una historia de derrota, sufrimiento y quiere abrazar su nuevo yo, un yo genial que es reconocido y aceptado en el ámbito que le interesa, en el ámbito de la literatura.
[9] Rafael, Cansinos Assens, Introducción a F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946 Pág. 24
[10] Ver Le livre de Job Ed, Mille et une nuits, 2000
[11] En la literatura tenemos noticias de que algunos otros también ya han tenido contacto con lo que se denomina el doble, de quien ha estado imbuido por esta gramática particular de desdoblamiento. Ejemplo de ello es Don Juan Tenorio que cuando va a morir ve a su doble.
[12] Pues a estas alturas el autor ha introducido la distinción entre Goliadkin mayor y Goliadkin menor.
[13] Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946 pág. 304
[14] F. Dostoyevski, Op. CIt pág. 232
[15] Ibid pág. 270
[16] Ver S. Freud, Dostoyevski y el parricidio, Obras completas, Ed. Biblioteca nueva, Pág. 3004
[17] Ibid pág. 3004
[18] Ibid pág. 3012 Lo principal es el juego mismo, escribe Dostoyevski en una de sus cartas. Les juro que no juego por ansia de hacer dinero, aunque bien lo necesito.
[19] Ibid pág. 3012
La vergüenza como disolvente
A: Alberto Rolandia Peñaflor
Mucho antes de hacerse escritor, Dostoyevski ya pensaba en ser un genio. Pensaba que un genio tiene mucho de histórico y una pasión por el aprendizaje. Pensaba en dedicarse a aprender y quería para sí la categoría de genio simplemente por su pura actitud. Después pensó en hacerse pasar por loco, y finalmente contempló la idea de volverse imantista, aunque posteriormente sus ataques epilépticos le ocasionarían problemas reales del orden de la locura. Así su dedicación al estudio, sus ataques epilépticos y su vicio por el juego, hacen de este autor una de las figuras principales a las que gusta recurrir constantemente S. Freud[1]. Sufría de constantes ataques epilépticos que no son poca razón para sospechar de algún grado de locura, como lo hacen algunos médicos en esos tiempos. Cuando publica su primera novela, Pobres gentes,[2] se gana la fama que tanto había buscado y es considerado por la crítica como un joven genio y con ello se instala en la cima de su autorrealización; cumple a muy corta edad la meta que se había propuesto. Con su segunda Novela El doble,[3] su suerte cambia radicalmente; esta novela es muy mal acogida por la crítica y causa en el autor una profunda vergüenza, de ella nos dice que hay páginas que ni siquiera se entienden, que situaciones que él creía que podían explicar la escena finalmente nunca se introducen, etc. Este par de datos es importante, pues a la par de una novela que el mismo autor denomina incoherente y confusa, que le crea una vergüenza a su creador, se desarrolla la historia de nuestro héroe[4], Yakov Petróvich Goliadkin, unas veces denominado Yakov Petróvich y las más de las veces Goliadkin, (de ahí la confusión que resulta para un lector que no sabe que cuando menos en la primera mitad de la obra el personaje es el mismo pero que es denominado indistintamente.) Es esta obra un punto obligado para la psicología y en especial para la literatura, en ella Dostoyevski trata de expresar esa misma tensión de la que habla Stevenson[5] cuando nos presenta un ser de naturaleza dual, doble, habitado por dos fuerzas que se mantienen en lucha. Sin embargo el autor de Mr. Hyde va a recurrir a la ciencia para hacer salir de sí esa naturaleza oculta que C. G. Jung denominaba la sombra[6]. En un camino alterno, Dostoyevski utilizará otro disolvente de la identidad, la vergüenza, pero no la vergüenza que él siente por haber publicado una obra incoherente sino la vergüenza a la que somete a Goliadkin, su personaje. El señor Goliadkin, protagonista de El doble, es un hermano espiritual del paternal amante Várinka, sólo que en él, la obsesión de lo que hoy denominamos complejo de inferioridad se da en una etapa más avanzada. Yakov Petróvich es un maníaco que padece de delirio de persecución; se cree despreciado por sus compañeros de oficina.[7] Es una víctima imaginaria de confabulaciones que el mundo trama en su contra, pero su enfermedad llega al paroxismo cuando una serie de incidentes se congregan para reventar en la vergüenza que le ocasiona el no ser recibido en la casa de su mejor amigo; al ser humillado por negársele la entrada, no tiene más opción que pedir que se confirme esta negativa, que se pregunte de viva voz a su amigo si es cierto que no se le recibirá en su casa, y demanda se le dé una explicación, explicación que nunca llega y el rechazo permanece. El dolor y la vergüenza sirven con detonante del cortocircuito que sufrirá nuestro héroe, entonces se crea la figura, el doble, el dolor de cabeza y el escalofriante encuentro con un personaje que apenas lo roza. De regreso a su casa, el señor Goliadkin, cree ver a un sujeto que camina justo hacia él, para después alejarse. Fue un instante, apenas lo vio, pero reconoció algo de familiar en esa figura, algo no andaba bien, era él o alguien idéntico a él, había cruzado casi desapercibido y ahora ya no estaba. No era posible que esto sucediera. En esas reflexiones va hundido mientras camina a su casa cuando de pronto el encuentro vuelve a ocurrir, esta vez lo capta en plenitud, esta vez reconoce totalmente la figura, su figura en tercera persona, en Otro, él es el Otro y el Otro es él, cuando menos en apariencia física. Pero es el cuerpo ante los ojos de los demás lo que nos confiere supuestamente identidad. Nadie se atrevería a cuestionarse si realmente somos nosotros cuando reconocemos nuestro cuerpo, si alguien se ha apoderado de él y ahora es otra persona la que sujeta nuestro cuerpo. Por ello el señor Goliadkin no puede dudar que de alguna manera es él y sin embargo algo en él se niega a aceptar esta verdad.
Este acontecimiento marcará un parteaguas en la vida de Goliadkin. Antes es un personaje gris, un oficinista burocrático que atiende su vida de manera intrascendente y aburrida como una rutina nada compleja y como única compañía tiene a su criado. Es él un antipático apenas molesto, que no logra llamar la atención y sufre de atrofia social, que no sabe cómo comportarse en las reuniones, sabe que no es del todo bien recibido y sin embargo no encuentra cómo hacer para salirse de la situación. Esto va a tener mucho de autobiográfico, al grado que Dostoyevski se refiera al personaje como la narración de su primer yo, que es él mismo el primero en describir, desde un segundo yo que ha evolucionado en el tiempo.[8] En esta novela el autor, entabla un paralelismo entre dos personajes que responden a un mismo nombre y su vida queda dividida en dos un antes y un después, de la misma manera en que se divide la vida de nuestro héroe, antes de autoconocerse en tercera persona y después del encuentro consigo mismo. Su atrofia social le lleva al laberinto de la comunicación con el Otro. La frase me encontré conmigo mismo cobra, en boca de nuestro personaje, una semántica ridícula.
EL OTRO COMO CASTIGO
Nuestro héroe de cuando en cuando gasta chistes que son menos permitidos en él que en nadie, ya que por su falta de atino, en vez de causar gracia molestan a los anfitriones, y nuestro héroe no tiene más que justificar para sí su comportamiento repitiéndose que él no hace mal a nadie, que él no envidia nadie y que es un hombre honesto. El yo es un tema central de nuestro autor, es una obsesión que de tanto trabajarla la disuelve; el mismo alter ego se subleva por en cima de la ley. Como con Iván Karamásov su castigo comenzará por la evasión y desdoblamiento de ese yo;[9] igual que Goliadkin, ha cometido una falta y recibirá un castigo, está es la estructura que ya se advierte en las novelas del autor de Crimen y Castigo. ¿Cuál es el crimen de Goliadkin? El mismo que el de Job[10], por ello permanece igual de oculto, al grado de que es casi imperceptible para el observador e invisible para el personaje. La soberbia. Dios castiga a Job por su soberbia, pues bajo la idea de ser el individuo más justo, realizaba holocaustos para pagar sus culpas y las de los demás, pues se sabía el hombre más recto del mundo; pero Goliadkin en cambio, no hace nada en pro de los demás y se limita a no molestarlos, entendiendo este no molestarlos desde los límites impuestos por su gramática peculiar y rastrera.[11] Solamente él sabe que no le hace mal a nadie pero parece ser que el mundo no se ha enterado de que el bien que proviene de este ser, radica en no hacer el mal, nuestro héroe se frustra al no ser reconocido como un hombre que no hace mal al mundo y cree que eso es hacer ya bastante. Pero el castigo no se hace esperar, Goliadkin menor[12] comienza a habitar el mundo, a inscribirse en la dinámica de Goliadkin primero o mayor, sin que éste sepa quién ha sido el primero. Lo interesante, es precisamente que la constitución psíquica crea la sombra como un arquetipo anterior al nacimiento del individuo, así es que quizá Goliadkin segundo existía antes que Goliadkin primero, pues su naturaleza es anterior a la constitución de la primera persona del personaje. El doble se inserta en la vida normal del personaje, ambos comparten una misma identidad, ambos son personajes que responden al mismo nombre y este segundo va a ser la señal profética de la ruina de nuestro heredero. La narración está pensada para mantener una tensión que se resuelva solamente en la última página, ya que ambos goliadkines intercalan entre sí un diálogo interminable, como dos locos disputándose la autenticidad de un alucín o simplemente como cualquier otro personaje, y no es sino hasta la última página, hasta la segunda mitad de la última página, un párrafo antes del final, que Dostoyevski sugiere la verdad que de antemano era obvia, pero que no teníamos pruebas para afirmar, aunque en algún capítulo se sugiere, aunque no basta para tener la certeza de que Goliadkin primero y Goliadkin segundo no son sino el mismo personaje. Sin embargo, esto tampoco cierra del todo la conclusión, pues el párrafo final nos presenta la respuesta del que al parecer es su cochero que lo traslada a su destino final y dice: El gobierno te ofrece vivienda gratis, con calefacción luz y servidumbre, ¿y todavía te quejas? Grave y terrible como una sentencia de muerte resonó la respuesta de Krestian Ivánovich.
Nuestro héroe lanzó un grito y se llevó las manos a la cabeza. Ya estaba allí; pero hacía mucho tiempo que se lo tenía sabido.[13]
LA REALIDAD DEL OTRO
El doble vive una vida imaginaria, es un glotón que solamente hace pasar penas y vergüenzas a nuestro héroe, está siempre en los restaurantes y lugares que visita, crea cuentas que Goliadkin primero tiene que pagar a pesar de su avaricia. En un principio, él trata de desligarse de su doble, de buscar una explicación racional como la que ofrece la biología, comienza a pensar que es su gemelo y acude a instancias para desacreditarlo, pero esto no sucede, el doble está inmerso en la vida de Goliadkin al grado de que le causa problemas en el trabajo, con su criado, con sus amigos y hasta con desconocidos. Goliadkin piensa en la posibilidad de que un ser tan semejante a él exista, tenga el mismo nombre y además un buen día llegué a su ciudad y sea contratado en su oficina. Él es respetado y querido por sus compañeros y Goliadkin piensa que ese respeto y cariño debía de ser para él y su doble lo ha usurpado. No logra comprender esta coincidencia, no logra comprender que su doble esté sentado en el escritorio frente a él y sobre todo, no logra comprender la sarta de cuestiones que se gestan a su alrededor, producto de una alucinación que afecta a terceros, terceros que no ven ni saben de este otro señor Goliadkin y se burlan del verdadero. Pero aquí la pregunta nos asalta, nos reclama, ¿en qué consiste su verdad? ¿por qué uno tiene que ser verdadero y el Otro no? La primera persona es simplemente esta imagen que se ha creado para dar una coartada a las pulsiones y al aparato psíquico, de manera que tampoco posee estatuto de realidad. Dostoyevski no sabe todo esto del psicoanálisis, sin embargo lo sospecha, sospecha el hilo conductor de nuestro trabajo, la disolución de una identidad, que no es más que una construcción cultural y que sirve de cuartada a lo que Stevenson llamó Mr. Hyde, lo que Jung denomina la sombra, esa pulsión de vida que no puede ser descrita pues se convierte en principio metafísico y que sin embargo está ahí en fragmentos, en posiciones lingüísticas, en voliciones y apetencias. Este yo Goliadkin no es otro que este Goliadkin doble de sí mismo. La identidad doble no es precisamente una falsa ilusión, sino una representación de lo más real de nuestros deseos, una manera de cumplir nuestros verdaderos anhelos, que la sociedad ha reprimido, pues nuestra neurosis se ha formado en la castración, pero esta castración llega a un punto en que es insoportable aún para esta máscara que denominamos yo, identidad o primera persona y crea mecanismos de fuga como el desdoblamiento de la personalidad o los amigos imaginarios. Nuestro héroe está imposibilitado de comprender esto por su época, ya que es esta verdad todavía no está en el mundo y faltarán algunas décadas para que se presenten los primeros esbozos del psicoanálisis. Él vive en un relato que se inserta dentro de una sociedad, donde el conocimiento de la psique humana es todavía bastante básico.
EL INFIERNO DEL OTRO
La primera vez que se encuentra con el doble tiene la sensación de que ya lo había visto ¡lo había visto, no hace mucho tiempo! Lo había visto ya otra vez... ¿Pero dónde? ¿Y cuándo?[14] Además, tenía la intuición de que volvería a verlo, de hecho, era una especie de certeza premonitoria, algo en él va más allá de la simple configuración común de entender los encuentros, no era el encuentro con alguien del que quizá nunca vuelvas a saber. No era ese tipo de encuentro que se da con una parte de ti que hasta entonces permanecía desconocida y que fascinado o aterrado sabes que volverá a presentarse tarde o temprano pues habita en ti, es parte de tu constitución. Pero es imposible huir de ti mismo, ésta es la verdad de la existencia y de la vergüenza, es imposible huir de lo que nos avergüenza cuando esto no es otra cosa que la misma manera de ser que poseemos. Sin embargo, no existe una sola forma de ser, se es de diversas y divergentes maneras, se es según el lugar y la situación, se es según el momento y la persona ante la cual estemos dando cuenta de lo que somos. Pues nuestra narración cambiará dependiendo de si se expone ante un don-nadie o ante la autoridad. Goliadkin va a recurrir a la autoridad en busca de la solución, pero su cochero se niega a conducirlo ante su excelencia, comprobando que el doble estaba ahí, que de algún modo se había puesto de acuerdo con su cochero y que estaba en contra de él. Sin saber lo que hacía, lleno de vergüenza y desesperación, el infortunado y honorable Señor Goliadkin huye de allí, dejándose llevar a la carrera a donde sus pies quisieran conducirlo, a donde la suerte le quisiera llevar. Pero a cada paso que daba, a cada pisada de sus pies sobre la dura acera, brotaban como de la tierra un señor Goliadkin semejante a aquel otro señor Goliadkin, a aquel depravado, infame, repulsivo señor Goliadkin segundo. En una larga hilera, cual una serie de figuras espectrales, marchaban a la zaga del señor Goliadkin el viejo, de suerte que a éste érale imposible escapar de ellos, y al digno señor Goliadkin le faltaba el aliento, hasta que, por último, hubo de reunirse tal número de semejantes fantasmas, que todo Petersburgo quedó inundado de ellos, y un policía que observó, finalmente aquella perturbación del orden público, se vio obligado a coger por el pescuezo a todos aquellos fantasmas y conducirlos a la comisaría.[15]
El horror se multiplica infinitamente, si ya estaba perdiendo el principio de realidad, que da unidad a los diversos yos o que cuando menos los mantiene en un cierto orden, ahora la locura se destapa al máximo, goliadkines al grado de inundar una ciudad, se presentan en esta conspiración en contra de su original. Se ha perdido la primera persona, la frase los otros son yo cobra un sentido ridículo y horrendo, el otro es yo dice nuestro héroe aunque nadie le cree o cuando menos no le entienden, no le entiende ni siquiera el lector, pues la gracia de la novela radica en este no entender la desesperación que siente el personaje ante la situación de usurpación de la que se siente víctima. Kafka de alguna manera está presente, el infierno burocrático y el castigo sin entender la falta, el desdoblamiento del monstruo que marca nuestra cotidianidad en pro de su supervivencia son rasgos naturalizados kafkianos.
Millones de dobles idénticos a nosotros, que saben nuestros secretos y nuestras ambiciones, que saben de nuestros movimientos y en esa medida pueden mejor que nadie meternos el pie, confabularse en contra de nosotros, saben nuestros puntos débiles y saben cómo atacarnos. Millones de otros que pueblan la ciudad, ante los cuales no podemos sentirnos superiores, el infierno de nuestro personaje proviene de este principio de superioridad secreto que guardaba, de este principio de individualidad privilegiada sobre los Otros. Su dolor proviene de que esta individualidad no fue reconocida y esto constituye su mayor tortura, un infierno de seres idénticos a él, soberbios y monótonos, quizá mediocres, que transcurren su vida en la oficina, pues su alter ego ni siquiera puede liberarse totalmente de esta condición de oficinista; a diferencia del doble de muchos otros, el segundo señor Goliadkin también trabaja en una oficina, es condenado por la misma situación laboral que la del primero. Nuestro héroe finalmente no encuentra la redención, no es una novela de final feliz, pues Dostoyevski es el maestro de la miseria, no hay redención, pues la ancla estaba arrojada desde el principio, era imposible salir de la cárcel de la carne, de nuestra condición de ser humano y de las oscuras aguas que constituyen la psique. Millones de señores Goliadkin habitan el mundo, millones de yos queriendo surgir al escenario de la conciencia, a la ciudad de la conciencia, para recordarnos que la vergüenza también es un buen solvente de esta apariencia, de este contrato tácito y social que denominamos yo.
DOSTOYEVSKI PARA FREUD
Entre 1927 y 1928, ya en la época de madurez intelectual del padre del psicoanálisis, aparece un texto de nombre Dostoyevski y el parricidio[16]. Es un trabajo que versa sobre la manera de descifrar la psique de un autor a través de su obra. Freud nos dice: En la rica personalidad de Dostoyevski podemos distinguir cuatro facetas: el poeta, el neurótico, el moralista y el pecador. ¿Cómo orientarnos en esta intrincada complicación?[17]
El autor de El doble es habitado por una lucha moral, es un empedernido jugador que desbarata su poca fortuna en el juego y que regresa corriendo a donde su mujer para castigarse frente a ella, para flagelarse de manera descomunal en súplica que sabe que será finalmente aceptada. El autor de El jugador sabe perfectamente que el juego no lo hará rico, su obsesión se ha desbordado de antemano, no juega por el premio, no juega por la cuestión económica que lo apremia, es lo bastante inteligente para saber que lo importante era el juego en sí.[18] Permanecía en la mesa de juego hasta haberlo perdido todo, hasta haber completado totalmente el daño; solamente así era posible alejarlo de la mesa de juego. Pero él sabía que la culpa atosigaba al demonio que tenía dentro y necesitaba aún más úrgete que la redención del juego, la redención del perdón ante la culpa. Una vez consumada esta disculpa, una vez que obtenía el perdón de su mujer y de sí mismo, sobrevenía un estado de creatividad literaria, dejaba de existir en él el demonio y surgía el genio. Aunque esto no es del todo cierto, ya que lo único que lograba era apaciguarlo por instantes, instantes preciosos de creatividad artística, instantes en donde se lograba la comunión del grafo y la vida, la afirmación de la neurosis pasaba a un segundo plano. Obtenía de esta dinámica un placer morboso, el de insultarse y humillarse ante su esposa e incitarla a despreciarle y a lamentar el haberse casado con aquel pecador incorregible, y después de descargada su conciencia, volvía a la mesa de juego. Su joven mujer se acostumbra a este ciclo, pues observó que aquello que en realidad podía salvarlos, la producción literaria, nunca marchaba mejor que después de haberlo perdido todo y haber empeñado todo su ajuar;[19] su joven mujer nunca logró entender la relación, pues cuando él estaba totalmente satisfecho de sus actos de humillación, podía dejar su falso trabajo y daba unos cuantos pasos en la dirección correcta. Se ponía a escribir, para salvar la vida.
[1] Ver S. Freud, Dostoyevski y el parricidio, Obras completas, Ed. Biblioteca nueva, Pág. 3004
[2] F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946. Pobres gentes es publicado por primera vez en 1846, cuando el autor tenía 25 años
[3] F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946, pág. 201-304 Se le critica de ser un tema recurrente de la novela romántica de Hoffman, sin embargo sus escritos no advierten todo lo que hay de biográfico en esta obra.
[4] Lo hemos denominado nuestro héroe, pues es así como Dostoyevski denomina a su personaje.
[5] Ver Stevenson, Dr. Jeckyll y Mr. Hyde Ed, Tomo, Mexico 2003
[6] Ver C. G. Jung. Simbología del espíritu, Ed. FCE, México 1981
[7] Cansinos Assens Rafael, Introducción a F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946 Pág. 24
[8] Ver la carta que manda a su Hemano Mijaíl desde Siberia, donde dice: El doble, el tipo social más grande e importante que yo he sido….. Trata de alguna manera de exorcizar ese antiguo yo, que ahora lo ata a una historia, una historia de derrota, sufrimiento y quiere abrazar su nuevo yo, un yo genial que es reconocido y aceptado en el ámbito que le interesa, en el ámbito de la literatura.
[9] Rafael, Cansinos Assens, Introducción a F. Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946 Pág. 24
[10] Ver Le livre de Job Ed, Mille et une nuits, 2000
[11] En la literatura tenemos noticias de que algunos otros también ya han tenido contacto con lo que se denomina el doble, de quien ha estado imbuido por esta gramática particular de desdoblamiento. Ejemplo de ello es Don Juan Tenorio que cuando va a morir ve a su doble.
[12] Pues a estas alturas el autor ha introducido la distinción entre Goliadkin mayor y Goliadkin menor.
[13] Dostoyevski, Obras completas, Ed. Aguilar, Madrid 1946 pág. 304
[14] F. Dostoyevski, Op. CIt pág. 232
[15] Ibid pág. 270
[16] Ver S. Freud, Dostoyevski y el parricidio, Obras completas, Ed. Biblioteca nueva, Pág. 3004
[17] Ibid pág. 3004
[18] Ibid pág. 3012 Lo principal es el juego mismo, escribe Dostoyevski en una de sus cartas. Les juro que no juego por ansia de hacer dinero, aunque bien lo necesito.
[19] Ibid pág. 3012
martes, 11 de mayo de 2010
AVISO Lectores de Hot Waters
Universidad de las artes
Instituto Cultural de Aguascalientes
Maestría en arte contemporáneo
Objetivo
Formar investigadores con una actitud crítica y comprensiva del fenómeno artístico y estético contemporáneo, capaces de ampliar el conocimiento y loa difusión de las ideas en el ámbito de su competencia, así como de participar activamente en las discuciones actuales de carácter académico e intelectual.
Presencial.
Duración : 4 semestres
Horario: Vespertino los viernes y matutino los sábados
Informes:
Centro de las artes
Av. Manuel Gómez Morín s/n
Col. Ferronales Aguascalientes, Ags.
TELËFONOS : (449) 910 26 45 Ext 6703
Instituto Cultural de Aguascalientes
Maestría en arte contemporáneo
Objetivo
Formar investigadores con una actitud crítica y comprensiva del fenómeno artístico y estético contemporáneo, capaces de ampliar el conocimiento y loa difusión de las ideas en el ámbito de su competencia, así como de participar activamente en las discuciones actuales de carácter académico e intelectual.
Presencial.
Duración : 4 semestres
Horario: Vespertino los viernes y matutino los sábados
Informes:
Centro de las artes
Av. Manuel Gómez Morín s/n
Col. Ferronales Aguascalientes, Ags.
TELËFONOS : (449) 910 26 45 Ext 6703
domingo, 9 de mayo de 2010
martes, 4 de mayo de 2010
Algo más del poemario El Pan del Mundo de Sergio Vicario
El loco, es curioso, enloqueció de palabras, y ahora,
sólo unas cuantas de ellas retumban en su cabeza.
Porque en la mente del loco hay más humo que ideas,
también: pinturas rasgadas, ojos dilatados, jardines deliciosos
y bocas que se antojan memorables,
por el vuelo de sus nocivas aves.
El loco es un hombre a punto de ser devorado
en lo más íntimo de su corazón por un comentarista del manicomio.
Y es un niño, arrullado por sí mismo.
Él tiene frío, a pesar del incendio, y llora,
siempre llora aunque nadie le ha visto una sola lágrima.
sólo unas cuantas de ellas retumban en su cabeza.
Porque en la mente del loco hay más humo que ideas,
también: pinturas rasgadas, ojos dilatados, jardines deliciosos
y bocas que se antojan memorables,
por el vuelo de sus nocivas aves.
El loco es un hombre a punto de ser devorado
en lo más íntimo de su corazón por un comentarista del manicomio.
Y es un niño, arrullado por sí mismo.
Él tiene frío, a pesar del incendio, y llora,
siempre llora aunque nadie le ha visto una sola lágrima.
domingo, 25 de abril de 2010
Árbol, botella o chorro de alcohol...
Con una sola copa de vino entre los dos,
Mi conciencia se empezaría a volver un incendio
Y volvería por siempre a navegar bajo tu sonrisa,
Enloquecido de felicidad, porque sabría que realmente
No existe una razón para merecer tu amor, pero en búsqueda
De aquello, se ha convertido la consigna de mi vida,
Nada sé ya de ti, ni sobre qué lenguaje
O materias se descubra y se haga notar lo mejor de tu presencia,
Pero aseguro por un instante que fluye en el río de todas las vidas
Que he visto más allá de lo permitido por mis ojos,
Un rostro tuyo inmenso, morra, en el perfil acantilado de la noche indescifrable.
Me estoy poniendo en pie de guerra por tus maravillas:
Hermosa, preciosa, no quiero beberme tu apellido hasta las
Últimas consecuencias.
Mi conciencia se empezaría a volver un incendio
Y volvería por siempre a navegar bajo tu sonrisa,
Enloquecido de felicidad, porque sabría que realmente
No existe una razón para merecer tu amor, pero en búsqueda
De aquello, se ha convertido la consigna de mi vida,
Nada sé ya de ti, ni sobre qué lenguaje
O materias se descubra y se haga notar lo mejor de tu presencia,
Pero aseguro por un instante que fluye en el río de todas las vidas
Que he visto más allá de lo permitido por mis ojos,
Un rostro tuyo inmenso, morra, en el perfil acantilado de la noche indescifrable.
Me estoy poniendo en pie de guerra por tus maravillas:
Hermosa, preciosa, no quiero beberme tu apellido hasta las
Últimas consecuencias.
viernes, 26 de marzo de 2010
Del poemario el Pan Del Mundo de sergio vicario
El loco, antes de ser loco
fue inteligentísimo y humano, y sufría.
Ahora, enmudecido, imagina un horizonte azul desde su morada,
al igual que un emplaste luminoso y maquillaje al fin del alma: el cielo.
Desbordado, sonriente e inquieto por su fantasía
tomó de aquel color para embadurnarse el cuerpo, y reía.
El loco era reflejo del cielo y una carcajada pavorosa
mientras el sol brillaba, el loco en su ánimo, gira, baila y se convertía,
desde su cuarto que es la cajita de música
en objeto al fin de la danza del universo.
Solo es feliz en su locura imaginaria
hasta que la noche asoma pasiva, fatal y ensombrecida.
fue inteligentísimo y humano, y sufría.
Ahora, enmudecido, imagina un horizonte azul desde su morada,
al igual que un emplaste luminoso y maquillaje al fin del alma: el cielo.
Desbordado, sonriente e inquieto por su fantasía
tomó de aquel color para embadurnarse el cuerpo, y reía.
El loco era reflejo del cielo y una carcajada pavorosa
mientras el sol brillaba, el loco en su ánimo, gira, baila y se convertía,
desde su cuarto que es la cajita de música
en objeto al fin de la danza del universo.
Solo es feliz en su locura imaginaria
hasta que la noche asoma pasiva, fatal y ensombrecida.
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