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Todos los textos son propiedad de sus autores, quienes tienen todos los derechos sobre ellos (¿o será al revés?) y han decidido libremente publicarlos aquí para la difusión pública sin fines de lucro. *Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones



martes, 27 de agosto de 2013

EL SENTIDO DE LA QUEJA Y LA RESOLUCIÓN POÉTICA, POR Sergio Vicario.


El apóstol Pablo, en el ejercicio del adoctrinamiento y exhortación de las buenas nuevas escribió en su carta a los Efesios: “Airaos pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo…” (Efes. 4.26, 27); ya que consiente estaba de la debilidad de los hombres para ser presos de la ira cuando alguien o algo nos ofende, nos lastima o se antepone a nuestros deseos provocándonos temor y frustración. Entonces nos airamos, nos molestamos y nuestra tendencia natural es de rechazo o de desprecio; incluso llegamos a responder la agresión de igual manera o peor (aunque habrá quien pueda sujetar su temperamento y mascullar su rabia e impotencia sin mayor importancia que el ir acumulando rencor o logrando el perdón);  toda vez que la convivencia con los demás cuando no hay amor ni respeto es un padecimiento. Sartré lo resumía de la siguiente manera: “El infierno son los demás”.

 

La ira, es una de nuestras reacciones ante lo que nos aqueja. Por la ira murmuramos en contra de alguien, calumniamos o simplemente lo criticamos, pero no es la queja en sí, sino uno de sus fundamentos (antes aún es el temor). No sólo llegamos a sufrirla en nuestras relaciones con los otros, sino que también la padecemos ante la existencia misma que, constante y insalvablemente nos presenta problemas de toda índole; son situaciones, accidentes o desgracias que afrontan a nuestro ser. En consecuencia reaccionamos ante ello y dependiendo del temple y carácter que se tenga, de sus circunstancias y posibilidades, es que manifestaremos nuestro sentir: molestia o disgusto, y así, nuestra queja.

La queja es expresión de un sentimiento del yo herido, conocimiento del dolor, cuestionamiento y señalamiento. En la resolución poética, la queja es la ira racionalizada o la búsqueda de la razón a través de la consideración del agravio: relación del daño, juicio y recriminación, y no tan sólo un discurso irascible, puesto que la queja también es lamento y aflicción del espíritu hecho canto:

Habla Segismundo: ¡Ay, mísero de mí, y ay, infelice! / Apurar, cielos, pretendo, / ya que me tratáis así, / ¿qué delito cometí/ contra vosotros, naciendo?; / aunque si nací, ya entiendo / qué delito he cometido: bastante causa he tenido / vuestra justicia y rigor, /pues el delito mayor / del hombre es haber nacido… ( “La vida es sueño”, de Don Pedro Calderón de la Barca)

 

También es que nos quejamos ante dios, se tenga o no fe. Dios es el artífice real o imaginado de la condición humana; por tanto a él, a ese dios, otrora veces luminosa oscuridad o silencio resplandeciente; a ese dios van dirigidas la mayoría de nuestras quejas y nuestras súplicas:

El poeta Enrique González Rojo escribió un memorable poema que, -admito mi yerro por  tan sólo citar algunos fragmentos:

El Junco

I

Oriundo de este Valle de lágrimas, / sumando el quehacer individual de mis ojos / a las marejadas y tempestades / que, en alta angustia, / atacan al velamen del / pañuelo, / teniendo en la Tierra toda / mi terruño, / sintiéndome un terrícola orgulloso / de las leyes de rotación y translación / de mi casa; / criatura sin voz ni voto en el destino de mi especie, / pero hermano de los que gimen en pianísimo, rumiando sus blasfemias, / y compatriota de los iracundos / que arrojan al firmamento los juegos de artificio / de sus imprecaciones, / puedo apalabrarme con mi lengua, / morderme la punta del silencio, / sellar un compromiso de sangre / con la verdad, / levantar la mano, / pedir la voz, / humedecer en las lágrimas mi pluma, / soltar estos versos a grito pelado / hasta dejar afónicas / las vocales del  aullido, / para hablar de mi gente, / de quienes yo conozco, / de los juncos azotados por los cuatro vientos / del apocalipsis. /  Pedir la palabra, pedirla / para ser el cronista del infierno.

II

Observad a los novios: / la desnudez primera fue en los labios. / Dos excitaciones anudadas /  -cada amante extraviado en el laberinto del otro trajeron / consigo un holocausto de resistencias, /  un pudor desmoronándose, / un sentimiento de derrota en los botones, /  un paladear a diez dedos y dos sienes /  la epidermis del éxtasis, / y un arrojarse a las sábanas / en busca de poemas. / Mas ahora divisadlos enfermos, / en estado de sitio, / refugiados en lechos diferentes, / desamorosos, desavenidos, / sabiendo cada quien, / en la cámara de tortura de su sala de espera, / que a su destino en punto, / se halla presta a dar el salto la agonía. / Columbradlos perdidos, / ojerosos, / débiles, / venidos a muerte, / sin un solo anticuerpo en todo el cuerpo /  y con todos sus escudos / sufriendo un caleidoscopio / de dolencias / fatales. /  Pero ¿por qué en el clímax, / en la chispa que producen / dos cuerpos al rozarse, / en la maestría con que un orgasmo / seduce al otro, / tienes que eyacular, oh muerte?...

VI

“Porque, inmune a la mácula, / tan perfecta crueldad no cede a límites” / José Gorostiza / Y ahora /  si Dios es el creador de todo, / lo mismo del átomo y su ámbito de minucias / -del infinito acurrucado en lo invisible o del cosmos y su sistema de superlativos /  -de la totalidad desplegada a cielo abierto-, / si es Hacedor de las lágrimas / de este Valle de lágrimas, / si es así, / también es el origen /  de todos los males, / sufrimientos y sinsabores / de la existencia humana. / Que me duele la cabeza, / se trata de un rasguño de la divinidad / en mis células nerviosas. / Que soy un sordomudo, / alguien me alimentó, de niño, / con pájaros muertos. / Verdad, también fue obra del Buen Dios / esa hora y media de tacto que tuvieron los novios en un rincón del descuido / materno. / O el júbilo indecible del poeta / al dar en una metáfora / con la fórmula algebraica / de lo absoluto. / O la felicidad del Sísifo liberado / del alpinista / al divisar, desde su atalaya de oxígeno, / los litorales azules / del infinito. / Es verdad. / Pero ¿hemos de concluir en que el Rey Eterno / es la primera piedra / del todo? / …

Es así, que la queja del poeta reúne la queja de todos los hombres, al igual que cuando un alpinista, un solo ser humano ha alcanzado la cima de la montaña, con él llega la humanidad en su hazaña; pero la queja del poeta puede no ser compartida o comprendida; la queja del poeta es de una soledad a otra. Es una queja depositada en la hoja, sin un destinatario específico como tal, las más de las veces, porque la queja escrita en un poema se deposita en silencio (Condición de la soledad creativa, de la cual es ajeno el lector. No hay interlocución, no en lo inmediato, porque aún es posible el diálogo entre las obras de los poetas -como en el caso del  fragmento citado-. Es posible que la queja en su resolución poética conmueva a otros y ocurra el encuentro y la coincidencia).

¿Quién soy yo para quejarme de mi suerte? / ¿Acaso esta tierra no ha humillado sueños más grandes que los míos? Y ni sus nombres recordamos… Escribió el poeta José María Álvarez, y con estos versos nos demuestra que la queja construye una respuesta, es lamento y reflexión; síntesis del dolor y de la condición humana.

Inconformes, como es que nos manifestamos constante e irremediablemente por las causas más diversas que hay en la existencia, el poeta cuya queja es relevante, antes bien fue un observador; dotado al fin de un sentido de apreciación de justicia o del bienestar, su canto denuncia lo que aqueja a su espíritu, es rebelión misma de los sentidos y de la condición de quietud e indiferencia; el poeta no sólo siente y resume su voz en una versificación sensible, sino que comparte su pensar y lo que le conmueve a elevar la voz. La escritura como la lectura, se ha dicho, dotan de alas al pensamiento; no es la imaginación en sí, sino la libertad que conlleva el canto, el poema.

Pero la queja puede no ser suficiente, tan sólo es un acto de expiación, catarsis o de rebelión ante la impotencia de ver y ser testigo de lo que hiere al hombre como a uno mismo, aún así la queja poética es luz entre las sombras de la melancolía y la inconformidad.

la resolución de la queja en la poesía, puede llevar tantos elementos como sean apreciados, un tono más inclinado a la búsqueda de consuelo o una entonación cargada de malestar, pausad o terrible, en todo caso constituye una experiencia que se comparte y que mitiga la desazón del hombre, de un pueblo, es, en su punto culmínate la herida escrita que matiza un conocimiento: “pagamos por lo que amamos, decía Ling Yutang, y si hubo queja y dolor, el tiempo de lo vivo nos hace comprender que la fatalidad siempre estuvo a nuestro lado. Aún cuando lo neguemos o cuando la inconsciencia nos hace creer que el dolor se pudiera evitar, la existencia, el tiempo, la enfermedad, la vejez y los otros, nos harán recordar nuestra efímera superioridad.

Porque el mundo no es lo que queremos que sea, sino aquello que podemos distinguir que pudiera ser. La realidad no corresponde al deseo. El poeta y su queja nos enseñan, no de injusticias o sin sabores, sino de realidades profundas que sintetizan alguna aspiración, eso, o el lamento triste, la imposibilidad que nos ahoga sin la esperanza que nos ayuda a construir la espera.

Nada hay más benigno que racionalizar el mal, para desterrarlo, conjurarlo, aún cuando nos asfixia el pesar, la vida de otros también transcurre entre los sueños, el deseo, la lucha y la bondad. Es decir, si el poeta rechaza el cruel destino, nos ha mostrado ya lo que pudiera ser, como la otra cara de una realidad. En tanto se vive, se soporta de todo hasta el límite de nuestra finita condición.

La queja y el perdón, no el olvido basado en la huida o la represión del malestar, sino en aquel que logra liberarnos de los agravios, más nada hay que se pueda olvidar hasta el punto de desaparecer, tal es la función de la memoria que nos advierte, nos recuerda el sabor triste de aquello que endulzara nuestra alegría o la conciencia superior de saber, de comprender, que el ser humano, pese a todo, llega a ser y a decir lo que fue como el mismo pago por vivir.
 
 
 
SERGIO VICARIO, POETA; CUENTISTA Y PROMOTOR CULTURAL, ENTRE SUS LIBROS: "BARÍTONO DE LUZ" FONDO TIERRA ADENTRO, AÑO 2000.

lunes, 26 de agosto de 2013

A través del espéculo. Por Arturo Valdez Castro.


A través del espéculo

Juan José Quintans, un ahora después

Por Arturo Valdez Castro

1. Pensar que escribir no tiene género es absurdo. Escribir está sujeto al dinero, a la enfermedad, a la edad y, sobre todo, a la inclinación sexual. (No todos los locos son poetas; pero todos los poetas están locos). La locura es un estado de ánimo; la poesía, una condición de vida. Escribir está sujeto al dinero: no es lo mismo un escritor lumpen que uno de la clase alta. Escritura y enfermedad, lo mismo; ésta ha sido base de muchas obras maestras de la literatura (pienso en Dostoievski o Hölderlin; uno epiléptico, el otro esquizoide). La edad, otro aspecto importante: hay quien asegura que la buena poesía se escribe entre los 16 y los 35 años (cosa que me parece demasiado sosa); pero ha existido sólo un Rimbaud, como un solo Whitman. Pero un factor determinante es el género: la poesía escrita por las mujeres es distinta de la poesía escrita por hombres, que a su vez son diferentes a la escrita por homosexuales. No se trata de resaltar la inclinación sexual de cualquier autor. La premisa es fácil: la inclinación sexual determina (en la medida en que se busca la libertad a través de la palabra o que la palabra es libertad) el golpe de esa escritura. El motivo es que en una época en la que la homosexualidad no es, a pesar de la hipocresía de ciertos sistemas, aceptada, y, por lo tanto, una época en la que persiste la discriminación y el racismo, la homofobia es moneda corriente. Los poetas homosexuales (machos o hembras) surgen de la marginalidad, lo cual hace que su palabra, necesariamente, se haya curtido en otros frentes todavía más difíciles a los que se enfrenta cualquier poeta; esto hace que su palabra obtenga mayor fuerza para poder destrozar esas cadenas, grilletes y púas que el sistema les ha impuesto. Pienso en los poetas homosexuales que tuvieron que sufrir la discriminación en Cuba, a pesar de una revolución socialista o quizá por eso, y que tuvieron que salir exiliados si no querían ser encarcelados o fusilados. Pienso en Lorca; en los poetas mexicanos de la generación autollamada Los Contemporáneos. La historia de la literatura está plagada de una lucha por la liberación sexual, no solamente hetero, sino, y sobre todo, homosexual (recuérdese a Óscar Wilde, quien fue encarcelado por ser homosexual). No se trata de leer a los autores homosexuales desde esta perspectiva, sería una visión absurda y cerrada, homofóbica. Lo que me parece interesante es que su palabra es, algunas veces, muchas veces, más fuerte que la de un poeta que por su condición, sexo, raza, gusto, etc. es socialmente aceptada. Aquí cabría un nietzscheaismo: lo que no te destruye te hace más fuerte. Es decir, su palabra es más fuerte porque han sufrido de una marginación más extrema. Y qué decir de aquellos autores que, además de enfrentar su homosexualidad con las morales ridículas de la sociedad, son portadores de una enfermedad terminal, concretamente de una enfermedad que además los ha marginado de manera más radical, como sucedió a partir de los años 80 con el Sida. Un poeta sin varo (como generalmente sucede), homosexual y portador del VIH, es uno de los tipos más marginados; o no? Carajo.

2. Juan José Quintans nació el 1 de octubre de 1945, en Uruguay; seguramente en Montevideo. En 1991 publicó ORSAI (hombres que juegan fuera del lugar). Este poeta, carajo, devuelve el aliento en un panorama (desértico) en el que la mayoría de los poemas que he leído no dejan de jugar a la retórica maldita y a los temas de oportunidad y que, en el fondo, no dicen nada más allá de su bella composición y, obvio, se vuelven prescindibles. Este poeta da otra oportunidad a los poemas, estructuras que, como diría el crítico Gerardo Ciancio, pocas veces llevan en sí mismo a la poesía, y con elegante sencillez y bendita tristeza, Juan José Quintans, un héroe, como le han llamado, escribió un poema intitulado Reversible (para las buenas conciencias): “Qué no daría yo/ por otro crepúsculo violeta cerca del mar./ La luna y el cielo enteros/ sin trinos ni ecos/ sólo el ritmo espléndido de la moto/ al llegar a los pinos./ Y las olas/ acabándose únicas lentas/               para nunca más.// Qué no daría/ por volver  a encontrarme/ en aquel paisaje mudo y malva//                         muchacho/muchacha//                               eterno/eterna/ como el tiempo/            el azul/                 la ingratitud de Dios”. Todos los poemas de este libro están firmados en el lugar y la fecha en que fueron, si no concebidos, sí terminados. El poema Reversible, según la firma, lo escribió en Madrid, en julio de 1984.

3. En 1986, en plena dictadura pinochetista, Pablo Lemebel, escritor y activista homosexual chileno, leyó-gritó un su texto: Manifiesto, hablo por mi diferencia. La izquierda, que me parece –igual que la derecha o el centro (políticamente hablando)- una reverenda tontería explotadora de la necesidad física y espiritual de la gente que, en el fondo, no le interesa nada la política, aprovechó la voz de este escritor para ponerlo en su tribuna a leer su manifiesto, en un acto, obvio, provocador y crítico de eso que se llama las buenas conciencias. (Es increíble y estúpido que existan discusiones y que los políticos se atrevan a decidir sobre los derechos de los homosexuales. Fascismo represivo.). El texto, haciendo a un lado su valor artístico, es una declaración de independencia y un grito de libertad. Así inicia: “No soy Passolini pidiendo explicaciones. No soy Ginsberg expulsado de Cuba. No soy un marica disfrazado de poeta. No necesito disfraz. Aquí está mi cara. Hablo por mi diferencia. Defiendo lo que soy. Y no soy tan raro. Me apesta la injusticia. Y sospecho de esta cueca democrática.” Este manifiesto habla de la libertad, acentuando la libertad de género, y de la discriminación en la que se ven inmersos aquellos que son, por necesidad o naturaleza o gusto o todas juntas, diferentes. Aquellos que no se alienan ni se vuelven homogéneos y que, por el contrario, le declaran la guerra, cueste lo que cueste, a los opresores, que bien puede ser cualquiera. Un homosexual se enfrenta a su padre, a su madre, a sus hermanos, pero peor aún, el jodido modus vivendi en el que se desarrolla lo orilla a enfrentarse, principal y terriblemente doloroso, a sí mismo y, como machistamente se dice, a salir del clóset. Pero es que todos tendrían que salir del clóset. La homosexualidad que era aceptada e incluso aplaudida en la cuna de la cultura occidental, es decir, en la Grecia de Sócrates, en la Roma de los Césares, se convirtió, gracias a un estúpido catolicismo retorcido, en un crimen. Lemebel continúa su manifiesto: “¿Tiene miedo que se homosexualice la vida? Y no hablo de meterlo y sacarlo y sacarlo y meterlo solamente. Hablo de ternura compañero. Usted no sabe cómo cuesta encontrar el amor en estas condiciones, usted no sabe qué es cargar con esta lepra. La gente guarda las distancias. La gente comprende y dice: Es marica pero escribe bien. Es marica pero es buen amigo, súper-buena onda. Yo acepto al mundo sin pedirle esa buena onda. Pero igual se ríen. Tengo cicatrices de risas en la espalda (…) El fútbol es otra homosexualidad tapada. Como el box, la política y el vino. Mi hombría fue morderme las burlas, comer rabia para no matar a todo el mundo. Mi hombría es aceptarme diferente. Ser cobarde es mucho más duro. Yo no pongo la otra mejilla. Pongo el culo compañero. Y esa es mi venganza.”

4. Hay, en Uruguay, quien ha considerado que la fecha del natalicio de Juan José Quintans debería considerarse como uno de esos días simbólicos en que la Patria recuerda a sus próceres (Artigas es lo que para México el cura Hidalgo). Quién sabe, si por el bien de los poetas, debiera suceder esto. Ser un marginal puede convertir a un ser humano en un héroe; pero un héroe siempre correrá el riesgo de convertirse en un tirano. La muerte es, muchas veces, en el caso de estos héroes, un dulce ángel salvador de su nombre. El nombre podrá ser inmortalmente bello o terrible, el hombre, finalmente, se habrá jodido. A pesar de que el olvido abraza todo con la misma llama, hay seres humanos que lograron transgredir su momento y fueron parte del camino que construyen las utopías (algo que, obvio, no sirve para nada). Juan José Quintans murió en el 2001, probablemente víctima del Sida, pero su lucha por destruir las dobles morales, en una sociedad uruguaya, por buscar incansablemente la justicia aquí en América o en la vieja Europa; por luchar contra la homofobia y la discriminación, hicieron que muchas almas se confundieran con gusto en los salones de su casa. El poeta, quien, según cuentan amigos suyos, platicaba sus experiencias sexuales con tipos casados o de sus amantes, y que platicaba sin tapujos, fomentó la amistad y quizá al saber que era portador del VIH, antes de que la enfermedad le revelara en las tomografías una “atrofia cerebral difusa” y lo azotara, vivió intensamente sus años y escuchó, aconsejó, conversó y publicó (grandes poemas). Entre quienes visitaban su casa había chicos del barrio, rockeros, grafiteros, filósofos, poetas, viajeros, novios de amigas, amantes fugaces, niños y bebés, según comenta Andrea Blanqué en un facsímil publicado en diciembre de 2003.

5. Pido el primer trago del amanecer, en un restaurante de Montevideo, desde donde se ve el parque Rodó y, al mismo tiempo, la rambla del Río de la Plata. Hay neblina y Londres podría ser tan sólo una idea fantasmal. La necesidad de curarme la resaca me impulsa a abrir, otra vez, el sincero y perro libro intitulado Orsai, de Quintans. Agradezco a Gerardo Ciancio este regalo. Leo: III: “El otoño en la pieza de la rue Voltaire./ Sidi recuerdo que hablamos de Argel/     de sus calles soleadas… bullangueras/                            Camus… los errores de Ben Bella…/                       las arenas de todos tus desiertos.// Ahora los espejos no recuerdan nuestros rostros/         -bellos por solidarios/                   extranjeros uno al otro/                              curiosos por pieles diferentes-//                            (ellas enseñan más que los libros de geografía).// Pasan los años y otros deseos reflejan en los mismos espejos/                  y hay otro calor en la colcha lila./ Se dicen las palabras de amor que nos dijimos esa noche de uvas…// Hay otros gritos/      otros pasos/ y la ciudad duerme soñando con la misma esperanza./ Excepto los amantes/                   atentos furiosos agotados/ está el resto que repite y renueva la promesa desgastada./ No prometimos nada./ Conocimos la piel y alcanzó./ Han pasado ocho años./ Bizerta u Orán seguramente conocen tus proyectos ingenieros.// Alguien puede calcular con exacta precisión/  cuántos cuerpos reflejaron los espejos/                              y cuántas esperanzas fueron aventadas con la luz del amanecer.// Cómo el hombre puede desgarrarse una noche/ armarse de valor/ y comenzar de nuevo a morir/ y aprender con entusiasmo cada mañana.” (Montevideo, julio de 1988).

                                                                                                              Montevideo, junio de 2008
ARTURO VALDEZ CASTRO, DESDE ALGÚN LUGAR EN EL CARIBE, EJERCE COMO PERIODISTA, POETA Y EXPLORADOR DE BARES. RESULTÓ GANADOR DEL "PREMIO DE POESÍA PRAXIS 2011" POR SU LIBRO, Dame otro Jack Doble, Por favor.

sábado, 24 de agosto de 2013

¡STALINGRADO EN PIE! Por Efraín Huerta..

El Volga, atrás, en ruinas,
desatada ceniza y turbia plenitud.
El padre río cansado, aniquilado,
el padre río con sangre,
el dulce padre río con los hombros heridos,
con los hombros, aún, sosteniendo ese fiero
ir y venir de muerte,
sosteniendo la estrella,
sosteniendo en sus manos el frío llanto
y la brutal congoja.

El Volga, atrás, en ruinas.

Pero enfrente, y en mármoles perfectos creciendo como estatuas,
los soldados soviéticos disparan;
disparan resistiendo, grises árboles,
disparan resistiendo, por los siglos,
por los siglos y las luces del Hombre
y el fresco y puro laurel del 17.

El Volga, atrás, en ruinas.

El Volga eterno, desde Stalin,
que es decir desde siempre:
desde ventanas rotas, desde el puño de un obrero del torno,
desde la pupila de un niño, desde el seno febril,
desde todos los sitios, desde el mundo,
¡Stalingrado en pie! ¡Stalingrado en pie!
¡El ametralladorista! ¡El muchacho del tanque!
¡Artilleros soviéticos! ¡Comandantes soviéticos!
¡Pilotos de la estrella del triunfo, aviadores, hermanos!
¡Stalingrado en pie!
Y este río Volga, sí, a todo trance
enseña la tarea, el cumplir una orden, seguir una consigna,
¡una consigna de oro, Mariscal Timoshenko!

A todo trance, allí, la  gran tarea está en pie:
con el humo y el fuego, con las vísceras rotas
y los adolescentes destrozados.

Y el ancho,
el noble, el amargo río Volga se estremece,
gigantesco y en ruinas repitiendo la orden:

--Pues todo aquí es sagrado, sabedlo: ardientes hombres de
las filas, decididos francotiradores, certeros ametralladoristas,
puntuales artilleros, audaces tanquistas, bravos pilotos, heroicos
encargados de morteros, sabios comandantes del Ejército Rojo,
hombres y mujeres de las guerrillas. Convirtamos el año 1942
en un año de la derrota final de los ejércitos fascistas alemanes.

Y la orden repetida de otros labios hunde sus tibias garras
en las regiones ribereñas del río terrible,
del río recuerdo,
del río padre de Stalingrado.

¡Y Stalingrado en pie!

Oh tus manos metálicas, ciudad maravillosa: hacia Moscú,
hacia Sebastopol, Odesa y Kiev
y hacia las heladas y crispantes
márgenes del Lago Ladoga;
de un punto a otro del mancillado territorio soviético, tus
manos,
tus manos donde la sangre vertida ha puesto recias flores,
tus manos donde la victoria es una sinfonía desesperada,
tus manos, acerada ciudad, donde nos has tenido
y donde cada hombre con luz, cada mujer con lágrimas
y niño con sonrisas se están mirando.

Y así estamos mirándote, brillantemente erguida,
ciudad montaña, ciudad hija del río,
hija de nuestra angustia y nuestra fe.

¡Stalingrado siempre!
¡Stalingrado en pie!

Que un solo grito atruene la inmensidad del mundo:
¡STALINGRADO EN PIE!

Septiembre de 1942
Efraín Huerta.
Uno de los dos o tres más grandes poetas
mexicanos del siglo XX.
Nacido el 1914 al igual que Octavio Paz y
el prosista José Revueltas.
Efraín Huerta murió en 1982.
En la actualidad en México uno de los
premios más importantes de poesía
lleva su nombre.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Tiempo tras tiempo
trasterrado
el viento nocturno y carnicero,
una parvada de pájaros grises otea
en una esquina del horizonte.
Mañana nos veremos como de costumbre
con una lluvia de aceros
en tumulto
dispersándonos de nosotros mismos.
Mañana vendrá la orgánica
arquitectura de la muerte
a llevarse algo de tí o de mí
o de nuestro vino
y nos dejará con el corazón sediento de todo
aquello que algún día se nos
presentaba -y qué risa- como una
simple postal personal del
paraíso.

domingo, 28 de julio de 2013

LA INDIA DE ALLEN GINSBERG


Los diarios que el poeta beat escribió en Benarés transmiten un país creíble y contagioso

 

Allen Ginsberg (1926-1997) pasó ocho meses en un hospital psiquiátrico porque tuvo una visión de William Blake que le duró una semana. Cuando ingresó allí llevaba bajo el brazo un ejemplar del Bhagavad Gita, el libro más importante del hinduismo. 13 años más tarde William Blake, definitivamente convertido en su gurú, aunque ya no en forma de alucinación sino de póster, le acompañaría a un viaje de un año por la India que compartiría con el que sería su pareja sentimental durante tres décadas, Peter Orlovski (1933-2010), y, parte de él, con el matrimonio formado por los poetas Gary Snyder (1930) y Joanne Kyger (1934), que entonces residían en Japón. Estamos hablando de 1961 y 1962, una época en la que todavía la contracultura estaba buscando referentes intelectuales y espacios mentales y geográficos donde asentarse. Ginsberg, que poco antes había dejado atónitos a los mejores cerebros de su generación con su poema Aullido, y después de probar el denso aire de fumadero que era el Tánger del momento, con William Burroughs y Paul Bowles como sumos sacerdotes, decidió seguir el consejo de uno de sus sueños, donde se le aparecía la India como la “tierra prometida”. Fue una manera de oficializar lo oriental como uno de los ingredientes principales de la nueva poesía, de la nueva política y de la nueva filosofía de vida.

 
Estos diarios son varios libros: de viajes, de poemas, de sueños, sobre enfermedades, sobre drogas, sobre ciudades

 
De ese viaje iniciático tenemos tres testimonios: estos diarios de Allen Ginsberg, un libro que escribió Gary Snyder para contarle esta experiencia a su hija (Passage through India, Grey Fox Press, San Francisco, 1983) y unas 50 páginas de los diarios de Joanne Kyger (Strange Big Moon, North Atlantic Books, Berkeley, 2000). En todos ellos se reproducen fotos (no así en la versión española del de Ginsberg) en blanco y negro, desenfocadas, semiveladas y maltratadas por el paso del tiempo pero llenas de fuerza expresiva: Ginsberg en una terraza de Benarés alimentando a los monos, Orlovski tumbado en una habitación con una gran barba y pelo largo, estos dos y Kyger en el patio de una mezquita de Delhi y al pie de una montaña en Dharamsala, Kyger cocinando al aire libre en Bodh Gaya, mendigos, leprosos, santones desnudos, vendedores de cigarrillos… Fotos que, interpretadas a la luz de los textos que ilustran, no fueron realizadas para dejar testimonio de un viaje sino más bien para lo contrario: para corroborar la imposibilidad de cualquier testimonio, para confirmar la radical falsedad del conocimiento, para remarcar la importancia del vacío (lo que queda entre lo dicho y lo no dicho, entre lo fotografiado y lo no fotografiado) en la transmisión de una experiencia. Fotos parecidas, eso sí, para textos muy diferentes: Gary Snyder, serio estudioso y practicante del budismo en un monasterio japonés, está atento a dejar una relación coherente, documentada, lineal, con pocas referencias personales y cotidianas, privilegiando las paradas espirituales (templos, cuevas, maestros, universidades, encuentros poéticos); Joanne Kyger, la más joven de todos, esquemática, nerviosa y sin miedo a contar sus peleas con Snyder, su opinión negativa sobre el exceso de ego de Ginsberg y acerca de sus prisas por alcanzar, sin la ayuda de ningún maestro, el estado de despertar interior, o sus críticas a Orlovski por estropear constantemente los planes de viaje a causa de los malestares que le provoca el consumo excesivo de morfina, todo lo cual hace que se alegre mucho cuando les toca abandonar la India; Allen Ginsberg, torrencial, colocado, intenso, el único que se entrega a ese viaje dispuesto a dejarse el alma en él, a romperse en mil pedazos, a enfrentarse a sus demonios no con las armas de la teología, la antropología o la literatura sino a cuerpo descubierto.

 

Estos diarios de Allen Ginsberg son varios libros a la vez y ninguno. Varios libros: un libro de poemas (alguno de los cuales, como “Meditación somnolienta en la habitación”, se encuentra entre los mejores de su producción); un libro de sueños (en uno se santifica la Basura, en otro revive un perro de juguete, en varios se asesina o se folla, en otro hay naves espaciales y una inquietante Agencia Central de Control Cósmico Estatal, en muchos aparecen famosos como Krushev, Gandhi, Cary Grant o Churchill); un registro de las enfermedades que le van aquejando a su autor a lo largo del camino (bronquitis, fiebre, inflamación en el brazo, lombrices, diarrea, herida en el pie, conjuntivitis, problemas renales, cólicos nefríticos, vómitos, flemas, tos); un libro sobre drogas y sus efectos (bhang, datura, ganja, opio, morfina, pastillas de mezcalina y psicocibina, bencedrina), tema sobre el que interroga a un joven Dalai Lama, además de a muchas otras personas religiosas con las que se cruza, y al que se ofrece a proporcionar peyote y LSD; un libro de teoría poética (estupendo el resumen que hace en varias entradas de los nuevos principios poéticos basados en la libre asociación, en el flujo mental, en la “métrica de goma”, en la poesía como sadhana o práctica espiritual, en la yuxtaposición aleatoria, en la intuición a la hora de disponer las palabras o en la ruptura de la sintaxis); un libro de versiones de hermosos poemas bauls, una secta de miembros semi analfabetos que van por las aldeas de Bengala cantando a la divinidad; un libro de ciudades y personas de la India, de trenes (siempre en compartimentos de tercera clase) y monumentos, de campos de arroz y playas, de hoteles de mala muerte y de calles oscuras; y un libro, en fin, de los mil y un personajes (Whitman y Kali, Gertrude Stein y Shivananda, Rembrandt y Anandamai, Ezra Pound y Swami Satyananda, Cézanne y Kabir, Popeye y Ramana Maharshi, etc.) que asaltan su escritura como bandoleros una caravana de comerciantes, es decir, para robarle sus prejuicios y la información acumulada a lo largo de tantos años y dejarle en un estado de pobreza esencial imprescindible para convertirse en el santo que quiere ser.

Ginsberg no es prepotente, el defecto de tantos extranjeros que en visitas de un mes pretende saber más que la Sabiduría

Estos Diarios indios de Allen Ginsberg son todos estos libros y también, en efecto, ningún libro: porque estos fragmentos tan heterogéneos, y los libros, como acabamos de ver, en los que podrían agruparse, se van borrando los unos a los otros a manotazos, se empujan mutuamente fuera de las páginas que los contienen, se desdicen a gritos, se niegan con todas sus fuerzas hasta que al lector, que asiste estupefacto a esta lucha de estilos y de asuntos, acaba viendo solo el blanco que hay detrás de ellos e identificándose más con éste (el blanco o cero absoluto de la iluminación) que con el pretendido sentido literal de esos fragmentos.

Allen Ginsberg, que se pasea por la India en dhoti y camisa de leñador, se pregunta si va “contra el dharma matar mosquitos” (los aplasta contra sus brazos, contra las portadas de sus libros, contra la camisa blanca de Peter), cree que “es asunto de cada ser crear sus propias divinidades” y se angustia porque no sabe qué hacer con esa vida suya “desprovista de toda idea”. También se siente culpable por pararse a meditar estas cosas en vez de “prestar atención aquí a las calles y a las figuras cotidianas de la India”. Pero sí que les presta atención: la India de Ginsberg es inmediata, creíble, honesta, generosa, abierta, contagiosa. Una India a la que él no se resiste, como hacen tantos viajeros timoratos, irrespetuosos o insensibles, sino a la que se entrega con pasión y sin idealizaciones.

 

Fuma pipas de opio y de bhang con los santones polvorientos y desnudos en la calle, se deja robar plátanos por los monos que entran en su casa de Benarés, duerme sobre plataformas de madera a la orilla de un río, se pasa horas enteras contemplando la cremación de los cadáveres, se para a describir perros, ardillas, búfalos, vacas, niños, comerciantes, policías… Una India a la que el autor no le quita la palabra ni, prepotente, le ofrece la suya para que se explique a sí misma (otro defecto de tantos extranjeros que han pretendido, a veces en visitas de un mes o menos, saber más que la Sabiduría). La India de alguien que se había pasado ocho meses en un hospital psiquiátrico, muchos años atrás, leyendo el Bhagavad Gita, ese libro que le advierte a uno que su principal enemigo es el yo. Quizás Allen Ginsberg no encontrara en la India la tierra prometida que había visto en un sueño tenido en Tánger, pero lo que sí es cierto es que su testimonio, estos diarios, puede darle a muchos las coordenadas para encontrarla.
 

Peter Orlovski y Allen Ginsberg, en Calcuta en octubre de 1962.

martes, 22 de enero de 2013

Ante revolución tecnológica, necesitamos nueva institucionalidad cultural: García Canclini


Los nuevos conocimientos no se están aplicando para redefinir las políticas públicas, considera el antropólogo en entrevista con La Jornada.

Arturo Jiménez
Publicado en La Jornada el 22 de enero de 2013.

México, D.F. Desde principios de este siglo se han multiplicado las investigaciones acerca de los nuevos fenómenos culturales en México, sobre todo los vinculados con la revolución tecnológica que se vive en el mundo, sin embargo, “esos conocimientos no se aplican para redefinir las políticas públicas”, destaca el antropólogo Néstor García Canclini, quien agrega en entrevista: “Necesitaríamos un nuevo tipo de institucionalidad cultural” y una “reformulación del Estado y de las políticas en esos temas”.

García Canclini charla en su casa de San Ángel a propósito de la publicación del libro Jóvenes, culturas urbanas y redes digitales (Editorial Ariel-Fundación Telefónica), coordinado por él, Francisco Cruces y Maritza Urteaga Castro Pozo, y con la participación de unos 15 investigadores en las ciudades de México y Madrid, ya que se trata de un proyecto conjunto y comparativo entre ambas urbes.

El libro se presenta hoy en el Centro Cultural de España (CCE) en México, a las 19 horas, y el viernes en la Librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, con la participación, entre otros, del investigador Cruces, quien viene desde Madrid.

“Vimos la necesidad de un trabajo específico sobre los jóvenes que hoy marcan tendencias con sus formas de abordar y desarrollar su creatividad, jóvenes que viven en condiciones muy precarias, pero que están altamente calificados, muchos de ellos universitarios, que participan muy activamente en las escenas creativas, de artes visuales, editoriales independientes, festivales de cine alternativos, en la música”.

Ninis y oficios emergentes

“El propósito era no diluir la condición de jóvenes con su diversidad en las grandes cifras. Se nos dice siempre: hay 7 millones de ninis. Además de que la categoría es equívoca y no nombra bien lo que está sucediendo con ellos, incluye a gente muy diversa. Y a veces no es que no trabajen ni estudien; no es que esos 7 millones estén todo el día con videojuegos u ociosos en la calle.

“Hacen muchas cosas; algunos trabajan de otro modo o crean o estudian en forma alternativa, se agrupan de manera distinta de la que las instituciones reconocen. Hay una extraordinaria diversidad, pero con algunos rasgos compartidos. No era fácil identificarlos, porque no hay censos de artistas en México, ni de músicos, ni una sistematización suficiente de la información sobre la actividad cultural”.

García Canclini destaca que se trata de un fenómeno juvenil mundial. “En el camino de la investigación nos asociamos con un grupo de investigadores de Madrid que estaban estudiando algo parecido. Ellos le llaman prácticas emergentes de los jóvenes en la ciudad. Encontramos muchos intereses comunes y la comparación fue muy fecunda”.

Agrega que el fenómeno se ha atendido por políticas públicas en España, Inglaterra o Alemania, o que en Brasil se tiene una “expansión extraordinaria, mucho más organizada, institucionalizada y apoyada por el Ministerio de Cultura”. Pero que en México y otros países latinoamericanos aún no se llega a ese nivel.

Estas manifestaciones sociales, responde a pregunta expresa, corresponden a un estado de época de los jóvenes que revela las enormes posibilidades que dan las tecnologías recientes para acceder a mucha información existente, conectarse, producir conjuntamente música, artes visuales, imágenes, y traducir y publicar textos en forma trasnacional, más allá de las barreras fronterizas de las aduanas.

“Se refiere además a la emergencia de nuevos modos de hacer cultura”, que no pasa únicamente por la capacidad digital, sino por los modos de asociarse. “En México nos habíamos acostumbrado a discutir cuánto había que aceptar del Estado, cuánto de la iniciativa privada; si no nos daban dinero, cómo evitar la parálisis. Y de pronto vemos en las dos generaciones recientes, de 35 años para abajo, la emergencia de miles de jóvenes que, no sólo en la ciudad de México, sino en otras urbes del norte, centro y sur del país, están desarrollando un espectro de actividades que no existía hace 20 años”.

–¿Cómo se podría caracterizar ese proceso? ¿De democratización, de socialización, de liberación de la creatividad cultural de la sociedad?

–Son nuevas formas de sociabilidad, de agrupamiento y de creatividad.

–¿Impactan a la cultura y a la sociedad?

–Por supuesto, están reconfigurando la escena. Impactan positivamente de un modo complejo, porque se desenvuelven en condiciones de mucha precariedad. No podemos idealizar fácilmente la creatividad de estos grupos.

–¿Cómo han respondido las instituciones culturales?

–Algunas les han dado lugar, otros aún no. Este sector de jóvenes ha generado profesiones nuevas, como los vijéis, los diyéis, los coolhunters o los hackers, que no son como se piensa, que espían en las redes. Los hackers son jóvenes que tienen una disposición al uso intensivo de las redes digitales con una ética basada en la autonomía creativa y en compartir los bienes culturales que circulan en red. La idea de procomún es clave, cómo trascender la propiedad privada, el copyright, y habilitar el acceso a sectores muy amplios, tanto para el consumo como para la reutilización creativa de lo que se pone en la red.

“De ahí que otra de las nociones con la que tuvimos que trabajar es la de prosumidores, pues se está trascendiendo la división entre los que producen y los que consumen. El diyéi es el ejemplo más clásico: tomar músicas prexistentes, recrearlas y convertirlas en otro objeto cultural. Es una manera de apropiárselas y socializarlas.”

–Con el comienzo del neoliberalismo, de tres décadas para acá, se ha dicho que se han acentuado actitudes sociales como el consumismo, el individualismo y la despolitización. Pero al parecer está este otro fenómeno paralelo descrito por usted.

–Esas etiquetas, que suelen tener carga despectiva, son casi siempre resultado de la incomprensión de los adultos hacia los nuevos comportamientos. No diría que hay más individualismo que hace 40 años, sino que hay un modo diferente de articular las búsquedas individuales con las grupales y con las del conjunto de la sociedad, de encontrar lugares no previstos por las instituciones y las formas clásicas de educación y sociabilidad.

“Tampoco se sostiene la estigmatización del consumismo cuando vemos que se trata de consumos muy creativos, no en todos los casos pero sí cada vez más generalizados, precisamente porque la flexibilidad de las tecnologías recientes permite un uso mucho más distribuido de las capacidades creativas, una información mucho más diversificada, una transparencia mayor de lo que se ocultaba en las élites políticas o culturales”.

Destaca que en la década reciente se han realizado diversas investigaciones, pero después esos conocimientos no se han aplicado para redefinir la política cultural. “Seguimos teniendo concentrada la mayor parte del financiamiento cultural del Estado en el Instituto Nacional de Antropología (INAH) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), instituciones que siguen siendo fundamentales, pero que se crearon a finales de los años 40, cuando no existía ni televisión. La mayor parte de la acción pública tanto federal, en los estados o en el Distito Federal, va dirigida a formas clásicas del desarrollo cultural predigitales, preindustriales.

“Varias tareas son urgentes, y una es redefinir la institucionalidad cultural, más que la discusión sobre los nombres que se designan en las instituciones, hay que pensar qué nueva configuración institucional y qué políticas necesitamos para favorecer la participación y el agenciamiento de los jóvenes de sus nuevas posibilidades creativas y comunicativas. El financiamiento debería ser responsabilidad del Estado y de las empresas que están ganando mucho con la expansión de las insdustrias culturales y las tecnologías de la comunicación, pero que no devuelven a la sociedad. Hablo de la responsabilidad social desde Televisa y Telmex hasta Apple”.

lunes, 7 de enero de 2013

El Poeta como un Pescador




Lawrence Ferlinghetti

A medida que envejezco me doy cuenta

de que la Vida se muerde la cola,

y que otros poetas y otros pintores

ya no son competencia alguna.

El desafío es el cielo,

el cielo que todavía requiere ser descifrado,

con todo y que los astrónomos se esfuerzan

por escucharlo con sus inmensos oídos eléctricos,

el cielo que nos murmura constantemente

los últimos secretos del universo;

el cielo que ihnala y exhala

como si fuera el interior de una boca

del cosmos,

el cielo que es también la orilla de la tierra

y la orilla del mar también.

El cielo con sus muchas voces y ningún dios.

El cielo que encierra un mar de sonido

y nos transmite un eco

como una ola contra un dique.

Poemas completos, diccionarios completos,

enrollados en un trueno

y cada atardecer una pintura abstracta,

y cada nube un libro de sombras

a través del cual vuelan libres

las vocales de las aves a punto de gritar.

Y el cielo está claro para el pescador

si bien encapotado.

Él lo ve tal cual es:

un espejo del mar

a punto de caerle encima,

en su bote de madera, en el horizonte oscuro.

Tenemos que pensar en él como poeta,

frente a frente con la vieja realidad de siempre,

donde no hay pájaros que vuelen antes de la tormenta.

Y él sabe lo que se le viene

antes del alba,

y él es su mejor vigía,

escuchando el sonido del universo

y cantando sus avistamientos

de la tierra de los vivos.





Versión de Alberto Blanco.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Del Poemario Crepúsculo Inmediato De Sergio Vicario

a Lawrence Ferlinghetti


El sol se apacigua un poco, bosteza.

Como si fuera un enamorado cansado que se despìde

mientras que la tarde se abate celosa, abajo,

la presencia en movimiento de los caminantes

teje en su paseo el diálogo amistoso;

como es el de las familias en su anhelado descanso.

De entre los que caminan, una pareja de ancianos,

juegan a tomarse de la mano y se detienen risueños

para la foto del recuerdo,

y qué importa si les quedan pocos años,

o si solitarios refrendan su cariño.



El tan, tan, metálico suena desde otra parte,

es la llamada melancólica y antigua de una iglesia,

que cede su voz al murmullo inagotable del agua, interminable

salpica la risa de los niños, luego son ellos los que ríen

y avientan una pelota que tiene atadas unas tiras de estaño,

cual colorido cometa que viaja para caer en sus manos.



¡Ah!, que viento tan plácido es éste,

se puede respirar bien y musitar sin mayor dolor alguna pena,

y mirar cómo la vida sucede apasible, sin tropiezos;

es la marcha de la vendedora de globos que se antojan

ser frutos de un árbol de luz,

o el pregón del vendedor de lagartos de esponja

que juegan con el color confundidos en el alambre.



Algunas palomas urreán como si estuvieran seguras

y enamoradas de su destino,

a ratos vuelan o dan de brincos señoreando la fuente

y sobre la estatua: las piedras son su dominio,

y pueden cagarrutear libremente la figura del marqués.

A veces, juegan a espantarse cuando las persigue una criatura,

o si no, inflamadas en su pecho caminan, bamboleándose

orgullosas detrás de una garbanza.

Nada parece inquietarlas, ni a ellas

ni a las buenas personas que están en la plaza.

Porque tienen que ser buenas.



No importa, si calles más allá, al fondo

y del otro lado del Atlántico,

se aprovisionan para una batalla.



SERGIO VICARIO (México, D.F. 1965)  PUBLICÓ SU PRIMER LIBRO DE POESÍA, BARÍTONO DE LUZ (año 2000 TIERRA ADENTRO), ADEMÁS ES CUENTISTA Y PROMOTOR CULTURAL.

Un poco de Fotoperiodismo en Hápax Poético: XXI concurso de Fotografía del INEGI realizado este noviembre de 2012.


EL GANADOR DEL 2do LUGAR CON ÉSTA FOTO FUE NUESTRO AMIGO GERARDO GONZÁLEZ GONZÁLEZ. FELICIDADES POR UN GRAN TRABAJO!!

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Será por culpa de Octavio Paz que el mundo no ha sido justo con Elena Garro? = Juramento del pequeño Perogrullo...

lunes, 25 de junio de 2012

Gajes del Oficio: Milan Kundera habla sobre El Arte de la Novela

El arte de la novela (Editorial Vuelta, 1988) condensa las ideas del
escritor checo sobre ese antiguo y siempre redivivo género literario.
En el prólogo, Kundera afirma: “este libro no es sino la confesión de
un ‘practicante’”.

El espíritu de la novela es el espíritu de la complejidad. Cada
novela dice al lector: “Las cosas son más complicadas de lo que tú
crees”. Ésa es la verdad eterna de la novela que cada vez se deja oír
menos en el barullo de las respuestas simples y rápidas que preceden
a la pregunta y la excluyen.

El espíritu de la novela es el espíritu de la continuidad: cada obra
es la respuesta a las obras precedentes, cada obra contiene toda la
experiencia anterior de la novela. Pero el espíritu de nuestro tiempo
se ha fijado en la actualidad, que es tan expansiva, tan amplia que
rechaza el pasado de nuestro horizonte y reduce el tiempo al único
segundo presente. Metida en este sistema, la novela ya no es obra
(algo destinado a perdurar, a unir el pasado al porvenir), sino un
hecho de actualidad como tantos otros, un gesto sin futuro.

Antaño, yo también consideré que el porvenir era el único juez
competente de nuestras obras y de nuestros actos. Sólo más tarde
comprendí que el flirteo con el porvenir es el peor de los
conformismos, la cobarde adulación del más fuerte. Porque el porvenir
es siempre más fuerte que el presente. Él es el que, en efecto, nos
juzgará. Y por supuesto, sin competencia alguna.
Pero, si el porvenir no representa un valor para mí, ¿a quién o a qué
me siento ligado?: ¿a Dios?, ¿a la patria?, ¿al pueblo?, ¿al
individuo?
Mi respuesta es tan ridícula como sincera: no me siento ligado a nada
salvo a la desprestigiada herencia de Cervantes.

Joyce puso un micrófono en la cabeza de Bloom. Gracias a este
fantástico espionaje que es el monólogo interior hemos averiguado
mucho de lo que somos. Pero yo no sabría servirme de ese micrófono.

Aprehender un yo quiere decir, en mis novelas, aprehender la esencia
de sus problemas existenciales. Aprehender su código existencial. Al
escribir La insoportable levedad del ser me di cuenta de que el
código de tal o cual personaje se compone de algunas palabras clave.
Para Teresa: el cuerpo, el alma, el vértigo, la debilidad, el idilio,
el Paraíso. Para Tomás: la levedad, el peso.

La novela conoce el inconsciente antes que Freud, la lucha de clases
antes que Marx, practica la fenomenología (la búsqueda de la esencia
de las situaciones humanas) antes que los fenomenólogos. ¡Qué
fabulosas “descripciones fenomenológicas” las de Proust, quien no
conoció a fenomenólogo alguno!

El personaje no es un simulacro de ser viviente. Es un ser
imaginario. Un ego experimental. La novela vuelve así a sus
comienzos. Don Quijote es casi impensable como ser vivo. Sin embargo, en nuestra memoria, ¿qué personaje está más vivo que él? […] no quiero pasar por alto al lector y su deseo tan ingenuo como legítimo de dejarse arrastrar por el mundo imaginario de la novela y
confundirlo de tanto en tanto con la realidad. Pero no creo que la
técnica del realismo psicológico sea indispensable para eso. Leí por
primera vez El castillo [de Kafka] cuando tenía catorce años. Por
aquel entonces admiraba a un jugador de hockey sobre hielo que vivía
cerca de casa. Imaginé a K. con sus rasgos. Aún hoy lo veo así.
Quiero decir con eso que la imaginación del lector completa
automáticamente la del autor.

Crear a un personaje “vivo” significa: ir hasta el fondo de sus
problemas existenciales. Lo cual significa: ir hasta el fondo de
algunas situaciones, de algunos motivos, incluso de algunas palabras
con las que está hecho. Nada más.
[Para tratar la Historia] Primero: trato todas las circunstancias
históricas con un máximo de economía. Actúo en relación con la
Historia como un escenógrafo que decora una escena abstracta con la
ayuda de algunos objetos indispensables para la acción. […]
Segundo principio: entre las circunstancias históricas sólo retengo
las que crean para mis personajes una situación existencialmente
reveladora. […]
Tercer principio: la historiografía escribe la historia de la
sociedad, no la del hombre. Por esa razón los acontecimientos
históricos de los que hablan mis novelas son con frecuencia olvidados
por la historiografía. […]
Pero es el cuarto principio el que va más lejos: no sólo la
circunstancia histórica debe crear una situación existencial nueva,
sino que la Historia debe en sí misma ser comprendida y analizada
como situación existencial.

Hay que comprender lo que es la novela. Un historiador relata
acontecimientos que han tenido lugar. Por el contrario, el crimen de
Raskólnikov jamás ha visto la luz del día. La novela no examina la
realidad sino su existencia. Y la existencia no es lo que ha
ocurrido, la existencia es el campo de las posibilidades humanas,
todo lo que el hombre puede llegar a ser, todo aquello de que es
capaz.

Si el autor considera una situación histórica como una posibilidad
inédita y reveladora del mundo humano, querrá describirla tal cual
es. El caso es que la fidelidad a la realidad histórica es algo
secundario en relación con el valor de la novela. El novelista no es
ni un historiador ni un profeta: es un explorador de la existencia.

Existe una diferencia fundamental entre la manera de pensar de un
filósofo y la de un novelista. Se habla con frecuencia de la
filosofía de Chéjov, de Kafka, de Musil, etc. Pero ¡trate de extraer
una filosofía coherente de sus escritos! Incluso cuando expresan sus
ideas directamente, en sus cuadernos íntimos, éstas son más
ejercicios de reflexión, juego de paradojas, improvisaciones, que
afirmación de un pensamiento.

Me gusta de vez en cuando intervenir directamente, como autor, como
yo mismo. En este caso, todo depende del tono. Desde la primera
palabra mi reflexión tiene un tono lúdico, irónico, provocador,
experimental o interrogativo.

[…] componer una novela es yuxtaponer diferentes espacios
emocionales, y en esto estriba, a mi juicio, el arte más sutil de un
novelista.

Hasta los veinticinco años me sentía mucho más atraído por la música
que por la literatura. Lo mejor que hice en aquel entonces fue una
composición para cuatro instrumentos: piano, viola, clarinete y
batería. Prefiguraba casi caricaturescamente la arquitectura de mis
novelas, cuya existencia futura, por aquel entonces, ni siquiera
sospechaba.

En sus comienzos, la gran novela europea era una diversión ¡y todos
los auténticos novelistas sienten nostalgia de aquello! La diversión
no excluye en absoluto la gravedad. En La despedida uno se
pregunta:¿merece el hombre vivir en esta tierra, no hay que “liberar
el planeta de las garras del hombre”? Unir la extrema gravedad de la
pregunta a la extrema levedad de la forma es desde siempre mi
ambición. Y no se trata exclusivamente de una ambición artística. La
unión de un estilo frívolo y un tema grave devela la terrible
insignificancia de nuestros dramas (tanto los que ocurren en nuestras
camas como lo que representamos en el gran escenario de la Historia).

Los libros se publican con caracteres cada vez más pequeños. Imagino
el fin de la literatura: poco a poco, sin que nadie se dé cuenta, los
caracteres disminuirán hasta hacerse completamente invisibles.

Es el armazón de algunas palabras abstractas lo que sostiene una
trama meditativa de la novela. Si no quiero caer en la vaguedad en la
que todo el mundo cree comprenderlo todo sin comprender nada, no
solamente tengo que elegir esas palabras con extrema precisión, sino
también definirlas y volver a definirlas. […] Me parece que una
novela no es, con frecuencia, sino una larga persecución de algunas
definiciones huidizas.

¡Maldito sea el escritor que primero permitió a un periodista que
reprodujera libremente sus comentarios! Dio inicio al proceso que no
podrá sino conducir a la desaparición del escritor: el que lo hace
responsable de cada una de sus palabras. […] Hace un tiempo tomé una decisión: nunca más una entrevista. Salvo los diálogos, corredactados por mí y acompañados de mi copyright. A partir de esta fecha, todo comentario mío de segunda mano debe ser considerado como falso.

Tres posibilidades elementales del novelista: cuenta una historia
(Fielding), describe una historia (Flaubert), piensa una historia
(Musil). La descripción novelesca del siglo XIX estaba en armonía con
el espíritu (positivista, científico) de la época. Fundamentar una
novela en una meditación permanente va en el siglo XX en contra del
espíritu de la época, a la que ya no le gusta en absoluto pensar.
El escritor tiene ideas originales y una voz inimitable. Puede
servirse de cualquier forma (incluida la novela) y todo lo que
escriba, al estar marcado por su pensamiento, transmitido por su voz,
forma parte de su obra. Rousseau, Goethe, Chateaubriand, Gide,
Malraux, Camus, Montherlant.
El novelista no hace demasiado caso a sus ideas. Es un descubridor
que a tientas se esfuerza por mostrar un aspecto desconocido de la
existencia. No está fascinado por su voz, sino por la forma que
persigue, y sólo las formas que responden a las exigencias de su
sueño forman parte de su obra.
Fielding, Sterne, Flaubert, Proust,
Faulkner, Céline, Calvino.

[ Subrayados: Delia Juárez G. ]

viernes, 15 de junio de 2012

MENSAJE DEL PEN CLUB


Estimados colegas:

Nos dirigimos a usted en nombre de PEN México y PEN Internacional, la organización de libertad de expresión que agrupa escritores de todo el mundo y que cuenta con más de 100 centros en los cinco continentes.
Les pedimos, como colegas periodistas y escritores, recordar a los periodistas asesinados y desaparecidos en México en los últimos años, al momento de informar sobre la Cumbre del G20 de este año que tendrá lugar en el mismo país.
México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Desde 2000, al menos 80periodistas, escritores y blogueros han sido asesinados y otros 14 han desaparecido, en circunstancias relacionadas con su trabajo. Muchos de estos periodistas reportaban sobre crimen organizado y corrupción y sólo algunos delos asesinatos han sido investigados adecuadamente. Las condenas han sido relativamente pocas.
A pesar de la aprobación de dos mecanismos destinados a proteger a los periodistas que se encuentran bajo amenaza y la creación en 2006 de la oficina de la Fiscalía Especial de Delitos contra la Libertad de Expresión, los crímenes contra periodistas, lejos de disminuir, se han incrementado de forma acelerada.
En los seis primeros meses de 2012,siete escritores han sido asesinados.
México está obligado a cumplir los diversos tratados internacionales sobre libertad de expresión que ha firmado y ratificado, y sin embargo, poco ha hecho para proteger estos derechos. Quiénes amenazan y asesinan periodistas y escritores, quedan impunes casi en su totalidad debido, en gran parte, a la corrupción rampante en varios estados del país.
La Fiscalía Especial de Delitos contra la Libertad de Expresión reconoció públicamente esta situación en marzo de 2012, cuando admitió que las amenazas a la libertad de expresión en México a menudo provienen de las propias autoridades del Estado.
PEN ha llevado a cabo campañas para poner fin al clima de impunidad en México y urgió al Senado mexicano a aprobar una enmienda a la Constitución que haría que todos los ataques contra periodistas se conviertan en crímenes  federales. Esta enmienda fue aprobada en marzo de 2012 y ahora debe ser aprobada por la mayoría de los estados para que se convierta en ley.
Sin embargo, el compromiso de México con la libertad de expresión no puede medirse por sus leyes, sino por la reducción en el número de ataques contra periodistas y escritores, así como también por el enjuiciamiento y condena de los responsables de estos crímenes.
Durante sus reuniones en la próxima Cumbre del G-20, los invitamos a que en nombre de los escritores y periodistas mexicanos planteen la situación de impunidad que prevalece en México.
 

Jennifer Clement

Presidenta PEN Club de México
 

Aline Davidoff

Vicepresidenta PEN Club de México

domingo, 10 de junio de 2012

Discursos políticos



Queremos que confíes en nosotros,
Queremos que creas todo lo que decimos,
Queremos que te saques los ojos,
Queremos que te zurzas la boca.
Hemos violado tu tierra,
Hemos bebido su sangre,
Entre ovaciones seguimos caminando.
Te prometemos el cielo,
Te prometemos la carne,
Y quemaremos tu cielo,
Mordimos tu carne.
Quiero ver tus manos apoyándonos
Quiero ver tu cara sonriéndonos
Mientras te seguimos sodomizando….

lunes, 4 de junio de 2012

al yo soy 132

Muy Bien, si "televisa te idiotiza y TV Azteca te apendeja"... significa que ustedes los jóvenes, ya no quieren ser tratados como imbéciles ni como perros ¿verdad? Pues entonces tienen qué leer "El hombre rebelde" de Albert Camus, el escritor francés premio Nobel compañero de Jean-Paul Sartre en sus aventuras intelectuales... Y también lean a Efraín Huerta... me caen bien ustedes: yo no veo en realidad la tele casi desde que salió Pulp Fiction he he he... La mejor arma de ustedes es la poesía, no la desperdicien!! Aquí les vamos a dar mucho de eso... o no colectivo de hápax poético?