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Todos los textos son propiedad de sus autores, quienes tienen todos los derechos sobre ellos (¿o será al revés?) y han decidido libremente publicarlos aquí para la difusión pública sin fines de lucro. *Este proyecto está basado, en sus orígenes, en la idea de Dulce Chiang y Alicia Quiñones



domingo, 27 de abril de 2008

Un lugar en medio de la luna

[fragmento]

I
Senderos de águilas y de serpientes,
montañas de agua, cristalina y diáfana,
ceñidas glaucamente por planicies
que se alzan ávidas al horizonte,
adonde el hálito de la mañana
guarece siempre su ser del calor.
Allí, columbra la zona lacustre:
colmado plexo de islas postizas,
hogar de reyes, quetzales y jade:
que riega el fértil suelo de maíz:
comida de oro de gente de bronce
que atisba el yelmo albo del volcán:
guardián eterno de mujer eterna
que besa cielos blancos, que más tarde,
florecen súbitos, pintando el valle
de rojos, gualdos, violetas y blancos
y verdes aves: quetzales y loros;
y azules aguas de ríos y de arroyos
que corren rápido a unirse al gran lago,
por donde vuelan cenzontles translúcidos
cantando el himno de Tenochtitlán.
Y ahí, parada en el Templo Mayor,
está la verde corona de plumas
y el ronco pecho del emperador,
que con oídos de vientos sutiles
escucha lenguas vinientes del mar,
de gente rubia con casas de palo
flotando cual hoja en agua de sal.
Antaño: Hombres de donde el sol nace,
sobre un madero a la deriva azul
-astilla rota en giros de ciclón-,
posaron pie seco en mojada arena:
moraron, uno en gracia y otro en pena,
en tierras mayas vecinas del sur.
Un hombre dellos defiende al vecino
Pues tiene hijos de mezcla imperial.
Madera errante bordea la península
y toca tierra en la zona Tampico
donde la sangre se sale a las barbas;
mas pronto fuego de pólvora roba
las vidas indias de héroes de guerra.
¡La Paz!
-Después de la muerte: forzosa-
Se otorgan 20 plañidos de madres:
todas bronceadas, con suaves contornos,
todas alegres, de herejes transfondos:
todas cambiadas por credos celosos.
Y fundan casas: la primer ciudad;
ciudad errante que escapa a las lluvias
-de nombre Villa Rica de la Vera Cruz-.
Y pies con polvo llegaron a ella
traído pronto del Valle Central.
Los pies traen oro con joyas y plumas,
también traen voces poéticas únicas.
No sabe oír las palabras el rubio:
presenta armas, prepara batalla.
La sabia y fuerte embajada se alista.
Sólo un suave seno turgente evita
las muertes: tiene por boca una flor,
en cada pétalo entiende un idioma
y en cada antípoda tiene una amor.

II
Presagios viejos, casi eternos, casi
-de varios cientos de tonalpohuallis[1]-;
solemnes cantan la vuelta del ave
-el ave víbora: serpiente alada-
que alguna noche abrasó, como el fénix,
su cuerpo entero: inmolación solar.
Los hombres, fútiles, apenas vivos
de inope fe, fe ciega, fe de pueblo
que grita júbilo, profecía hecha.
Engaño. España. Primera victoria.
España. Engaño. Contienen la flecha.
Engaño. España. La raza idolatra.
Guadaña en mano la muerte se alista.
Se signa un pacto de guerra y maltrato:
los totonacas se alían al barbado
y Moctezuma se entera en el acto.
Algunos hombres de barba española
se cansan del rubio, jefe hasta ahora,
y arman motín: ceguera del oro.
El jefe los mata a todos, y al rubio
que celos, desdeños y mal sembró
le tala los pies cual pena ejemplar...
—o—

[1] Periodos del calendario azteca de 260 días.

sábado, 12 de abril de 2008

En honor al Lagarto

Vocación de incertidumbre, la vida todavía llamea
más allá de los bosques,
donde nuestro encuentro puede ser fugaz y donde
cada quién vislumbrará su destino patinando bajo otras pestañas.
Clarividencia, sed del ámbar, pupilas de noche y animales que huyen
en rebaños.
Quizá de cada quién, lo más mío es éste
pequeño frasco que manipulo a ciegas
para adentrarme en los valles del poema.
Es la única salida, y la ilusión no viaja en tranvía,
sino en el sonido que delata la espesura del ser,
la penúltima frase de la conciencia
que se dicta a sí misma su propia autoridad,
su propia invención moral
y su determinación, quizá para no dejarse raptar
en este mundo donde todo es perdido y fulminado,
seremos secuestradores del verbo, espías de dios
y vendremos a arrullar a nuevas damas, únicamente,
Efraín, salvados por el ángel negro del poema, y sus alas.

Poema estilo los de Eduardo Casar

Tus hombros son dos espumas afiladas
a la orilla de una cabaña,
tu sonrisa es la paz vertical
de una corriente marítima que se alegra
al mirarse en otras pupilas,
tu voz es el fuego de una porcelana
que cae interminablemente en el eclipse
de un suspiro, donde contemplo
tu destino y sé de tu sonrisa de nuevo,
por un mástil que cae como la sombra de un olvido.
Es entonces cuando te retengo en mi memoria,
como esa escalera que subo mientras
tu bajas para encontrarnos en lo ajeno,
lo más propio, lo más precioso, la determinación;
como un oasis en medio
de la ciudad, para mirarnos, caminar y mirarnos,
desayunar y mirarnos,
vestirnos y mirarnos,
ir al cine y mirarnos, platicar de la película y mirarnos;
entonces, nos miraremos profundamente,
como si cada quien estuviera en diferente siglo,
en diferente calle, en diferente nombre, en diferente identidad,
hasta que de tanto mirarnos, tus cejas se parecerán a mis cejas,
tu boca a la mía, hasta que seamos entre tú y yo,
una sola sonrisa que no se despide.

domingo, 23 de marzo de 2008

Aforismos del caos

Tú que ni poema llegaste a merecer, te toca punto final.
*
Sobre el prójimo se ha escrito mucho verso,
Se ha maldecido, se ha injuriado, pero jamás se ha colocado
Los puntos sobre las íes en la palabra prójimo.
*
No le deseo mal a mi hermana, no le deseo mal a mi hermana, no le deseo mal a mi hermana..
*
Gravito en una soledad de cuarto piso sin molestar a nadie,
No quiero ser ni la música triste de la ex novia,
Solamente pretendo aportar un verso mínimo a lo ya recorrido,
A lo ya pensado, a lo ya vivido,
Es entonces cuando se presiente de nuevo la pandemia de generar caos
Por medio de la palabra, la totalidad de caer uno mismo en sus propias palabras: no condena, no salvación, simplemente el fenómeno siempre inabarcable, de que al momento de escribir, se caen de los dedos al texto una biblioteca, por pequeña que sea, y una obra, sea la obra propia lo que sea: escribir se parece a caminar por el mundo, uno siempre sabe ya donde es arriba y dónde es abajo, solamente que volver es acto de poetas, con razón Octavio Paz, hablaba de que la poesía no busca ni espera otra cosa que no sea la resurrección.
*
Escojo sin lugar a dudas aquél libro, éste, donde nada sé, donde todo está perdido. El libro imposible de referenciar con Algo.
*
El deseo?
Es inevitable, por supuesto, lo que sí puede evitarse es chocar contra él, ya que es tan hermoso.
*
¿Escribir dándole la espalda al mundo? Quizá sería más adecuado decir: se escribe después de hojear al mundo, hojearse a uno mismo, hojear a los otros para, por fin, hacer una hoja que valga la pena.

haaa la la la la juventud.

Rugido espeso, látigo de azúcar,
el titán del desprecio.
Mas por su amada no…
no se nombra, no se oculta, no renuncia.
Sino más bien se concatena.
En el abrevar azulado de la galaxia,
y aunque ésta no sea la triste canción de amor,
soy yo, trono de voz,
luciérnaga, verticalidad y zompantli
para los muertos que quieran saber
dónde está aquella calle, donde dos, una y uno, se amaron,
se depositaron y se reencontraron,
aunque bueno,
al final la faena terminó en la delegación.

jueves, 20 de marzo de 2008

Extrañamiento que no acaba**.

«...llorando, / llorando la hermosa vida.»
J. SABINES

Tiemblan mi sangre y mis piernas
de tu espíritu la ausencia,
pues no me basta más ciencia
que la tuya me concierna.
La distancia se acrecenta
en mi pecho detenido
que por más que haya venido
de tu ausencia se lamenta.
No te veo, A*..., ¿qué haces
que a mis brazos no retornas,
que a mi vida no la adornas?
Para, hermosa, ya no pases:
mi corazón a habitar
quédate con alegría,
que sin ti me pasaría
llorando la eternidad.


30/jul/2007



*(?)
**Algo que no sé que sea, lo único seguro es que lo rescaté del olvido.
Quizá sea un divertimento que me alivió en el momento, o quizá sea
algo que se me ha negado ver por ahora. Juzguen ustedes y sean
brutales.

martes, 4 de marzo de 2008

lunes, 3 de marzo de 2008

1

Siempre soñé tus labios en los míos,
encontrándose trémulos y calurosos,
inciertos del calor de la otra piel.

También soñé tus manos en las mías,
desnudándose ávidas y presurosas,
buscando el calor de nuestros cuerpos.

Después oí ese leve jadeo,
ése que imagino haces
en las pausas de tus besos.

Y desperté en la mar:
aferrado a la corriente de un madero
como a tu cintura,
yendo tras la muerte que me has dado.

Mérida 02/2008

Publico esto recién salido del horno, sin pulimentaciones, añadidos o correcciones.
Y esto no lo escribo a modo de apología, sino todo lo contrario.

martes, 26 de febrero de 2008

Fútiles.

Míranos si existimos, somos tu paisaje .

Pero tenemos una vida tan compleja

e insignificante como la tuya…


Fútiles.

¿Cuántas miradas yo te robe?

¿Cuántos cuerpos me rodean?

Donde dos almas chocan,

dos universos se tocan

viviendo un instante...

Tiempo de una mirada,

Tiempo de la indolencia.

*


Un programa de TV,

una página de Internet,

Pueden tener más valor,

Pueden ser más recordados,

Una vida es fútil;

Es notar y olvidar.

Mundo indiferente y brutal...

Mundo saturado y vano

*

¿Dónde van los rostros?

¿Dónde van los recuerdos?

¿Cuántas personas me miran?

¿Cuántas personas me conocen?

Soy un adorno en un paisaje,

Decorando otra vida.

*


Para luego borrarme...

Para luego borrarte.

sábado, 16 de febrero de 2008

Del libro "Infinitos dispersos" ( ediciones Alforja 2001)

Por Marcos García Caballero


El soporte material del poema
es la frente que lo acompaña en su carrera,
la palabra en fuga que deja en los ojos
la estela que lo cobija o lo desnuda;
frialdad de huesos rojos arrojados a la hoguera
o capucha sombría que respira
antes de develar su rostro de piedra.
Una ranura de su estanque de vértebras
se dobla para dejar salir una gota
después de la tormenta.
En efecto, hay una gotera,
las vértebras lanzan coletazos de iguana
contentas de suavizarse un poco
la antigüedad de su urticaria.
Las uñas del lobo paralizan el sonido
y el poema recorre su hilera de butacas
y sus naipes de cuellos verdes hacia la esquina,
al doliente sopor que pregona
en pancartas el temblor de cosas irrebatibles.
El poema no se percibe sin su estómago macizo,
necesita flechas para tronchar el cordón umbilical
que le bombea una cordillera por estos dedos.
¿Cómo arrojar al poema sin revolución
aunque con revolución nace el poema?
Quítame de encima esta tierra blanda,
quítame del fuego que no respira,
quítame tu infamia de cartógrafo sin mundo,
que brote de tu espalda una bala de mercurio
para saciar mi sed, pues lo que busco es una trinchera
para apoltronarme como una herida eterna,
pedalear con mi bicicleta los caminos de la niebla,
hacer de ti mi hamaca entre palmeras,
dormitar clandestinamente en tu fotografía,
llevar el curare a donde no hay cómo curar,
desafiar tus pantanos,
tus costras, tu costumbre,
tu eterno sueño de tigre que come tijeras
para moldear su sombra del engaño.
No hay espanto en esta noche de otoño triste,
no habrá invierno para felicitarse a secas,
no habrá cuchillos donde hay hachas
y no habrá hachas donde hay tormentas.
Sólo yo decidiré cual será mi escarcha,
mi cacique y mi fuego,
así que si me has oído retírate al olvido,
pues de allá es de donde vengo
y allá es donde seguiré volviendo,
como pipa junto al fuego
seré un volcán en tus recuerdos,
y como soy irrebatible me llevaré
tus ojos internos,
en ellos me refocilaré
metiéndoles búhos para aullar
lo que yo ya no puedo aullar,
pues es imposible morder sin perder
un trozo de oscuridad cuando la luz
marcha como un ejército en el rostro
que desea morir de nuevo con un solo respirar.

martes, 12 de febrero de 2008

EL PARTIDO

EL PARTIDO!! Joder éste poema es de cuando yo era poeta!!!

Por Marcos García Caballero

a Antonio Deltoro


Los labios de esta tarde
sonríen como en octubre
con esta humedad
y esta grisácea de la calle
cuando la ciudad
se encuentra recluída
frente a la irremediable
pantalla diminuta
en este domingo cualquiera
que voy por charcas tenues
silbando semidioses
enmedio de parapetos
y cabelleras de duendes
que ocupan este silencio vespertino.

¿Recuerdas cuando girabas
entre mis brazos como una pluma?
Tu pelo ondulaba como el canto
de las armónicas
y la felicidad
y el aterrizar en los cines
y creímos que así sería
por mucho tiempo,
enmedio de estos edificios
deslavados en mis ojos.

Ahora que paso
junto a unas tristonas
bolsas con ratas de basura
y un brujo me ofrece
pepitas baratas
y galletas sin suerte;
las prostitutas fuman
bajo el puente.
El tiempo
que no pasa en este divagar
de los solitarios que como yo
escuchan el lejano bramido del tren
y su penacho de humo
pasando Politécnico
y más allá de Vallejo.

Los pájaros
se aquietan en las ramas
las hormigas dan vueltas
o perecen bajo
lúgubres manglares de cinismo.
Un alarido de miedo
en la cocina del restaurante vacío,
mientras bongós mágicos suenan
y allá arriba
los dioses aztecas deleitan
salivas de injurias
por la afición
que hoy no saldrá
de los labios de la tarde
a correr y bailar
para celebrar sobre Reforma.

1997

jueves, 24 de enero de 2008

A alguien que anda por ahí...

A veces se enciende,
a veces se apaga,
la llama sagrada,
que tú y yo conocemos.

El último de la fila


Alguna vez intenté formar parte del mundo,
crearme un reinado en las nubes
y maravillar a cualquiera;
pero es cierto que sólo poseo una sombra
y un cantar en los bolsillos.
Muchas veces me acuerdo de ti,
y no hago más que decir palabras
y mirar hacia el cielo
esperando que la tarde dé su estocada final.
Escucha: “Hay un sol pálido esta mañana
bajo el cual todos los hombres parecen de nieve.”
Y es que siempre se trata de dos,
de océanos agitándose entre uno y otro,
de ansias discretas intentando cobijarse,
de pactos secretos para acallar a las fieras.
¡Sí!, ya sé que no estás y procuro distraerme
jugando con tu nombre,
creando las heridas que alguna vez nos daremos,
como esos presentes que se hacen los reinos,
como esas miradas que suelen robar dolor…
Por eso: “No te pido que vengas, aunque sé que vendrías.
Te pido que seas.” He aquí mi consuelo.

PD Gracias Tario.

jueves, 10 de enero de 2008

Soñé que tus labios eran de pan

Soñé que tus labios eran de pan
y en un gesto hedonista
los tomé ligeros
y los remojé en la leche.

En el sueño estaban tú,
el silencio,
y mi muerte.
los tres tomaban vino
en copas largas hechas de barro.
pero mi taza era de cristal
y tus labios se asomaban
tristes
por sobre todo tu rostro,
esa máscara de porcelana,
pintada a mano
por la mano de un artista
diseñador de lo intangible,
cruel mago malhechor
amigo imposible de mi cordura।

***

Habitar en los ojos del mundo
Como una puerta que se abre
Y las palabras adquieren presencia.

Habitar a un costado,
Ser fieles al silencio
Y al mar que se agita en el pecho.

Habitar como un simulacro,
Una puesta en escena
En las inmediaciones del ser.

Habitar el lado más incómodo,
Ser de aquellos
Que marchan por oficio
Llevando a cuestas un ligero atavío.

Habitar invocando
Con el corazón desierto
Y el ansia de quien vive
Anhelando la noche.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Señorita del puerto***

¿cómo será posible que nada te conmueva
que no haya lluvia que te estruje ni sol que rinda tu fatiga?
[...] Si desde entonces busco tu imagen que era solamente mía
[...]Lloro porque eres tú para mi duelo
y ya te pertenezco en el pasado.
SALVADOR NOVO, Poesía.

Lo escribí para ti, señorita A,
antes de conocerte y después
de que me olvidaras.
Despierto para no ser visto.
Nauseabundo.
Viajero trashumante de la vida
que se aferra al puerto lejano, rutilante.
Desolado.
Marino sin deriva y sin alisios.
Derrotero derrotado.
Despierto para no ser visto
una mañana gris con día soleado.
Un cielo huero, un corazón sin nubes.
De todos modos hay garúa en el rostro.
Dejad que pase el aire de las sienes
como anduvo Don Quijote.
Y respirad el aire aun en las postrimerías
del lecho.
¡Y cuando la vida se interrogue
sobre su existencia,
contestad con sorna e ironías!
--o--
La flor no hiede; perfuma.
El día no abrasa, la noche cobija.
Tus manos hospitalarias hacen gala de provincia
y tu mirada húmeda, tu sonrisa diáfana,
azimut son del horizonte
(faro de puerto).
Guía polar de madrugadas
con vigilias, ojos serenos,
bombillas eléctricas y silencio categórico.
El diafragma
magnetiza al
segundero.
El cucú se fue de viaje en el crucero
último que se hizo al mar.
Las olas ya no llegan, el viento se fue.
(Una última ráfaga traía de lastre
olores rancios de cocina.)
Son las cuatro a. m. en dos puntitos
y tres cifras.
Ese rostro femenino se transforma en uno nuevo
y yo me asomo a la ventana
y veo ladrillos,
y un gato que cruza me ve a mí.
Tú observas que te busco y no
te hallo.
(Nunca se me ocurrió mirar al cielo.)
El puño obstinado
te sigue reteniendo,
arena húmeda.
Mas el tiempo —también obstinado—
marcha inexorable
sobre el corazón endeble:
columnas colmadas de pasado;
frontón colado de presente.
Infranqueable ahora es el Atlántico;
la madera ya no flota,
la fisión es permanente.
Todas las calles del puerto
tienen sólo el nombre tuyo.
Evocas dulce la mirada acuosa
del ayer que sonreímos,
del antier en que lloramos.
Ruptura cataclísmica del cosmos
y
razón sola de la dicha.
Pero también las calles son desierto:
ruinas donde otrora el niño
jugaba con su madre y en las noches
espantado le gritaba.
Casas viejas por el tiempo estranguladas.
Polvo en los caminos, camas,
en las ventanas y pórticos.
Esa planta amarilla y quebradiza,
adornando aquel rincón,
signo es de tus antiguas devociones,
ya marchitas todas,
como el nombre de las calles
que ya ninguna voz pronuncia.
Quietud se ha vuelto norma
en la ciudad piedra del silencio.
Mis pasos son tan leves
que el eco se mudó a otro pueblo.
Y sólo queda silencio y pasado
y polvo y un faro roto.
Soy cautivo tuyo en este puerto.
Prisionero de la espera de ese barco inexistente
en el que nunca habré de ir.
De quimeras a la orilla me conformo;
de ilusiones te repito, te recalco, te elaboro;
y parece entonces que en la rada surge vida.
En el respiro de un segundo
se van las flores, las risas y los niños,
los barcos, las gaviotas, los olores.
Te vas tú.
Ya te fuiste, a otros mares,
otros cielos.
Te llevaste la vida del puerto
a otro puerto,
tu azul incandescente,
mi mirada de lascivia,
y la alegría —que era mutua. Y la vida.
--o--
Te siento desde lejos
y tu voz sureña no me alcanza
ni me deja:
se queda prisionera entre dos tiempos
y el anhelo de un abrazo.
En decúbito supino
trazo tu silueta encima,
rellena de aires marinos,
el recuerdo de tus ojos
y un poco de mí.
La noche se puebla de fantasmas
con cadenas que me atan al pasado.
Con sudario me descubro en tu lecho
y adivino del sueño la sonrisa
donde no estoy.
Rompo la mortaja
y con el dorso de la mano
retiro la guedeja de tu frente.
Por la ventana el sol se cuela
y nos sorprende en el abrazo
de algunos años antes.
La tibieza de tus muslos
recorre mi mano hasta tus nalgas.
Con un beso como llave abro tus ojos.
Tu sonrisa me ilumina;
y te ciño a mi cuerpo.
Te desvistes con mis manos
y te besas con mi boca.
Desde tu sexo te poseo
y a la vez vindícame tu esclavo.
Nos perdemos prófugos en las miradas;
nos hermanamos en el pacto de la sístole;
nos insuflamos, frenéticos,
el aliento de vida y agonía
concupiscente.
Un terremoto cimbra
las catedrales de tus senos,y el epicentro en el plexo solar
nos recorre eléctricamente
en estallido de tromba,
zozobra de navío en la mar picada,
timón libre ¡al fin!, al destino del azar.
Al final tus piernas como rada:
puerto tranquilo y sereno,
aguas mansas, amores pacientes
reencontrados sobre tierra firme.
Te vistes: siempre coqueta,
siempre para mí;
y te vas a la cocina a preparar el desayuno.
Se escucha el quiebre del tiempo
al doblar de alguna hora.
El sol que me cubre me hiela:
me protejo con una sábana-sudario
que comienza a asfixiarme.
La bruma se torna en fantasmas
de humo que adormecen la mañana.
Tu lecho se vuelve arena húmeda
de playas sin olas, de puerto sin barcos,
de océanos sin viento, de casas sin sexo de mujer.
La arena comienza a devorarme
los talones: ataúd de talla milimétrica.
De los pies a la nuca, como un recuerdo tuyo,
un escalofrío.
La tumba me devora en el olvido de tu olvido:
la inexistencia se presenta en mi destino:
trato de alejarme con todas mis fuerzas:
es inútil escapar al vacío:
el suelo se traga mi pecho,
única esencia del puerto que aún palpita
nutrida del recuerdo tuyo.
Hago de tu imagen estandarte: salvavidas:
mantienes mi cabeza a flote,
libre de la hambrienta arena.
La Cruz del Sur, estática, me indica el camino.
La distancia no disminuye un ápice.
Esperanza ya es sinónimo de espera eterna,
aguardar aferrado de tu imagen
con los dientes; te llenas de presente
y cobras peso y yo me hundo
en el beso de arena que es pantano.
¡Un despertar entonces! En el barrio
del sur de aquella ciudad de México
que florecía sus parques los domingos
que paseabas tomada de mi mano
amante y dueña del rincón hedónico
escondido víspera tras víspera
en nuestra buhardilla de Coyoacán.
Mujer de lunar plata solar,
efigie de belleza transmutada,
alquimia de los hombres hecha verso,
gozo de estrellas y cuerpo celeste,
fácil de labios, abrazo de santa,
paso con garbo, frente tornasol,
cintura de un oasis adornada,
elíxir de ámbar que se mana a dúo,
canción compuesta en el día de tu espalda.
Candente y austral. Ojos constelados.
Ojos que al abrir se cambian de rostro,
voz y cuerpo; mas de esencia de estrella.
Tus besos que se escapan los retengo
en este gatuperio oropelado.
La promesa del tiempo iza las velas.
Por la noche la nave sigue anclada
y los vapores del pasado nacen:
Con sus cadenas me llevan a rastras
por las calles en que otrora te amé
y tú me amabas.
Es por la tarde
de un día cualquiera frente a la ventana.
El mantel azul te cubría las piernas
y leías algo que ya no me importa.
También en mis manos había unas páginas:
sólo un pretexto para contemplarte.
En sociales una foto tuya,
eras tú con otro rostro, otro cuerpo.
El fulgor de tu mirada te revela.
Me doy cuenta que tu nombre es siempre el mismo.
Me deshago como el viento y nos rehacemos
juntos torbellino, amor ciclónico,
ansiedad de labios que se buscan
ciegos, como imanes de Melquíades,
como entuertos al hidalgo manchego,
luz a los ojos, sonido al silencio,
agua a la fuente, a tus ojos mis ojos,
espejo a la imagen, mar a la playa.
Contenido al continente
que se llena de miradas
y de voces que son ecos,
fantasmas de la noche y del océano,
silencio de cadenas que se arrastran.
En el brillo de tus ojos
las estrellas deletrean
las facciones de las calles
y los nombres de tus rostros.
A veces 1519
me recuerda que también son tus nombres
península y provincia, y bahía
de luces fluorescentes mar adentro,
aun neones de ciudad de noche,
pero siempre tu espalda constelada
de olas y besos con sabor a sal.
Tú te tornas y me miras,
yo te abrazo con un beso
y en mis manos te transformas
en estrellas, todas mías,
y por mí siempre seguidas
como guías irrefutables
en los amores y mares,
en las batallas y heridas
y también en defunciones
que no llegan y en la espera
son más muerte que la muerte,
más noche que una mirada
tuya de cuencas vacías:
vida en un puerto de nombre olvidado
donde el silencio es el dolor más grande;
entonces yo lo ahogo a gritos
desgarrados y encarnados,
suplicantes gritos que tienen
la maldita virtud
de erigirse en el nuevo silencio;
y es entonces que el silencio
me ahoga a mí:
asfixia lenta, serena;
sinónima muerte del naufragio
en qué morí la vez pasada
e igualmente en el futuro.
Morirse de una muerte muerta,
moribunda,
ausente, asesinada, desangrada y seca.
Morirse de no verte y de saberte lejos.
Morirse e irse reptando a la chingada falacia
de chaquetas mentales donde sí apareces.
¿Por qué no estás aquí, ¡carajo!,
conmigo, a mi lado, ceñida a mí?
¿Por qué no estás tú o la otra,
ésta o aquélla?
Me faltas tú: la primera;
la última y la de en medio;
la de antes y la que le sigue.
Todas con rostro de estrella:
constelación que traza tu rostro:
origen develado en tu sonrisa.
En la mar sigo tus ojos
y tu rostro como norte.
Una nube se interpone;
yerro el rumbo varias horas
y la nave que hace agua
en la convicción más dura del madero.
Se acaba la tormenta y miro al cielo
y veo a la luna
y un ave que cruza me ve a mí.
(No se me ocurrió mirar al viento.)
--o--
Varado en altamar doy de beber
al agua mi sangre,
ésa que antes provocó latidos en tu pecho,
ésa que dilató tus pupilas,
mojó tus labios,
incendió tus imaginaciones.
Sangre carnada de escualos,
grito al vacío, al pasado,
lágrimas que no salen
de los ojos secos;
recuerdos transparentes de los vidrios que se rompen:
astillas que me abren la garganta y no me matan:
asfixia dilatada días, semanas, meses;
descanso en una silla de madera
antes de que enciendan la corriente.
Eres un morir de sed en altamar,
vuelo de gaviotas funerarias,
aletas grises rodeando mi navío.
Eres toda indiferencia
a las tempestades que veo en el horizonte.
Eres un espejo del vacío,
desdén de marinero al náufrago
errabundo,
soledad que se sabe,
desengaño incontenible.
Visión de tierra firme provocada por el hambre.
Eres un fantasma y tierra de fantasmas.
Etérea, irreal, imaginada.
Fantasía cubierta por el tiempo.
Eres viaje al extranjero,
a la playa, a tu cuerpo.
Eres viaje que no llega
y la promesa que se rompe al plazo.
También eres limón inalcanzable
y temor al escorbuto.
Eres todo esto y todo lo otro.
¡Y qué chingados importa
si eres alguien, si no me conoces!
¿O qué chingados importa
si me has conocido?
Tampoco importan mis palabras sin eco
en este pueblo olvidado de ti.
Tampoco importa la tormenta a lo lejos,
mercenaria de tu olvido.
En realidad lo que no importa es esta voz
que se pierde en el silencio.
Una voz que se pierde como niña de 3 años
en el centro comercial.
Una voz que te busca, tímida,
entre rodillas de extraños.
Una voz que se espanta y enmudece
con las bocinas de descuentos.
Y una voz que se esconde a llorar,
entre un mueble de ropa,
hasta las once de la noche.
Cuando llega la tromba
ni siquiera se escucha:
sus agujas en mi rostro
y la arena que me come:
ESTERTORES SE APROXIMAN
(y tú que no apareces).
(¿Alguna vez ya has aparecido?,
¿o son sólo quimeras?)
--o--
Estrella, constelación mía,
tú eres como las olas que siempre llegan
y al llegar se despiden.
Eres rutilante, querida estrella,
y en las noches de tus pausas
no sólo detienes tu brillo.
Desde la playa,
hundido hasta el cuello,
te escucho con mis poros.
Tus brazos soleados me cubren
como manto del trópico,
manto efímero que se rasga
cada vez que me besas,
que me miras y me dices:
“Ésta soy yo”.
Y cada vez que me dejas.
En pleamar nunca dejas de abrazarme,
de quererme, de besarme.
El problema son las noches,
eternas e incontables.
También lo es mi tumba en esta playa,
en este puerto,
en esta ciudad olvidada del sol.
Las soledades se contienen en la prórroga
de tu llegada que es siempre la próxima,
la que viene, la que le sigue:
cada vez que llegas eres
embajada de ti misma,
mujer fantasma que no cesa
de estar no siendo,
eres en cinco minutos,
la semana que entra y el año que viene,el recuerdo de una sonrisa antes de reír.
Apareces siempre con la marca celeste
tatuada en tu cuerpo.
Tu vientre es siempre el mismo
y mis sienes, recostadas en tus faldas,
nunca sueñan otras cosas.
Embonamos perfecta, deliciosamente.
Somos engranajes invisibles, cósmicos:
la luna y el océano;
la Lira y la Vega;
somos Ápex mutuo:
hápax constelado.
Pero también paráfrasis poética
del gran ciclón y el triste faro.
Del faro yo te llamo por tu nombre:
Libra, Aries, Sagitario, Casiopea;
entonces vienes a la parte más alta:
allí nos machihembramos en el pacto
de la sístole
hasta el fulminante infarto
en que yo cierro los ojos, completo;
y tú te abrasas y resurges,
fénix nuevo,
en el mismo tatuaje de otro cuerpo.
Al despertar reconozco tu marca,
tu sonrisa, tu mirada,
tu sexo y tu espalda,
tus manos hospitalarias;
y a pesar de todo ya eres la siguiente.
Yo me aferro a ti en el lecho,
te encadeno con mis brazos
y te amarro con mis piernas.
De nuevo soy un náufrago
con su madera perdido en alta mar.
La vida que se escapa por mis manos
se queda entre mis dedos, en las uñas
que se clavan al madero
rechazando la eufonía
de las sirenas del fondo.
Desde el viejo faro roto
fijo la mirada al puerto:
la fragata sigue anclada
y su mesana desnuda.
La memoria que la cubre
envejece a cada instante,
sólo se mantiene a flote
esperando tu retorno.
El arrecife suave la seduce:
la tienta con sus dedos y caricias,
le ofrece un sitio en su lecho salado:
el merecido descanso
para la espera perenne.
Pero la nave no acepta,
tímido remedo de su peor época
prefiere la espera estoica.
Y yo también la miro desde el puerto
y veo sus anhelos,
miro el día de su primer viaje:
los listones nuevos colgando de la borda,
el paquebote cargando el equipaje,
los pañuelos listos en la faltriquera
a punto de decir adiós,
los pasajes en papel amate.
De ese día no queda ni el recuerdo,
con tu parpadeo asolaste el puerto,
llegó la diáspora de la alegría,
de las risas infantiles, los bailes
y las fiestas, el amor
que paciente esperó en tierra,
lo abrazos, los besos,
tus delicias.
Después tus ojos se posaron en otro puerto.
Los míos en el inmenso desierto se perdieron.
Soy un hombre sentado en unas tablas
donde otrora anclaron navíos.
El horizonte se clava en mis ojos
pretendiendo de tu cara un atisbo:
las estrellas te recrean
en el reflejo del agua.
Cuando las ondas dispersan tu imagen
dejo de ver, me recuesto.
Entonces apareces holgándome.
Las lágrimas no salen,
tu recuerdo me impide abrir los ojos.
A ti me aferro en abrazo
y con los dedos digito,
una por una, las notas
del pentagrama en tu espalda.
En un beso descubro lo etéreo
de tu cuerpo y me niego a despertar.
El dique de mi rostro se revienta
y mi pecho se vuelve un estertor.
Ahora tú me miras desde el cielo y te condueles.
Disipas la distancia entre nosotros:
tu vestido de vapores
y tus brazos extendidos
buscan ansiosos los míos.
Abro los ojos y el mismo desierto.
El último espejo se quebró en alguna casa,
la planta quebradiza se hizo polvo,
se agrietan las banquetas y los muros
y en puntillas el mar
pasea en el malecón.
Siento frío en mis pies desnudos.
Sólo soy un remedo de hombre
recostado sobre el puerto,
trazando líneas de una estrella a la otra,
recreando vidas de un amor al otro,
pero siempre al mismo.
Al fondo, como telón de la gran ópera,
una trágica nube.
Una última súplica
y ahí estoy yo,
hincado ante tu imagen verdadera
con la última palabra entre mis labios.
También allí estás tú, señorita A,
con tu faldita azul,
tu mirada siempre diáfana
y tu pose de sociales;
con tus dos valijas grandes
rellenas de tangas,
con mis libros y recuerdos
y los versos que te dije.
Siempre te vas tú y me quedo yo.
Cierras la puerta.
Yo siempre me quedo.
Te vas tú.
Ya te fuiste, a otros mares,
otros cielos.
Te llevaste la vida del puerto
a otro puerto,
tu azul incandescente,
mi mirada de lascivia,
y el amor —nuestro amor. Y mi vida.

Francisco Puente.
Balcones del Valle a 08 del 2007
***Esta versión aún no es la definitva, pero se aproxima. Cuando tenga lista la definitiva la podré también aquí.
PD: Esta publicación, aunque en el texto esté dedicada a la srita. A, por ahora y en especial se la dedico a la srita. L (sólo en lo que las musas llegan a dictarme su poema).

Después de tantos años (hoy es 9/03/16) regreso y al buscar este texto para que lo lea Annie Moon, amiga de FB, encontré otra página con algunos poemas que eran parte del poemario que Señorita del puerto cerraba, según yo, con voz atronadora. Aquí el enlace: http://www.poetasdelmundo.com/detalle-poetas.php?id=4387 

lunes, 17 de diciembre de 2007

Mi alma

Mi alma

Caprichosas formas siguen los ríos de sangre
Que salen de mi cuerpo muerto
¿Me acompañaras en el final?
¿En el último respiro guiaras mi alma?
Donde estará, no regresa
Yo te grito y no respondes
Despréndete de mi cuerpo vuelve a tu lugar,
Mis gritos en la noche
No atraerán más que moscas,
Mi sangre en el espejo
Por los golpes que logran la quietud,
Te necesito fuera del cuerpo que te guarda
La bañera derrama agua
Apestosa agua roja,
Siempre te estuve buscando
Siempre el mundo me rechazaba
Hasta que encontro lugar mi alma;
Solo sigue el aroma de la sangre
Una navaja y agua caliente
Ningún motivo aparente
Y a nadie le interesara uno,
Pero no siento ningún cambio
Aun esta lucida mi cara
Aunque por demás blanquizca,
Nunca quise fallar
Pero siempre lo conseguía,
Litros y litros de sangre
Se mezclaran con las lágrimas
Pero sigo lucido y sigo hueco
Ella mi consuelo y ella se niega
Ella me llamaba pero ella no me escucha
Ella es la única que me la puede regresar
Y más litros caen en el piso
Odio el respirar el sentir vacìo
Caminar como un muerto
Sin ser notado por nadie
Sin alegrías sin tristezas
Una vida dedicada a la felicidad
De aquella presencia
Un cuello sin aire y mi conciencia fresca
Mi alma no deja mi cuerpo
¿Porque no se despegan
Mi alma de este cuerpo?
Me siento vacìo y frìo
Talvez era cierto lo que me decías
Tú nunca fuiste mía
Y yo nunca te entregue mi alma
Adiós mi amor descasa tranquila

martes, 27 de noviembre de 2007

Esta suerte pasajera

Esta suerte pasajera
Y su parábola muda que cruza como ave,
Como aeroplano
O palabra extranjera.

Cuando no quiero hablar de los meollos
Soy cínico.

Escupo cascarones huecos.

Este andar de voces onomatopéyicas,
De frases cacofónicas
Y sustantivos que se golpean los unos contra los otros.

Mirar hacia el sur
Es como asomarse por debajo de una falda
Y encontrar los calzones equivocados
En una tierra que no le pertenece a nadie.

Mirar hacia el norte
Es encontrarse en el pecho de un toro que pasta
Come flores y caracoles
Y lo devuelve todo a la tierra.

Esta suerte pasajera
Descarada vagabunda que le enseña las tetas a cualquiera,
Pretende ser gloriosa
Y no es nada más que un dechado de mentiras que alguien inventó
Para sentirse poderoso,
Para empujar a algunos a llamarse desafortunados.

¿A dónde van las buenas noticias?

Parvadas de noticias,
Manifestaciones de noticias,
Rumores de noticias.

Un bálsamo
O una red para atrapar buenas fortunas
Y flores de azahar,
Un encantamiento
O un papalote al que vaya atado un mono blanco
que encuentre un telegrama,
Una carta
O una nota de florería
Allá en el aire gris
Por donde viajan todas la palabras
Que ni siquiera me voltean a mirar.

Ese andar de voces que anidan en el pelo de las jacarandas,
En el rellano de las torres de la catedral,
Y sus patitas
Como de mariposas
Se resbalan en la superficie de los vidrios de mi casa
Y caen
Resignadas
Porque ya de nada les sirve volar.

Esta suerte melindrosa,
Infantil e interesada,
Me debe muchos nombres
Pues a ninguno de mis hijos lo he podido bautizar.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Tiempo

Mis pasos
copos de nieve.
El sol
se lleva mi rastro.

Cuando desaparezca
¿llegará la primavera eterna?

martes, 13 de noviembre de 2007

con amor para mis asaltantes

Deseo que disfruten miel
Disfruten miel de mi sangre
De un cierre de ojos,
Tatúen su felicidad en marco de oro
Cuando se olvida se buscas recuerdos
Recuerdos olvidados por las penas
Por recordar que de cristal eres hecho
Cuando te crees de meta,l
Vamos niños jueguen con pistolas
Créanse grandes basuras humanas
Ladren y aúllen a la luna
Dígale sus mil travesuras,
Un gran lobo unos grandes bandidos
Algún dia no tendrá la sombra
Se les perderá el bosque
Se caerán sus garras y sus colmillos
Les quemara el sol hasta morir,
Cuando estén solos llegare por la espalda
Les morderé el cuello,
Descuida nada material me interesa
Solo les mostrare la mortalidad,
Escuchando los sonidos de un gemido
Que sientas la noche de un cordero solo,
Que sientas que tienes corazón
Y que por las venas puede fluir adrenalina
Y que maldigas al mundo
Y a los seres como tu,
Gritando piedad a la luna
Ya que sordo ya soy
Romperé sus patas y sus caderas
Para que no escape el animal,
Nuevo pelaje morado
Con tintes rojos de tus entrañas,
¿Ahora quien se siente feliz?
Ahora quien alardea con la luna
No hay sombra te quemara el sol
Niño que juega al malo de películas
Niño que se cree un cazador,
Por ahora disfruten de sus garras
Sigan usando esos largos colmillos
pronto la vida por sus almas llegara
Un lobo menos en el mundo
Un niño menos sin jugar
Alguien lo notaria?
¿Alguien le importaría tu ausencia?
Disfruten jueguen pronto nos veremos
con amor para mis asaltantes

Acá en el pedestal del barrio...

Acá en el pedestal del barrio,
la camisa de acero
y los sentimientos tatuados,
nada más abstracto que beber, ha…
podré ser mentiroso, o tajante pero no cobarde, ¡Ha beber!
A sacar el lustroso resentimiento como una patada y un gol,
otros poemas más, haciendo metafísica
aunque la inutilidad inmortal de la poesía
no es culpable de este mundo; ni yo (ni ninguno de mis cuates) quieren salvarlo,
quisiera aplastarlo durmiendo,
como en una ensoñación de Gastón Bachelard.
Dibujar una portería o las piernas de la última y más vendida de las playmates,
para acaparar a mi propia gente,
para echarles un flamazo en la conciencia a los del gobierno,
a todo el que no encuentra gracia en sí mismo,
y salvar con el penúltimo poema del día
a ese prodigio llamado la Maldita vecindad.


Marcos García Caballero